Martes, 21 de agosto.
Tras decidir nuestra escapada hacia el norte, hablamos con la pareja de abuelitos que regentaban el hotel y les pedimos si podian arreglarnos un vehiculo hacia el norte. Curiosamente la hora de salida son las 7.30 y solo hay que avisar a algun propietario de un todo terreno que este dispuesto a hacer el trayecto. Tomamos un cafe, un par de huevos duros y algunas galletas que pude comprar y en un ratito aparecio nuestro 4x4.
Compartiamos con una senyora que hacia de copiloto, y un par de curritos que se sentaban en la caja.
La carretera era nefasta, sobre todo en su tramo inicial. El paisaje, en cambio, era increible, sobre todo porque una bruma se encajaba mas abajo en el valle y le daba a todo un aspecto irreal. La sensacion de belleza solo empezo a disiparse cuando nos dimos cuenta de que muchos trozos de laderas estaban quemados. No entendiamos nada, porque nos parecian superficies demasiado escabrosas para ninguna construccion. Incluso Miguel abogaba porque era obra de un rayo (ay, que ingenuidad!!!)
Algo mas adelante nos fuimos dando cuenta de que eran quemas parciales de terreno para despejar zonas y poder plantar los dos cultivos reina de Borneo: caucho y, sobre todo, hoja de palma. El bosque primario ha desaparecido por completo. Apenas quedan arboles. En el bosque secundario si tienen permitido plantar, con lo que primero lo talan todo (la cantidad de camiones saliendo con troncos era espeluznante) y luego van quemando para replantar cosechas que les dan su actual forma de vida.
Las 3 horas y media de trayecto nos acabaron por provocar un dolor de estomago al pensar en lo crudo de la situacion. El proceso es de ida sin vuelta. No habra mas oportunidad de retomar su selva tropical a no ser que la dejen en paz durante unos 50 anyos. Y eso,visto lo visto, no va a ocurrir.
Una vez llegados a la interseccion con la carretera hacia Miri, nos sentamos a comer algo y esperar que pasara algun bus que nos acercara a mitad de camino de aquella ciudad, a Batu Niah. La puntualidad y frecuencia del transporte publico malayo es impresionante, asi que en cosa de 15 minutos estabamos subidos en un bus que, 70 kms mas alla, nos dejaba en otro cruce para nuestro destino. Nos refrescamos con unos batidos de fruta natural (todo un lujo en un pais donde triunfan los polvitos) y tomamos la oferta de un conductor que cubria los 13 kms hacia el pueblo por la tarifa oficial de 15 ringgits.
Batu Niah dormia placidamente en un dia de fiesta nacional. De los dos hoteles del pueblo, uno (el mas barato) estaba cerrado y con las persianas bien bajadas. No habia opcion, fuimos al Cave Inn donde la recepcionista china nos hizo hincapie en que la habitacion eran 75,40. Ni uno mas ni uno menos.
Lo tomamos para poder tranquilamente aposentarnos y decidir como atacar nuestras siguientes horas. El calor y el sopor no aportaban mucho para una accion desmesurada, asi que, simplemente, fuimos a pasear por el sombrio camino a orillas del rio que nos llevaba al Niah National Park, el verdadero fin de nuestro destino.
3 kilometros de travesia hasta las puertas, donde averiguamos lo que pretendiamos para organizar nuestro dia siguiente. La vuelta por ese mismo paseo un par de horas despues nos sirvio para abrir mas el apetito y saborear unos fantasticos mee goreng en uno de los dos sitios que estaban abiertos (eso si, con una animacion tremenda, ya que congregaba practicamente a todo el pueblo).
Listos para la accion y preparados para recuperar fuerzas para una larga jornada.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nos encanta que nos contéis cosas, así que no seáis tímidos...