Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

lunes, 9 de agosto de 2010

Agua arriba, agua abajo


A mitad del camino, con toda la lluvia sobre nuestras cabezas



Sulewana desde la distancia


Areia nadando entre los postes del jetty

Dolidi Ndano desde la casa


Los tres mosqueteros despues de la merienda-cena

El "jetty" de la Dolidi Ndano



Hoy las canciones infantiles se han trocado por risas femeninas. El templo cristiano de ayer se ha convertido en sala de seminarios sobre la malaria. Esta claro, frente a la habitacion tenemos la "sala multiusos" del hotel, que da servicio a cualquier cosa. Mujeres todas muy bien ataviadas, con su compuesta sonrisa, esperaban -libreta en mano- a la doctora jefa. Una ambulancia ha llegado y la sesion ha comenzado. Mientras tanto, nos hemos lanzado de pleno a desayunar y a abrir la pagina del dia. Tentena mostraba de nuevo algunos rayos de sol. Ideal para nuestra excursion cotidiana.

Tranquilamente hemos salido rozando el mediodia, hoy en direccion norte por la carretera a Poso. Queriamos ver la catarata de Sulewana, aunque Debbie ya nos habia advertido que estaban modificando la zona por la construccion de una presa. Era una apreciacion modesta sobre el destrozo que estan realizando por alla...

Si en Indonesia hubiera algun grupo ecologista tratando de preservar el medio ambiente, de seguro se habrian llevado las manos a la cabeza, se habrian encadenado a las excavadoras o habrian montado un pollo de tres al cuarto. En su lugar, un autentico paraje ecologico de primera esta siendo literalmente destrozado y reventado por la construccion de una central hidroelectrica. El camino hasta Sulewana es rapido y estupendo, con sus pueblitos y la vegetacion que caracteriza a la zona. Unos 12 kms (medido segun los indonesios) lo separan de Tentena.

La entrada esta bien marcada. El inicio es una calle empinada de un pueblo que desemboca en un inmenso puente por donde el rio pasa generoso y tranquilo. Despues, remonta el camino y las casas salpican la falda de la montanya con sus calmados y sonrientes habitantes. Cabalgando en nuestra motillo hemos ascendido por los senderos tratando de ubicar el ruido y de seguir la corriente. De pronto, nos hemos encontrado en un aerodromo, maltrecho y destrozado, pero obviamente para aterrizar alguna avioneta que debe llevar material para la gran presa. Ni rastro de seres vivientes mas que vacas pastando y miles de obstaculos pastosos y olorosos dejados sobre el agujereado asfalto. No se si como pista de aterrizaje hara las veces, pero es ideal para hacer los tests de conducir, pues los "conos" los tiene ya puestos...

Finalmente hemos preguntado en una casa y nos han orientado en el camino correcto. El ultimo tramo hemos descendido de la moto, pues los agujeros eran ya considerables para arriesgar nuestro vehiculo y nuestros traseros. Escuchabamos el sonido de fondo de la caida de agua asi que hemos seguido nuestro oido y ... nos hemos quedado alucinados frente a la vision que hemos tenido.

Un desnivel de unos 150/200 metros desde la parte mas alta, que comienza en un rio medio dormido y, poco a poco, se va convirtiendo en una cascada salvaje, de una fuerza descomunal y desmedida. El paraiso para hacer rafting salvaje o canoas de alto riesgo. Una barbaridad de agua con una potencia desmesurada. Mas abajo, se veia todavia el agua encanyonada. Nosotros estabamos realmente ubicados sobre una falsa colina de la tierra movida para construir la presa. El destrozo era notable y se podian ver los edificios ya avanzados para llevar a cabo la ingente obra. Una carretera de mucho mejor calado se veia al otro lado. Poderio, dinero e inversion se olian desde lejos. El paisaje o el valor ecologico de la zona totalmente sacrificados en pro de algo de energia electrica para la zona. Un mal... necesario? Posiblemente ellos te digan que prefieren tener luz a gozar de un pequenyo paraiso. Al fin y al cabo, viven en uno.

El cielo se estaba cerrando y las nubes se ubicaban directamente encima nuestro. De nuevo, nuestro optimismo, nos habia impulsado a dejar los chubasqueros en el cuarto. Las gotas caian pero no parecia nada serio.

De vuelta en la carretera principal, a 10 kms de Tentena, las gotas han empezado a pesar y a multiplicarse exponencialmente. De un chubasco nos hemos metido en un aguacero. No habia tejado, ni sombra a la que acogerse. Hemos decidido parar bajo unas hojas que parecian darnos algo de cobijo pero despues de unos minutos y al ver que aquello arreciaba, nos ha entrado la risa porque no nos cabia mas agua y nos hemos vuelto a subir en la moto, con toda la cortina sobre nuestras cabezas que, para mas inri, hoy no llevaban ni cascos (aqui dichas piezas sirven mas para calentar y, sobre todo, por si te cae una rama, una hoja o una fruta de un arbol porque los broches son mas bien inutiles y se van volando como cojas un poco de velocidad).

Total: estabamos totalmente calados. Eso si, muertos de risa y burlandonos de nuestra propia ingenuidad. A los 2 kilometros, todo estaba seco: carretera, viandantes y entorno. Pareciamos salidos directos de una nube, dejando rastro de gotas por alla por donde pasabamos. Nos miraban con extranyeza y pensando seguramente de donde habiamos salido, con nuestros tirantes chorreando y los dobleces de los pantalones haciendo las veces de estanque sin peces.

De esta guisa nos hemos vuelto al Victory a cambiarnos. Una ducha de agua caliente y ropa seca. Eso si, los chubasqueros se han venido con nosotros.

Eran casi las 3 de la tarde. Hemos emprendido ruta a la zona este del lago, subiendo por una carreterita solitaria, colgada junto a la inmensa superficie del Danau Poso, desde la que se puede observar en contraste con el verde del arroz y el gris oscuro de los cielos que nos seguian. Apenas 5 kilometros con unas pocas casas, algunas vacas, cientos de mariposas y una serpiente de mas de dos metros de largo cruzada en nuestro camino.

Hemos llegado a destino: Dolidi Ndano. Una pequenya playa en la que se situan unos preciosos bungalows y un restaurante colgado sobre un "jetty" (un pantalan o embarcadero), regentado por Son, pero perteneciente a una pareja de holandeses. Son nos ha recibido con una gran sonrisa y nos ha ofrecido la carta. Estabamos famelicos, asi que nos hemos pedido un par de platos de pollo, el "nasi goreng" tradicional (arroz frito) y Areia ha suspirado cuando ha oido la palabra "spaghetti", asi que una variante de bolognesa nos ha llegado a la mesa.

Nos hemos sentado directamente sobre el agua. Areia ha tardado unos 10 segundos en quedarse sin ropa y colocarse el banyador. Se ha lanzado al agua y se ha puesto a jugar con una ninya holandesa que estaba alojada en una de las casitas. Asi ha hecho tiempo y hambre para la comida que nos han traido. Mientras tanto, Miguel y yo sonyabamos con un proyecto similar para nuestro futuro no tan lejano.

Dolidi Ndano- tal como luego nos ha explicado Son- es el pequenyo "hijo" de una pareja de los Paises Bajos. Hace ya mucho que conocieron a Son y a el le han legado todo su trabajo. El se ha encargado de construir, de regentar y dirigir el negocio. Los holandeses han aportado su potencial, su economia y sus suenyos. Aparte de ser el lugar de recreo para estos varias veces al anyo, sirve para sustentar a Son y a su familia y con ello ayudan tambien a ninyos no solo huerfanos sino tambien de familias desfavorecidas. Los escolarizan, les dan sustento y alojamiento y les hacen seguimiento hasta que tienen trabajo. De esta forma tienen ahora 10 ninyos bajo su tutela y estan construyendo un edificio para convertirlo en su hogar definitivo.

El lugar es, simplemente, idilico. Nos ha enamorado. Mientras comiamos, observabamos los alrededores, respirabamos la paz y sonyabamos en voz alta.

La comida ha llegado, hemos devorado con avidez y rematado con un te caliente y con pastas!. La lluvia ha empezado a caer, primero timida pero la linea del horizonte se ha comenzado a borrar y Tentena desaparecia en la distancia. La tormenta no amainaba.

Hemos esperado un rato, pero tampoco sentiamos prisa y la calma nos embargaba. Reiamos y jugabamos. La lluvia nos rodeaba.

Un buen rato despues, cuando la noche empezaba a rondarnos, Son se nos ha acercado con dos paraguas. Ha sido una invitacion a buscar calor. Bajo techo, nos hemos puesto a conversar con el, mientras Areia descubria (oh, cielos, que horror) las "bondades" de la Wii con la ninya holandesa, hacia como que jugaba al tenis y lanzaba bolos. Estaba emocionada. Casi la hemos tenido que arrastrar y sacarla de los pelos.

Nos hemos colocado nuestros flamantes chubasqueros, abrochados diligentemente, cubriendo la mayor parte de nuestro cuerpo. La oscuridad reinaba sobre nuestras cabezas, acompanyando a la lluvia. Agazapados los tres en nuestros mutuos cuerpos, hemos partido de Dolidi Ndano camino a casa. Una vuelta tranquila, con alguna rama de bambu atravesada en la carretera, baches impredecibles y charcos de aguas calidas. De fondo, los invisibles bichos nocturnos que emiten sonidos taladrantes y zumbidos de ultratumba.

Sanos y salvos- y ligeramente mojados- hemos aterrizado en el Victory, con intencion de secarnos.

Es nuestra ultima noche en Tentena. Sin duda, la echaremos de menos. Seguimos camino al norte, sin saber muy bien que encontraremos en las cotizadas islas Togean, destino sonyado de los turistas.

Lo mejor: es epoca seca, normalmente no cae ni una gota durante estos meses. "El calentamiento global", nos ha dicho Son. En febrero (epoca de lluvias) vieron la puesta de sol todas las tardes en el lago. Todavia no hemos visto estrellas, ni un cielo azul. Pero la lluvia es calida, benefactora y nos inspira (cuanto menos, a reir)

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