Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Rumbo al pais Toraja


10 horas, 10!

No fue moco de pavo, aunque debo decir que si un autentico lujo de viaje, comparado con lo que estamos acostumbradas. Nuestro amigo Simon (el amabilisimo gerente de hotel) nos reservo tres billetes en el bus de las 13 de la companyia Litha & Co, que resulto ser el "AutoRes" (aunque creo que ahora es otra cosa...) de lujo de Sulawesi. Buses de unos 30 pasajeros con reposapies y un espacio para las piernas mayor que los de primera del avion. Una barbaridad, vamos!!! Eso si, cosa de agradecer en viajes de tal duracion. Lejos quedan atras las "chapas", "matatus" y "sept place" africanos donde el hacinamiento es la ley.

Puntualidad, para mas inri. A las 13 saliamos, con orden y concierto (y asientos numerados!!) hacia destino. Musica de fondo tranquila, bajita, silencio, sin gallinas ni animales, sin abalorios colgando, pasillos despejados, bultos en su sitio, mochilas en el maletero (parece obvio pero no siempre lo es) y sentido comun a la hora de conducir.

Areia y yo estabamos en los asientos 1 y 2. La primera fila al otro lado del conductor (a la izquierda, puesto que aqui conducen por la derecha) lo cual tiene una ventaja: se ve todo, y una gran desventaja: se ve todo!!!!! Se observa el paisaje, los gestos del conductor, la forma de congeniar con el "navigator" (el chofer es "driver" y el acompanyante recibe este apelativo y se sienta en madio), la gente que entra y sale, el privilegio de ver la lluvia caer sobre el gran cristal de frente sin obstaculos... y, por otro lado, se ve tambien el trafico, las motos, los ninyos cruzando, los camiones de frente, los buses que se cruzan, los "bemos" (minibuses) con sus super luces galacticas a punto de chocar contra nosotros... EN fin!!! TODO eso tambien se ve y con mas pasion en primera fila, lo que implica de vez en cuando apretar los dientes y las piernas, agarrarse a algun sitio (el primero que encuentras) y rezar la primera plegaria que te viene a la cabeza.

Por suerte nuestro conductor era relativamente prudente. Tan cauto tal vez como amante del pito. Posiblemente el unico indonesio con pasion por la bocina puesto que el resto son bastante discretos. La banda sonora pues, la componia nuestro conductor junto con el acompanyante de Miguel (justo detras mio) que llevaba un trino de pajaritos cada vez que le llegaba un sms. Y parecia popular, el muchacho, porque la primavera rondaba por la segunda fila...

El cielo se empezo a cubrir y, sobre las 15 horas empezo la lluvia, que no ceso en todo el viaje. No era pues de extranyar el verdor que cubria todo el paisaje, que discurria tambien por momentos junto al mar, que quedaba al oeste. Una densisima selva sobre cerros de mediana altura, vegetacion por doquier con unos cielos entre gris intenso y azul pardo. Los contrastes con el mar apenas existian pero la transicion con el verde resultaba magica.

Una parada para repostar, en la que la gente cargo con algunas viandas "tipicas de Makassar". Nosotros nos hicimos con dulces, papas y galletas varias.

Dos horas mas tarde, un receso para desalojar. Unas paredes que parecian ocultar unos lavabos pero, oh, sorpresa, tras los muros no habia mas que... suelo. Ni un triste agujero donde ocultar pruebas y, por supuesto, ni agua, ni papel, ni un poco de dignidad. Con la lluvia caida y las tres mozas que pasaron delante, el charco ya era considerable. Hicimos lo posible, arremangandonos los pantalones y esperando no salpicar. Lo importante era vaciar la vejiga.

La noche cayo. Las luces se apagaron tanto fuera como dentro. El bus permanecio discreto y dimos unos cuantos cabezazos. Areia habia aprovechado ya para dormir en morse y despertarse otros trocitos. Sobre las 19 horas el conductor anuncio una parada con todas sus letras para cenar.

Un chiringuito de carretera, con una decena de mesas donde los viajeros se fueron sentando. Nosotros hicimos lo mismo. A los pocos minutos, un ballet de camareras comenzo a danzar de mesa en mesa con cuencos inmensos de arroz, boles de sopa y platos con servilletas.

Todos estaban servidos menos nosotros. Las chicas pasaban por su lado y reian. No se atrevian a acercarse de la verguenza que les invadia. Una pasajera que chapurreaba ingles (todo un logro) nos pregunto si queriamos cenar. Se lo confirmamos y ella procedio a dar el mensaje. En un minuto teniamos el mismo menu. Nasi putih, pollo (ayam) y una estupenda sopa. Dimos cuenta de ello con voracidad. Areia se relamia sobre todo con el caldo. Disfrutamos ampliamente del menu estandar del "restoran" de comida rapida. En media hora estabamos comidos, descansados y con el trasero de vuelta en los asientos.

Miguel y yo todavia debatimos sobre el papel del "navigator". Parece ser que es un GPS local con tecnologia de siempre. Cuando el chofer se acercaba demasiado al borde de la carretera o aparecia un obstaculo visible, el mozo le chistaba (literalmente comenzaba con su "shhhhhhh shhhhs shhhhhh") y el conductor reaccionaba primero pitando con ganas y luego tratando de apartarse. No sabemos si era esa su labor o era tambien una especie de "lazarillo". Queremos pensar que es una ayuda mas para un largo viaje y colabora en mantener al tipo despierto y al tanto. De hecho, el hombre no solto el volante hasta entradas las 21, que el chaval joven le relevo por un rato, ya casi en la zona de "reparto" de los pasajeros. 8 horas casi sin parar.

Las ultimas dos horas, ya pasado largamente el ecuador de Parepare (a 173 kms de Rantepao) y entrando el Malake (capital de Tana Toraja) fue casi una rayuela donde ibamos saltando y dejando personas. Para anunciar la parada la gente daba palmas. Ni un grito, ni apelativos en voz alta. Algo simple y discreto. Nosotros habiamos anunciado ya que queriamos parar en Pias Popis, un hotel que nos habia llamado la atencion.

Eran las 23.15 cuando lograbamos descender. Enseguida Natan se nos unio en la busqueda y nos acompanyo para ver como estaba la cosa. Pias estaba lleno. El Pison, justo enfrente y con 30 habitaciones, estaba en el mismo estado. Los demas hoteles al menos a un km de distancia. Natan se ofrecio a sacar su furgoneta y llevarnos a buscar alojamiento. Todo un lujo a esas horas y aun lloviendo.

Rantepao bulle al parecer en actividad en estos dias. Ya nos lo dijo Simon y, oh, incredulos, no le hicimos caso. Habia llamado a 5 hoteles y todos estaban llenos. Comprobamos que era cierto y, tras un pequenyo tour que nos hizo Natan, llegamos a Rainbow, una casa de huespedes pequenya y discreta, con una amabilisima duenya que nos acogio y nos dio una habitacion con 3 camas. Era medianoche.

Natan nos abandono. No sin antes agradecerle enormemente su gesto. Nosotros caimos en nuestra cama, buscando el suenyo que todavia a estas horas nos elude. Un dia largo pero con un llevadero cansancio. El cuerpo cansado pero no roto.

Y, de nuevo, la lluvia.

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