Si tuviera que resumir, diria que lo mejor de Ampana fue la puesta de sol y, como no, el warung donde logramos cenar algo. Toda la carretera principal olia a carne y el humo se cruzaba por nuestros caminos. El pollo barbacoa estaba exquisito, la sopa, sabrosa y nutritiva, los zumos, sublimes y hasta el arroz blanco nos supo a gloria. Tal vez fueran las ganas, el humor o el agujero del estomago pero nos hizo levitar. El puestecillo estaba decorado con miles de lagartijas, que correteaban a su antojo por todo el local. Hacia un calor espantoso pero todo valio la pena por saborear los manjares. Y luego, las risas que nos dimos con la pobre camarera, que hacia grandes esfuerzos por hacerse entender en ingles. Intentamos averiguar como se decia "cuenta" en indonesio pero llegamos a la conclusion - tras varios roleplays bien escenificados por nuestra parte- de que tal cosa no existe. De hecho, tan solo se pregunta "Cuanto es" y, como mucho, lo apuntan para que no te hagas lios y sepas lo que tienes que pagar. Algo mas que hemos aprendido.
Cayo una lluvia espectacular. La noche fue un constante goteo, con relampagos y truenos de fondo. Estabamos cansados pero no acabamos de relajarnos. Entre la poca amabilidad del personal del Oasis, que andaban algo "sobrados" (una rarisima actitud en Indonesia) y el "stress" y la presion al que nos estaban sometiendo por la falta de reservas (por otra parte imposibles) nos dejo algo inquietos.
A las 7.30 despertabamos. Esperamos con paciencia el desayuno, que vino con una calma exasperante, de forma que se hacia la hora de coger el ferry. De pronto, se abrio otra puerta. Un capitan de barco andaba seduciendo a todo bicho viviente para llevarlos a una de las islas principales, a la localidad de Bomba, a un hotel llamado Poya Lisa (no vale reirse!!!!!). A pesar de lo atractivo de la oferta, nos estaban mareando tanto que entramos en una especie de "crisis". Mi conocida "pasion" por los barcos me hizo decantarme por el ferry publico. Veia aquella cascara de nuez que nos tenia que llevar y me inclinaba por algo un poco mas firme.
Finalmente, hicimos oidos sordos a TODAS las propuestas y seguimos con nuestro "no plan" original: tomariamos el barco publico, el general y bajariamos donde nos dictara el instinto.
Cruzamos el mercado a toda prisa. Eran las 9.45 y la salida estaba marcada para las 10. Al llegar al puerto, una mujer nos llamo desde una garita, a la que acudimos bajo la consigna de "informacion turistica". Ulfa, la senyora que coordinaba aquello, nos comento las distintas opciones y, como no, nos proporciono el billete. Era ya la hora pero nos dijo que no nos inquietaramos, que hasta que ella no diera la salida, el barco no se movia (que poderio de mujer, pardiez). Yo me puse a gestionar con ella mientras Miguel se hacia en el mercadillo con un flotador para Areia, que nos sirviera de "boya" para asegurarla haciendo snorkelling. Al final. con Ulfa como gran business woman, acabe comprando hasta el ferry de vuelta para Gorontalo. Asi matabamos varios pajaros de un tiro y nos ahorrabamos dolores de cabeza. Dada mi aprension nautica, rechace la oferta de dormir en camarote y me decante por una simple cubierta. Luego resulto ser la opcion decididamente mas acertada.
Por alla andaba tambien Wati, que me conto algo al respecto del alojamiento. Me estuvo contando algo sobre ella, que daba clases particulares en su casa, ensenyando a los ninyos modales y buena educacion, pero sobre todo, mostrandoles como sacar potencial a su creatividad y sus propios dones. Me parecio una mujer excepcional, que luchaba contra la nocion mas formal de educacion y trataba de inculcar ante todo, valores.
Eran las 10.15 y el barco habia dado varias senyales de ponerse en marcha. Subimos. La entrada, con la parte de abajo llena de autenticas jaulas y barrotes, era claustrofobica. Pase por alla todo lo rapido que pude. Subimos a cubierta. En la parte de arriba unas literas corridas albergaban a los indonesios que hacian la travesia. Eramos solo 6 occidentales. Los otros 3 tambien se hallaban dentro. Nosotros elegimos quedarnos a popa, en una esquina, con el viento en la cara y gozando del sol y del aire. Era un espacio reducido, pero lo suficiente para poder gozar del dia, de la vista y de nuestras conversaciones y juegos.
Areia daba de vez en cuando la vuelta al barco. Con cuidado de esquivar los cigarrillos y escupitajos que salian de las ventanillas, pasaba de puntillas y andaba de proa a popa, de popa a proa haciendo sus peculiares carreras. No se veia comida, ni apenas nadie bebiendo. Era el primer dia de Ramadan. Tratamos de respetarlo pero no pudimos evitar sacar algunas Oreo, la botella de agua y, a medio escondidas, ir echando mano. La travesia dura-en teoria- unas 4 horas. Al final eran las 10.25 cuando dejabamos puerto. En el camino, vemos miles de peces voladores, que hacen hasta carreras unos con otros. Es impresionante las distancias que recorren por el aire. Estabamos embobados.
Eran como las 15 horas cuando llegabamos a Wakai, la primera parada en las Togean. Apenas habiamos visto alguna barca privada (si vimos la que iban tanto Agnes como Tiziana, pero las dejamos atras en breve tiempo) Areia habia logrado dar alguna cabezada a costa de dejarme el trasero totalmente planchado y las piernas semidormidas. La llegada a puerto se celebra con miles de carros que esperan para bajar la carga preciada que viene de tierra firme. Nos quedamos cerca de 25 minutos y pasamos frente al famosisimo Kadidiri, la isla a la que todo el mundo quiere ir porque es lo mas "in" y donde estan los resorts mas preciados. No quedamos muy impresionados desde la distancia y nos alegramos muchisimo de haber dejado pasar esa opcion.
Mientras, en la cubierta de bajo, una mujer salia a trillar el arroz. Con la brisa parecia mas facil deshacerse de la cascara, asi que iba haciando la tarea por el camino. Tenia una habilidad excepcional.
Al cabo de una hora mas, cerca de las 16, llegabamos a Katupat. Habiamos decidido bajar alli. Esta a mitad de camino del archipielago de las Togean y nos parecio una opcion equanime con un par de alojamientos disponibles. Al bajar, se nos acercaron dos chicos. Uno nos ofrecio dormir en el Losmen de Katupat (basico y con casi todo compartido) pero pasar el dia en los Fadhila Cottages, una isla que hay apenas a 200 metros justo enfrente de la poblacion (casi se puede pasar nadando) y que tenia muy buena pinta, pero no habia alojamiento en una semana. Estaba todo comprometido.
El otro chaval, Alan, nos ofrecia compartir banyo en una cabanya, pero al menos en nuestra propia playa y sin necesidad de desplazamientos innecesarios. Nos parecio mejor opcion y nos fuimos con el a la isla de Bolilanga, a 5 minutos de travesia en barco desde el pueblito de Katupat. Nos ofrecia algo basico porque lo tenia todo lleno, pero nos parecio una maravilla.
A medida que nos acercabamos a Bolilanga nos dimos cuenta de que, una vez mas, esa mezcla de instinto y suerte habia dado resultado. Desde lejos pintaba bien pero desde cerca, se nos materializo el paraiso.
La isla (mas bien seria un islote por su tamanyo) seria una especie de 8. Una parte es una colina mas o menos pequenya, mientras en la otra se eleva otra mas grande. Ambas estan unidas por una franja de playa de unos 150 metros, arena blanca a ambos lados, rodeada de arrecife coralino y algo de manglar por la parte posterior, la que daba al comedor-sala comun. Apenas habia 8 bungalows. La mayoria de ellos nuevos y estupendos. Todos ellos ocupados.
Con algo de reparos nos mostro un par de opciones. Una era una habitacion en una cabanya algo vieja, con banyo compartido pero con electricidad. La otra, el bungalow al final de la playa, justo en el tramo que esta abierto a ambas orillas, donde mas sopla la brisa. No habia luz, ni siquiera se ofrecia de normal a nadie porque estaba casi listo para derribo. Una de las patas habia colapsado por la esquina del pozo ciego por lo que, de vez en cuando, venian olores que bautizamos carinyosamente como "eau de Bolilanga". El techo estaba al descubierto y tenia agujeros mas que perceptibles. Estaba dejado y enfermizo, pero a nosotros nos parecio el lugar mas idoneo para nuestra estancia. Tenia una gran ventaja respecto a todos los demas: gozaba de dos habitaciones. Apenas separadas por un murete de bambu pero permitia una intimidad muy deseada. Areia se emociono al pensar que tenia un cuarto para ella sola, ademas el que albergaba el banyo. Nosotros estabamos encantados y ademas el precio era menor que los demas. Finalmente nos cobraba 130.000 por cabeza, la mitad para Areia, con todas las comidas incluidas. Resumiendo: 30 euros al dia los tres, a pension completa y cuerpo de rey. Un derroche de dinero a expuertas!!!!
Nos montaron nuestro camastro (hay que verlo para creerlo y asi estamos aun de la espalda!!!) y nos pedimos una mosquitera. Solicitamos un colchon para Areia pero no hubo suerte con la red, asi que le cedimos la nuestra. Por suerte para todos (y ni ellos saben como nos salvaron la vida) habia una pareja de espanyoles en el bungalow mas cercano. En los dias siguientes tuvimos la gran suerte de poder compartir nuestro tiempo con ellos. Angel y Helena, un binomio estupendo sobre el que intentare contar algo, pero resumo su gran humanidad y sencillez. Nos encantaron y nos mostraron que eran grandes viajeros en todos los sentidos. Ellos nos ofrecieron una "mosquitera tienda" que llevaban consigo. El palacio perfecto para Areia. Metimos su colchon dentro y de esa forma estaba totalmente aislada de cualquier influencia externa. Colocamos la otra sobre nuestras cabezas y todos quedamos bien protegidos.
Lo menos preocupante era, en realidad, los mosquitos. El primer dia, al llegar, nos dimos cuenta de que llovian gusanitos. Nos los ibamos quitando de hombros y cuello. La escena no se repitio mas adelanta, asi que lo atribuimos a la lluvia (que por fin ceso a nuestra llegada) pero la mosquitera era para proteger mas bien contra todo tipo de bicho suelto que fuimos conociendo durante nuestra estancia, todos ellos inofensivos pero de los que pueden dar un buen susto en un momento dado.
La cena, que se servia a las 19 todos los dias, resulto un verdadero manjar. No dejaron de sorprendernos con la soberbia cocina. Los ingredientes eran los mismos: pescado fresco, arroz, verduras y algo de fruta, pero siempre con variedad y mucho gusto en las mezclas. Teniamos un hambre feroz asi que recibimos los manjares con grandes aspavientos, rematados con un te que fue el primero de unos cientos (estaban siempre disponibles). En la sala, comiamos todos juntos en un par de mesas. Con la isla rematadamente llena, nos juntabamos 22 personas. Al dia siguiente llegaria otras cuatro que acomodaron tambien de forma algo precaria pero los resultados fueron impresionantes y el equipo que se formo durante esos dias algo increible.
Realmente la cosa pintaba bien. O muy bien. Ademas de Areia habia otros tres ninyos; dos franceses (Jacint de 9 y Elli de 5) y un griego, con quien Areia estaba haciendo migas. Nikitas y ella comenzaron a jugar hasta que tuvimos que arrastra a ambos a la cama.
Eran las 22 cuando con nuestro quinque nos ibamos a la cama.
Nuestra primera noche en el paraiso. Areia leia sola en su cuarto. Nosotros, por fin, teniamos un momento propio...

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