Salimos hacia las 8 y, poco antes de llegar a la salida, vimos un camino que se desviaba. Habiamos visto unos macacos de cola corta (o eran de cola de cerdo?) y nos pusimos a perseguirlos. Animados por la belleza del camino, decidimos seguirlo un rato mas. Ya no eran las pasarelas del camino principal y la maleza se comia parte de la travesia, pero era tan hermoso que no lo pudimos soportar. Seguimos caminando.
Llegados a una nueva disyuntiva y al ver lo que parecia una senyal, Miguel se puso a rascar el moho que la cubria para ver si las letras escondidas nos podian ayudar. Nos anunciaba la subida a una colina. Pero era casi tan criptico como antes de realizar la arqueologia de bolsillo. No sabiamos hacia donde andabamos ni cuanto tardariamos en llegar.
Llegado a un punto donde habia unas nuevas cuevas mucho mas modestas pero tambien mas salvajes y con algunos vestigios, nos entretuvimos quitando telaranyas, pisando toneladas de guano de murcielago y jugando a los Indiana Jones de ir por casa. Por la parte derecha salia el camino a la famosa colina, pero cuando me puse a explorar vi que nos hacia falta un machete y una buena dosis de paciencia. Igual podriamos subir pero la bajada iba a ser toda una experiencia, porque estaba realmente empinado. Y, lo mejor, no teniamos ni idea de como salir de alli.
Llevabamos un mapa totalmente inutil que nos habian dado en recepcion del parque. Ni estaba bien senyalizado ni se correspondia con la realidad. Al volver atras y ver una pasarela con buen aspecto, nos lanzamos a ver donde nos llevaba. Tras un paseo de unos 20 minutos podiamos escuchar ruidos de civilizacion.
Batu Niah!!!! Teniamos enfrente nuestro el pueblo. Nos separaban de el unos 15 metros. Y un rio infestado de cocodrilos. Intentamos llamar la atencion de alguien al otro lado por si alguien venia a rescatarnos pero tras un rato de pegar gritos y silbidos, nadie nos hizo caso. Miguel vio una barquichuela con un remo y se animaba a "tomarla prestada" y cruzar remando. En mi cabeza se agruparon imagenes de monstruos con muchos dientes comiendose el remo, coletazos de saurio volcando la barca, funcionarios de uniforme acusandonos de hurto... Y opte por votar por deshacer el camino andado. Con cara de pocos amigos, Miguel acato y se resigno a dejar de lado una aventura que el no veia tan descabellada.
Me estoy haciendo mayor. Definitivamente me estoy volviendo demasiado cauta...
Batimos un record. La vuelta, que realizamos a toque de pito, nos costo apenas una hora, algunos tropezones y una buena sudada. En realidad teniamos tiempo de sobra para llegar antes del cierre de la oficina del parque, que era lo que nos preocupaba, puesto que habiamos puesto a su recaudo nuestras mochilas. Y no llegar a tiempo significaba quedarnos varados un dia mas.
En la estacion de buses averiguamos los horarios para el sultanato. Los ultimos buses habian partido ya pero nos indicaron que al dia siguiente desde las 8 y hasta las 15.30 habia servicio, con lo que nos quedamos bien tranquilos. La estacion de buses de Miri esta a 3 kilometros del centro. A veces taxis pero otras algunos "privates" ofrecen sus servicios por el mismo precio (15 ringgits es lo fijado). Nos toco el "Alonso Macarron" del pueblo, el mas cani y garrulo de la barriada. Un coche negro, totalmente "tuneado" y hasta con su mega aleron, con el tubo de escape modificado y musica a toda pastilla. Las unyas de tres centimetros de largo (es una aficion muy asiatica), el cuerpo medio salido del asiento para conducir y cada cien metros cambiando de melodia. Le habiamos pedido que nos llevara a un hotel que realmente no conocia. Nos dio vueltas y parecio indicarnos que en la direccion que le habiamos indicado no habia ahora mas que un edificio en construccion. Finalmente le pedimos que nos dejara frente a un gran hotel que nos servia de referencia. Nos acercamos a la zona del puerto, plagada de bares con olor a tristeza y salitre, hostaluchos disfrazados de "inn" que albergan decenas de burdeles de paso, marineros, currantes y pescadores de deshoras poblando las aceras de las calles poco iluminadas. Un ambiente bastante decadente. Y muy dificil para localizar una habitacion triple algo decente.
Miri realmente es una ciudad triste, garrula (amante de luces, sonidos estridentes y horteradas) y poco agraciada para recibir a sus visitas pero solo pretendiamos descansar para salir cuanto antes al dia siguiente.
Objetivo mas que cumplido.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nos encanta que nos contéis cosas, así que no seáis tímidos...