Posiblemente serian las 3 cuando por fin nos pudimos dormir. Entre llegar, hacer el check in, organizarnos, ducharnos, lavarnos los dientes (esto llevo posiblemente casi 15 minutos de lo que hubo que arrancar...) y situarnos en nuestro camastro los tres, fue una mision algo compleja. Eso si, debieron pasar unos 30 segundos desde que apagamos la luz hasta que caimos en el mas profundo de los suenyos.
Hasta escuchar el riiiiiiiiiiiiing.
Cuando he contestado, aun dormida, la chica me preguntaba que cuando queriamos cambiar (pedimos el cambio a una habitacion de dos camas para mas comodidad) y yo le he dicho que despues del desayuno ya hablariamos. Estaba completamente desorientada y sin saber muy bien quien eray donde estaba. Miguel se ha reido. Eran las 13.20. Nos hemos vuelto a dormir.
Eran las 15 horas cuando comenzabamos a funcionar. Estabamos tan cansados que eramos incapaces de movernos del catre con cierta normalidad.
Hemos realizado el cambio de habitacion y nos hemos puesto manos a la obra para ir a dar una vuelta por Makassar, la capital de Sulawesi.
Situada al suroeste de la isla, tiene 1,6 millones de habitantes. Es conocida por su espectacular marisco y pescado. Es un conocido puerto y centro de transportes, puerta para la Indonesia Oriental. Igual de caotica que otras ciudades asiaticas pero para nuestra suerte, carente de esos ruidos tan peculiares de pitidos de la India. Infestada de "pecaks" (carritos con bici que hacen las veces de taxis) y "pete petes" (furgonetillas de transporte colectivo. Deben su nombre al ruido que hacen al funcionar) que jamas paran aunque te vean pasar y a los que has de sortear con gracia y soltura para salir vivo de cada cruce.
No era hora de comer ni de cenar, por lo que hemos optado por asaltar un super y comprar algo mas "normal" para matar el hambre y aguantar un par de horas para el yantar habitual.
Los supermercados indonesios son el paraiso de los golosos. Interminables filas de dulces, caramelos, galletas, chocolates, snacks... A Areia le era imposible elegir, asi que hemos cogido dos paquetes casi al vuelo y un zumo de manzana. En el pequenyo cafe del edificio, una pecera mostraba tres crias de tiburon blanco nadando en las estrecheces del cristal. Posiblemente es lo mas cerca que vamos a estar de una criatura asi pero nos ha fascinado tremendamente su estampa, aunque en tamanyo reducido.
Miguel y yo hemos optado por probar unos pastelillos del puesto callejero. Las mujeres se reian ante nuestra ignorancia (se descojonan de ti con tanta sencillez y elegancia que es imposible enfadarse!) Finalmente han resultado ser unas napolitanas de platano y chocolate, unos palitos de queso y unas galletas de cacahuete que estaban de pecado. Todo un descubrimiento!
El paseo hasta Fort Rotterdam era agradable y apacible. Apenas trafico, casi nadie andando y un calor llevadero.
Hello Mister!!! Parece ser el saludo oficial. Intento no sentirme excluida pues parece ser que "mister" lo incluye todo o es el unico apelativo que han aprendido. La gente es estupenda, amable y tremendamente sonriente y afable. Son divinos!! En el fuerte hemos sabido que desde ahora, cada vez que digamos "Espanya" el comentario sobre el mundial va a ser inevitable. Al menos ahora el futbol sirve de embajador y de pasaporte de entrada. Bienvenido sea, pues!
Fort Rotterdam es, al parecer, el unico edificio historico a destacar. De origen holandes, alberga un par de museos que ya estaban cerrados a nuestra llegada pero hemos podido pasear por los destartalados edificios, por sus jardines, repletos de adolescentes con uniforme, moviles de ultimisima generacion y unas camaras de fotos que quitaban el hipo. Con los iPhones, los camarones de turno y lo que se terciaba, nos han retratado en cada foto de grupo e individual. Hemos sonreido por doquier y nos hemos sentido autenticas "stars" de no se que firmamento plasmando nuestra mejor cara en cada intento.
Nos hemos quedado atontados un buen rato mirando a un grupo de ninyos en edad escolar practicando artes marciales en el jardin. Saltos, gracia y agilidad, asi como un orden casi marcial a la hora de realizar los ejercicios. Estabamos fascinados con la actividad y, como no, con los divertidos "chandals" al estilo oriental.
El sol estaba bajando. Eran las 18.30. El puerto tenia un aspecto casi romantico y por doquier empezaba a surgir la actividad de la ciudad. Cientos de personas paseando, tomando el aire y luciendo palmito con su pareja o grupo de amigos. Todos ellos saludando amablemente al vernos pasar. Visto lo visto, somos "rara avis" en esta ciudad. Apenas nos hemos cruzado con un par de europeos.
Pantai Losari, la "playa" de la ciudad, no es mas que un paseo maritimo con aguas llenas de desperdicios, hoteles de lujo y muelles donde tomar un barco a la isla de enfrente o una barca con forma de cisne o foca (muy apropiada para estas latitudes) para una romantica puesta de sol.
Dado que la tarde estaba nublado, solo hemos podido disfrutar de unas estupendas luces y colores de atardecer, pero no una puesta en toda su extension. Eso si, el ambiente era divertido y tremendamente entretenido.
Hemos llegado al Lae Lae justo a tiempo para la marabunta. Tildado de ser uno de los mejores restaurante de Indonesia, sirven un pescado tan fresco que casi se mueve. En su grill de la entrada, dos tipos asan los bichos a velocidad de vertigo mientras una legion de camareros y camareras sirven a los cientos de clientes, que se apilan en mesas colectivas de unas 2o sillas cada una. No hay manteles. Ni cubiertos. Los indonesios comen con las manos hasta la sopa. En todas las mesas hay un rollo de papel para limpiarse (las manos, se entiende), un plato con una hierba verde que huele a limon y limas, que no hemos logrado averiguar si era para comer o para limpiarse las manos despues de tanto pescado (hemos cotilleado a los vecinos, pero no tenemos conclusiones claras) y, como no, decenas de tarritos con salsas a cada cual mas picante.
Nasi phuti para Areia (arroz blanco) con ikan (pescado) y para nosotros algun tipo de sayur (verduras) semejantes a algas (riquisimas, por cierto) con mas pescado, gambas y una sopa que hemos mezclado con el nasi y las verduras. Todo un manjar que hemos cerrado con Kopi Susu (una bomba de cafe dulzon en vaso grande) y una cuenta de apenas 6 euros para los 3. Todo ello regado con agua y te frio, acompanyado de alguna pequenya cucaracha curiosa merodeando y de tremendos esfuerzos por ambas partes por hacernos entender (nos han mostrado casi las entranyas de la cocina para ver que era cada cosa)
Una buena cena para rematar la jornada. Un buen paseo, tambien, para volver al hotel, donde estamos ahora disfrutando de musica en directo y de unos buenos zumos de limon, pina y te helado. Areia escribe en su diario, Miguel lee y aqui me teneis a mi, poniendoos al dia en vivo y en directo.
Estamos tratando de asimilar nuestras primeras palabras de indonesio, modales tipicos que seguir y, por supuesto, sobrellevando el jetlag yhaciendonos al horario.
Son las 22.22. Hora de irnos al catre. Manyana queremos irnos temprano al norte y, dependiendo de la hora a la que marchemos, llegaremos a uno o a otro sitio. El tiempo y los buses lo diran.
Y yo, tratare de contarlo.
;-)

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