| Grupo de bañistas en las fuentes termales de Poring |
Le hemos cogido carinyo a esta ciudad. Nos suele pasar con estos pueblos de tamanyo medio, anodinos y que son mas bien cruces de caminos. Esos lugares a los que nadie presta atencion y donde la vida cotidiana suele ser un trajin intenso por sobrevivir. Ranau es lo mas lejano a un centro turistico, es genuino, autentico y la cotidianeidad discurre con total normalidad.
Cuando ya nos habiamos asentado nos dimos cuenta que el banyo tenia lavabo y ducha, pero no taza de vater. Nada que no sea subsanable, pues estaba justo al lado y se podia comer en la tapa. Ademas estaba justo en las mismisimas afueras, junto a un mercadillo vespertino (en el que acabamos de zamparnos un estupendo "pisang goreng"). La situacion ideal. No parecia haber ningun karaoke a la vista. Todo perfecto.Y 65 ringgits. Con lo ahorrado nos sufragabamos la cena.
Nos quedamos viendo una peli chorra americana que daban en la tele. Miguel dormitaba. Al poco apagamos la luz y tratamos de dormirnos. Areia cayo. Miguel daba vueltas. De pronto, de la nada, se empezaron a oir gritos desgarradores de una mujer. Primero pense que seria de duelo, de pena, de dolor. Pero seguia gritando de forma tan atronadora que parecia irreal. Luego me vino a la cabeza una escena de violencia domestica. Seguia sin cuadrarme. Pense que igual se le estaba quemando la casa. Miguel debio tener el mismo pensamiento, porque ya se habia vestido para salir a ver que estaba pasando. Yo hice lo propio y le segui, no solo intrigada sino por temor de que mi chico estuviera - como suele ser habitual- metido en algun barullo.
Por alli desfilo todo el mundo. Incluso vino la policia pero no supieron que hacer. Vino una mujer mayor a recoger sus cosas y su bolso. Lo unico que sabiamos es que habia salido del bar de la esquina y que, al parecer, habia tomado algo mas que alcohol. Y se habia dado un "viaje" realmente malo porque tenia alucionaciones espeluznantes.
Entre tanto, Areia ni se inmuto pero a nosotros nos dejo en vela durante un buen rato. La escena se alargo mas de una hora. No sabemos como termino, pero es lo que tiene no alojarse en el Hilton. En los cinco estrellas no se incluyen esta clase de espectaculos.
Con algo de suenyo nos hemos arrastrado a las 6.30 fuera de la cama por motu propio. Tras desayunar y discutir con un par de conductores, hemos pactado un precio para ir a Poring de ida y vuelta. Los fines de semana es muy facil acercarse, ya que es un lugar muy popular y cada poco salen furgonetas colectivas, pero no asi los martes anodinos en medio del mes de agosto, con lo que nos veiamos cortos de opciones.
A las 8.30 hemos llegado a las fuentes termales. Poring es un gran centro, conocido sobre todo por sus piscinas de aguas sulfurosas, sus lujosisimos lodges (que no hemos probado), unas pasarelas colgantes increibles y unas cascadas muy llamativas.
Hasta que la pobre ha empezado a decirnos que las veia "bailar" en el suelo. Yo me las he tenido que quitar a pares. Hoy estaban en el suelo, bajo las hojas y en las zonas mas humedas. Las encantadoras criaturas se adherian a las zapatillas y tenias que, literalmente, arrancarlas porque se colaban por los agujeros de los cordones. Hoy el pato lo he pagado yo. De una manotada he tenido que sacarme cuatro. Por suerte eran un par de tramos del camino, pero nos hemos estado haciendo chequeos cada cincuenta metros para asegurarnos de que no se convertian en "squatters" de nuestros piececillos.
| Bicho de bola malayo |
En total han sido 4 horas de caminata, que hemos disfrutado cada minuto. La selva tropical atrapa, cautiva. Solo mirar esos inmensos arboles, casi todos ellos abrazados y estrangulados por otros organismos, bien termitas, bien lianas, bien algunos ejemplares parasitos, escuchar como crujen las hojas, como se rompe el bambu, como caen las frutas sobre la tierra mojada. Ver como se mueven las hojas al paso de algun reptil, escuchar silbidos, chasquidos, aullidos cuya procedencia nos es imposible discernir. La selva nunca se esta callada. El silencio no esta en su vocabulario.
Estabamos muertos de hambre pero los precios del restaurante del lodge eran totalmente insultantes y prohibitivos. En la calle de entrada al parque habian algunos chiringuitos y, bien sea por el desmayo que teniamos, por las ganas de sentarnos o porque realmente la comida estaba exquisita pero hemos disfrutado cada bocado.
Relajados y suavecitos, nos hemos ido a tomar un cafelin a nuestro chiringuito de la comida. De esa guisa esperabamos a nuestra furgo a que viniera a recogernos. Sorprendentemente, ha venido con 45 minutos de antelacion, cuando nos habiamos acabado el cafe, justo a tiempo para bajar al pueblo. Hemos recogido a algunos escolares por el camino (entre ellos su hijo) y nos ha depositado sanos y salvos de nuevo frente a nuestro vecindario.
Y aqui andamos, en un internet cafe que hemos encontrado donde no huele a pies, hay luz y los usuarios llevas cascos. Toda una novedad. Habra que aprovecharlo!!!!!!

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