





Tana Toraja. Literalmente, el pais de los "paletos", termino derivado de "toriaja" como les denominaban despectivamente a los habitantes de estas tierras.
Hoy en dia son una gente orgullosa, encantadora y que prodiga con la cabeza bien alta su cultura. Han sabido sobrevivir a los cientos de ataques, imposiciones e influencias foraneas. Todo un logro en estas circunstancias.
Antes politeistas, estan muy influenciados por el cristianismo. Creen que sus ancestros llegaron en barco del sur, ascendieron el rio Sa'dan y poblaron la zona del Enrekang antes de que otros grupos los desplazaran a las montanyas.
El bufalo es el animal fundamental en su cultura, son un simbolo de estatus social. Los ejemplares mas cotizados, los albinos, pueden costar hasta 8.000 dolares.
En sus casas, las tongkonanes, los cuernos de este animal se exhiben en el frente. A mayor numero de cuernos, mas riqueza se sobreentiende. Hoy hemos contado hasta 138 en una casa. La forma de sus hogares es muy peculiar, tienen elevados tejados que parecen representar los cuernos de un bufalo peor otros sugieren que mas bien representan la popa y la proa de un barco. Nosotros, despues de ver unos cientos, nos inclinamos por la primera version. Los paisajes parecen plagados de cientos de cornamentas que te miran por sus extranyos ojos ciegos. Toda una vista.
Hoy hemos decidido adentrarnos en este peculiar mundo. Ignorando las invitaciones de tour operadores para asistir a los ritos funerarios (que parecen ser el enganche de todos los turistas presentes), hemos cogido nuestra motito para irnos a perder por la zona.
A las 8.15 sonaba el despertador, aunque Miguel y yo ya despegabamos los ojos al amparo de los gallos, los gritos de Taisa buscando a su madre, los cerdos retozando y las toses de un motor que se desperezaba de buena manyana.
A Areia no ha habido forma de despegarla de la cama. Ni con palabras suaves. Ni con besos. Ni con caricias. Nada de nada. Le hemos dejado una nota junto a la cama mientras desayunabamos en la habitacion contigua. Ni se ha movido. Cuando he vuelto a buscarla (un par de tes y pancakes despues) seguia en la misma postura. Al final hemos optado por dividir. Miguel ha ido a buscar la moto y yo he tratado de arrancarla del calor nocturno con la promesa de un buen y adecuado desayuno para su gusto.
En nuestra incursion al mercado (finalmente ha aceptado vestirse) hemos comprado una caja con 12 paquetes de Oreos. Parece que asi los ojos se le han abierto.
Miguel ha aparecido con nuestra moteta rosa y 3 cascos, pero ha ido a comprar unos chubasqueros por si el agua insistia como en los ultimos dias. Ha tardado 20 minutos que se tornaban preocupantes, pero luego hemos sabido de su dificultad en hacerse entender entre decenas de feminas que reian ante sus gestos de lluvia incesante.
Los chubasqueros eran perfectos. Tenian hasta reflectantes.
De esta guisa (todavia con nuestra mangas y tirantes) hemos arrancado rumbo al norte. Primero sorteando el dia de mercado en las afueras de Rantepao y el trafico diario, luego zigzageando constantemente entre los miles de parches, agujeros y desprendimientos de la carretera. A una media de 20 kms por hora nos hemos desplazado con toda la tranquilidad del mundo, los tres en nuestro estupendo vehiculo, desde el que ibamos congeniando con los locales.
Areia hacia de embajadora, sonriendo en la parte de delante. Miguel conducia y reia, ofreciendo "Pagis" (abreviatura de buenos dias) por todas partes. Yo, como colofon, ponia las manos, saludando, extendiendolas para chocar con los chavales o disparando ocasionalmente alguna foto siempre con permiso expreso del sujeto. Formabamos el trio perfecto.
Primero hemos acudido al poblado de Palawa, donde hemos visto casas y graneros al estilo tongkonan y nos hemos cruzado con algunos coches de extranjeros en su tour guiado. De ahi hemos tomado rumbo a Batutumonga, una mayor poblacion donde su mayor atractivo es la vista, el paisaje y los valles plagados de arrozales. Cada escena era una fotografia mental. El cielo, con intensas y amenazadoras nubes, daba una luz muy especial que se reflejaba en el agua de los arrozales. Una vista apabullante, salpicada de hombres y mujeres cosechando, bufalos rebozandose en el barro, garzas bailando a las sombras de estos, mariposas gigantes sobrevolando, aguilas y halcones observando desde las alturas y las sempiternas casas amenazando constantemente con rasgar las nubes.
Desde aqui, nos hemos dirigido a Lokomata, ya con la niebla baja y la humedad latente. En este pequenyo poblado hemos encontrado decenas de cuevas excavadas en la roca, donde yacen los muertos, a los que ponen fuera del alcance para evitar saqueos de todas sus riquezas, que les acompanyan al "otro lado" para una mejor vida.
Los funerales son un rito fundamental en la cultura toraja. La gente de clase alta celebra dos: uno nada mas producirse el deceso y otro entre los meses de julio y agosto, cuando los familiares pueden venir de visita y entonces el "fiambre" reposa en la casa familiar (imagino que en algunos casos algo "ajado"), se le pide permiso para visitar la casa y para marchar. A estas ceremonias suelen acudir cientos de invitados, pueden durar varios dias (se les va recibiendo e invitando, por lo cual la cosa, entre cigarro y te, se puede alargar) y se realiza el sacrificio de cerdos, gallinas y, como no, bufalos (estos determinaran el "tamanyo" de la ceremonia). Hemos preferido evitar todo este senyuelo por varias razones, aunque en nuestro camino hemos visto subir varios camiones con una decena de bufalos, signo inconfundible de que en breve habra sangre corriendo.
Cacao a cientos, cafe y miles de frutas variadas, se entremezclan con las canyas de bambu, hojas de tamanyos imposible y flores multicolores. El verde impera, la selva se te come. La riqueza crece por doquier y los lugarenyos se afanyan constantemente en recoger cosechas. La naturaleza es dadivosa y no tienen miramientos a la hora de ofrecerse.
Al dar la media vuelta hemos variado la ruta, desviandonos por Bori, con una zona megalitica y unas zonas ceremoniales de gran tamanyo. La carretera de vuelta a Rantepao, mucho mas transitable que la primera, nos ha ofrecido bellisimas imagenes, gentes constantemente dispuestas que mudaban de semblante ante nuestros gestos de saludo. Los ninyos se sonrojaban, los adultos se sorprendian al observarnos. Normalmente los turistas van agazapados tras los cristales tintados de los coches privados y no es normal verlos pasar "a la indonesia" cabalgando en tropel sobre una moto.
Los indonesios son gente extremadamente amable pero hoy en el interior, la respuesta de todos ellos ha sido increible. Escuchabamos el jolgorio constante de los habitantes de los poblados, "hellos" venidos de lejos, ninyos corriendo a recibirnos y a saludarnos, las mujeres sonreian y ladeaban la cabeza con un toque de timidez, los ancianos bajaban el menton en gesto noble. Hasta el hombre aparentemente mas rudo y feroz cambia su imagen cuando muestra los dientes. Nadie te niega una sonrisa y todos la regalan sin miramientos.
Se nos han hecho casi las cinco de la tarde. Apenas habiamos sobrevivido con un par de tes, una coca y algunas galletas sobrantes del desayuno. Hemos decidido guardar el hambre y cenar a hora local, para adaptarnos ya a la marcha reinante.
Una vez llegados a Rantepao, hemos ido a reservar la moto para manyana de nuevo. Areia ha disfrutado muchisimo con el viajecito, haciendo de timonel, la primera de la fila y abriendo la comitiva. Ella era la primera que queria repetir la experiencia y, evidentemente, nosotros dos, hemos pensado que todavia habia mucho que ver y que era una forma perfecta.
Por otro lado, esta manyana hemos oido rumores de que la carretera que lleva al norte esta cortada. Al parecer las lluvias de estos dias la han dejado maltrecha y se especulaba con que estaba intransitable. Una pareja de Barcelona con la que hemos coincidido en el desayuno, tras dos semanas recorriendo Indonesia en tiempo record (llevaban como media docena de islas) han decidido darse media vuelta y volverse a casa incluso a falta de 4 semanas por delante. No podian viajar a la velocidad deseada y se han encontrado impotentes ante un pais que funciona despacio (no les recomiendo ciertos paises de Africa), por lo que, cansados y hartos, han optado por plegar y cambiar por la costa Blanca. Mejor yo no comento...
Ignoraremos los rumores y, si son ciertos, buscaremos alternativas posibles. Bien cruzaremos el lago con algun barco, caminaremos el trozo que falta o alquilaremos un burro que nos atraviese hasta algun punto. No nos preocupa. Tenemos todavia algunos dias por delante, pocas preocupaciones y mucha calma.
Nos hemos dado un homenaje en un restaurante local, donde hemos pedido un nasi goreng especial y unos mie goreng Jakarta, arroz y "fideos " respectivamente que Areia ha adorado al instante. Hasta las setas le han parecido carne. A pesar de la inmensidad de los platos (XXL) los hemos dejado impolutos, pues reinaba el hambre.
Hoy iremos pronto a dormir (lo que se deje la noche) y manyana queremos estar en marcha a las 8. Esperemos que la lluvia nos respete como hoy. De cualquier forma, llevamos nuestros imponentes chubasqueros contra la adversidad. Y, como siempre, un humor excelente!

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