Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

domingo, 8 de agosto de 2010

Carreteras tortuosas

Sabiamos que teniamos un largo dia por delante. Cuando en Indonesia te dicen unas horas de viaje, anyade siempre un 20% mas y te acercaras ya a la realidad. A ello le incluyes un par de horas para imprevistos y, voila, ya vas sabiendo mas o menos cuanto vas a tardar en llegar a los sitios.

A las 7 Nana estaba golpeando la puerta de nuestra habitacion. Le dijimos que nos tuviera preparado el desayuno para las 7.30 pero se perdio la mitad del mensaje y entendio que nos tenia que dar un toque a dichas horas para despertarnos. Acabamos de abrir los ojos, empacamos lo poco que nos quedaba y nos tomamos nuestros pancakes ya algo frios (efectivamente, los preparo para las 7) para despues arrancar a Areia de la cama y ponernos en marcha.

El bus llego puntual. A las 8.15 pasaba por la puerta del Rainbow (esto es lujo y lo demas son cuentos) y nos recogia, para luego hacer lo pertinente con otros tantos pasajeros, por lo que a las 9 todavia andabamos dando vueltas por Rantepao.

La carretera que salia hacia el este, hacia Palopo era una serie constante de sinuosas y sugerentes curvas, adentrada en medio de la selva, con grandes cortes a los lados y no apta para gente con problemas de vertigo. La lluvia habia hecho estragos esos dias y algunos tramos habian sido lavados o estaban inundados de piedras y corrimientos nada discretos. El conductor la conocia bien, aun asi habia momentos en los que el vacio quedaba bien a derecha, bien a izquierda, y te quitaba el hipo. El paisaje era precioso y valia la pena extasiarse tratando de olvidar tambien los entresijos de la carretera.

Dentro del bus, la cosa se torno mas tortuosa. No solo por los mareos, los vomitos (de ahi que hubiera bolsitas de plastico en todos los asientos) y los cada vez mas numerosos bultos, sino porque topamos con unos companyeros de viaje de los que a los aqui presentes cada vez mas se nos atragantan. Compartiamos nacionalidad y lengua, pero a Miguel y a mi se nos ponian los pelos de punta a raiz de sus comentarios. En ningun momento oimos cosas positivas sobre el camino, que parecia ser una tortura necesaria para llegar a su objetivo final: las paradisiacas Islas Togean. Todo lo que no fuera este enclave, era un mal preciso pero trataban de obviar cualquier punto intermedio. Es mas, lamentaban no tener un avion para llegar. Son ese tipo de viajeros que presumen de ser independientes y de ver el pais pero al final, van a poner cruces en su lista de "Must see places" (esos sitios "Imperdibles"), hacerse la foto y poco mas. Sin prestar mas atencion a como se vive, como se habla, como se come, como se siente... En fin!!! Por desgracia, es el 90% de la gente que nos hemos encontrado por lo que nos morderemos la lengua y seguiremos viajando de nuestra forma, siguiendo nuestros principios.

Las horas fueron pasando, hicimos varias paradas, lo cual era de agradecer. Al llegar a Palopo, el tramo hacia Pendolo parecio mejorar algo, pero la velocidad media no paso de 30 kms hora. Nos detuvimos a comer pero la opcion era poca: Basok. Mie de los instantaneos (fideos de los que pones agua y se convierten en sopa) con huevo duro, una especie de "tamales" de arroz prensado y salsas varias. Una de las parejas antes mencionadas nunca habia visto tal manjar y hasta se sorprendieron cuando vieron aparecer una sopa en lo que antes eran unos noodles secos. Aviso: Los venden hasta el El Corte Ingles.

Llegamos a Pendolo hacia las 18.30. Se hizo una parada para cenar pero no estabamos todavia con hambre, asi que nos conformamos con tomar algo para beber. Y unos chips de platano que habiamos adquirido antes. La oscuridad cayo y, de vuelta en el bus, el chofer nos regalo los ojos con unos videos de superhits indonesios. Yo estaba extasiada, disfrutando de la estetica de los clips, maravillada ante la creatividad de los locales (ejem!) y, sobre todo, tratando de descifrar las letras que quedaban en los subtitulos bajo, con la cadencia del karaoke.

En esas estaba yo cuando al parecer, las protestas de nuestros "congeneres" le impulsaron a apagarlo y yo me quede sin mi gran entretenimiento e investigacion filologica.

Areia, mientras, dormitaba en mi regazo. Paso el viaje tranquila, sin mas que mirar por la ventana, pegar alguna que otra vomitada (pobrecita mia, tiene un problema con las curvas) y apoyarse en mi hombro o mis rodillas. Miguel, para su desgracia, tuvo que lidiar con una senyora que habia comprado medio Sulawesi y se empenyaba en llevarlo entre las piernas. Encogido como estaba, tuvo que dar cobijo tambien al "colocador de equipajes" que se alojaba por las ultimas filas y se acomodo entre los sacos de arroz y el hombro de mi chico. Estaba bien rodeado, hecho un siete y tratando de alcanzar mis dominios con su pie en busca de consuelo.

Llegamos a Tentena a las 21.30, casi 14 horas despues. No se hizo largo ni tedioso. El entretenimiento tanto fuera como dentro estaba asegurado. Las dos parejas seguian cambiando de planes sobre como llegar mas rapido a su destino, si tirando de rupias, de visa o pagando a cualquier paisano para hacerles el favor. Los vimos descargar finalmente en Tentena, parecian negociar con alguien el alquiler de un coche.

A nosotros nos esperaban varios moto-taxis para llevarnos al centro de la ciudad. 4 kms nos separaban de un reparador descanso. Miguel en una y Areia y yo en otra, nos encontramos en cosa de 10 minutos a la puerta del hotel Victory. Debbie nos recibio con una gran sonrisa y un deman acogedor. Nos dio la habitacion 33. No podia haber mejor augurio. Una gran cama doble y una individual, ducha de agua caliente (en el Rainbow nos conformamos con cubos de agua fria para nuestro aseo) y unas impolutas sabanas blancas. El escenario perfecto para descansar.

Nos dimos un homenaje de agua hirviendo para entrar en calor despues de una larga jornada de ascensos y descensos, frio y calor, posturas complejas y, sobre todo, de escuchar algunas cosas que nos dejaban perplejos. Necesitabamos descanso. Bien merecido...

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