Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Independence day


El templo de Manado



Templo budista... un tanto amenazador


Cenorrio en "Le Club"





La suite de Angkassar


Estaba amaneciando, el cielo empezaba a clarear y uno de los marineros del barco empezo a gritar "Gorontalo, Gorontalo" para despertar al personal. Los de la clase "A" (Arriba del todo) fuimos despegando los ojos y recogiendo el despliegue que habiamos realizado. En el muelle, decenas de motocarros esperaban a los pasajeros. Los occidentales se lanzaron hacia el "kijang" para ver quien lo podia coger antes.

Nosotros decidimos tomar un "becak" motorizado hacia la estacion de buses. Nuestro conductor, algo preocupado, nos indico que el bus hacia Manado salia a las 5. Eran las 5.25. Empezo a darle al acelerador y a tomar las curvas con peralte improvisado. Tocaba el pito a destajo para espantar perros y ninyos que, a esas horas, andaban ya jugando al badminton en plena carretera o paseando con las bicis en una bonita manyana de verano. Toda la ciudad olia a fiesta. Era el dia nacional: Independence Day para Indonesia. 17 de agosto de 1945. Se cumplian 65 anyos de la liberacion japonesa (que ocupo el pais durante 3 anyos. Lo que no se cuenta es que despues volvieron a venir tanto holandeses como ingleses a hacer la punyeta y a ocupar territorios, a explotar economica y humanamente el pais y a hacer estragos con sus politicas. Lo de la "independencia" es algo subjetivo pero a ellos les alegra celebrarlo...

Llegamos a la estacion de buses y, en efecto, el nuestro habia salido. Nos ofrecian otra opcion: el minibus. En realidad, tal como nos lo pintaban era un "kijang". Este transporte es bastante comun en algunos nucleos, dada la falta de algo mas publico. En realidad "Kijang" es un modelo de coche, pero se ha convertido en sinonimo de colectivo de 7 plazas a compartir entre particulares. El asiento delantero es el mas cotizado. Algo mas economicos son los de primera fila y los de "saldo" son los de atras. Al menos el sistema de cotizacion es mas coherente que en Africa. Nosotros cogimos los 3 delanteros, para evitar mareos y tener mas amplitud.

Teoricamente salia a las 7. En efecto, a tal hora nos poniamos en marcha, no sin una bronca previa. Miguel pillo al tipo que nos habia vendido los billetes comprandonos unos tickets para el minibus (por el que se paga 100.000 y no los 125.ooo que habiamos pagado nosotros) puesto que no conseguia llenar el kijang y, por ende, no le salia rentable. Miguel le dijo un par de cosas y se nego a tomar la "oferta" del minibus, mucho mas desagradable y duro por esa minima diferencia de precio (apenas 2 euros) asi que el tipo se trago su transaccion y a las 7 en punto nos subio en el flamante y estupendo coche, camino a destino.

Pero no todo podia ser tan sencillo. A los 3 minutos de salir habiamos parado de nuevo. Una "parada" de kijangs. Nuestro inicial conductor, Halim, se troco en Bamba, y nuestras mochilas aterrizaron en otro maletero. Una chica llego. Luego otro chico. Ya eramos 5 para salir. Cerca de las 8 emprendimos camino.

Yo por unos momentos perdi la nocion. Toda la noche sin dormir tiene sus efectos secundarios. Cuando abri los ojos, el vehiculo estaba totalmente lleno. Habiamos ido a recoger a dos tipos mas.

Nuestro chofer, Bamba, alias "Fiti" se fumo 4 paquetes en el trayecto. Yo, que estaba justo detras, temi en algun momento recibir un poco de ceniza, los plastiquitos que iba tirando o, en el mejor de los casos, un resto de escupitajo. Obviamente, el Ramadam se la refinfanfuflaba, como era obvio. No asi el copiloto, Roland, que hablaba algo de ingles y nos hizo de traductor y embajador en un 2x1. Es funcionario del gobierno en Gorontalo pero su mujer vive en Manado, de ahi que conociera el trayecto a ciegas y que nos pudiera contar con sus parcas palabras y nuestro escaso indonesio algo mas acerca de las islas.

Los tres de atras no abrieron la boca en todo el trayecto...

Por el camino, todo estaba decorada hasta el extremo. El rojiblanco dominaba el paisaje. Canyitas de bambu pintadas en ambos colores, banderolas con todas las gamas, retazos de fiestas y, mi decoracion favorita: tiras de vasos de plastico boca abajo, pintadas en rojo por el culo y formando guirnaldas interminables. Debieron tener a todos los escolares de la region pintando vasos como posesos durante meses. Habia miles de ellos por todos lados.

En algunas poblaciones tuvimos que dar ciertos rodeos. La carreteras estaban cortadas por los acontecimientos. Los ninyos, los jovenes y los adultos, todos ataviados y con sus mejores galas, bien de uniforme, bien de paisano, tocaban musica, hacian bailes, formaban, marchaban, paseaban por los mercadillos. El ambiente era estupendo. Eso si, por aquellos lugares por donde habia pasado la marabunta, los restos de plasticos acolchando el suelo le daban un aspecto que daba poco alborozo.

No os cuento como era el paisaje, porque parecera que me repito. Verdor y exuberancia por todos lados. Vimos varios oceanos de cocoteros que harian enrojecer a cualquier ilicitano por llamar a los suyo "palmeral". La vista se perdia y seguian habiando miles y miles de ellos. Impresionante.

La carretera se vertebra junto al mar, se va observando la costa, las islas dispersas cerca de la orilla. Todos los pueblos respiran vida, alegria y felicidad. En muchos de ellos, te obligan a pasar por un "embudo" en el que un tipo va dando gritos a traves de un megafono, unos ninyos van con cajas y cestas acercandose a los coches y un cartel anuncia la iglesia para la que se esta recogiendo dinero. El numero de templos es tremendo. Y los edificios no son, en absoluto, modestos. Eso si, parecen ser el centro de atencion y de reunion de todo (al menos la fraccion que profesa esa religion concreta) pueblo.

Paramos a comer a peticion e insistencia nuestra. Nuestros acompanyantes, a excepcion del conductor, no hicieron amago alguno de comer nada (respetaron de forma estricta el ayuno) pero nosotros nos lanzamos como posesos sobre el pollo y Areia devoro su arroz con pescado. Los dias de las Togean hemos comido estupendamente pero teniamos mono de carne. Eso si, los dos acabamos llorando con el mordisco de chili que llevaba la salsa, que nos anestesio la boca durante un largo e intenso rato. Tambien probamos las "nike", una especie de galletas hechas con harina y chanquetes, pequenyisimos pescados que, amalgamados, conformaban estas gachas aplanadas. Buenisimas, por cierto.

Comidos, servidos, bebidos y desahogados, volvimos al Kijang. Eran las 13 y estabamos a mitad de camino. Bamba parecia tener prisa por llegar, porque seguia consumiendo avidamente cigarrillo tras cigarrillo y conduciendo como un maniaco, sorteando todo tipo de obstaculos, fijos y moviles. La tarde empezaba a caer cuando entrabamos en Manado. Eran cerca de las 15.30 y el bullicio era latente. No sabiamos si a causa de la festividad, pero la ciudad rebosaba en afluencia. Las "playas" urbanas rezumaban de gente banyandose al uso local, totalmente vestidos y siempre agarrados a un flotador. Estamos en una isla y apenas unos pocos saben nadar.

Una ventaja de los kijang es que hacen el reparto hasta la puerta de casa. Le dimos el nombre de un hotel situado estrategicamente en una zona calmada pero centrica y alli nos dejo. Ese estaba lleno, pero el de al lado tenia autenticas "suites". Nuestra triple debia tener 50 metros cuadrados. El buen gusto brillaba por su ausencia pero estaba limpio. Nos quedamos en el Angkassar Hotel, por unos 200.000 la noche (unos 17 euros) en la gran city, todo un logro, a no ser que pasemos ya al siguiente tramo y estemos dispuestos a pagar "ingentes cantidades" para dormir en algo de lujo. Queriamos descansar. El dia habia sido largo.

Nuestro objetivo era dificil de cumplir. Solo los grandes almacenes parecian estar abiertos. Lo intentamos y nos acercamos al MegaMall, donde supuestamente habia una oficina de Lion Air. Parece que ya no lo esta, nadie nos sabia dar el paradero. Eso si, a Areia se le abrieron los ojos al ver el Pizza Hut y las salas de juegos. Al final llegamos a un acuerdo con ella. Le cogimos un poco de pollo del KFC, un batido y un postre pero nosotros queriamos probar los "warungs" de la zona del puerto. Lo mas gracioso es que el rebozado del pollo a lo Kentucky era casi incomestible del picante que tenia. Y eso que era el menu infantil. Nosotros hicimos los honores al "abrigo" y Areia se comio lo de dentro. Realmente picaba. Los tienen entrenados desde la tierna infancia...

En efecto, no encontramos nada ni pudimos solucionar lo del billete. Eso si, decidimos darnos un homenaje como dios manda. Acabamos en el lugar mas "in" de la zona, Le Club, un restaurante de lo mas moderno y actual, rompiendo con la tradicion de "chiringuito" mas habitual. Estaban celebrando un bodorrio con lo que, nos daban la opcion de esperar un par de horas (inviable dada el hambre que nos asaltaba) o subir al segundo piso, desde donde se observaba no solo el evento sino tambien las luces de la ciudad, la pequenya ensenada con barcos y el ambientillo de la zona.

Con unos zumos naturales y un apetito desmesurado, nos zampamos unos gambones descomunales con "salty egg sauce" para chuparse los dedos. Ademas, unas noodles "Club" con pollo, gambas y ternera. Una cena de campeones, de lujo "ecuatorial" (estamos justo a un saltito de la rayita) y al alcance de nuestros bolsillos (un derroche de unos 15 euros).

Volvimos caminando al hotel, aunque Areia se caia ya de suenyo. Intentamos entrar en el internet y enviaros algunas nuevas pero estaba "full" aunque la mitad de los ordenadores estaban vacios pero, al parecer, tambien estropeados. En un intento de encontrar otro, pasamos a visitar el templo budista mas antiguo de Indonesia, muy al estilo chino y con un Budha que da algo de miedo. Los tres estabamos rotos y arrastrando los pies de suenyo, asi que, sobre las 22, estabamos en nuestros fantasticos catres, mas muertos que vivos y con tiempo por delante para descansar.

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