Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

martes, 28 de agosto de 2012

De excursion por la apasionante Kuala Baram

Viernes, 24 de agosto.

El dia anterior en la estacion nos habian dicho que habia servicio entre las 8 y las 15.30 por lo que cabia relajarse. Para que poner el despertador?? Un buen desayuno y llamamos un taxi para que nos acercara a la estacion. Lo curioso es que, a mitad de camino, el conductor nos solto que los buses para Brunei ya habian partido a las 8.30 y el siguiente era a las 15.45. No era eso lo que nos habian dicho. O es que era otra cosa lo que habiamos entendido???

- Aun quereis que os lleve alli??- nos pregunto.
- Por supuesto- le confirmamos algo incredulos.


Pero cuando los malayos te aseveran las cosas, a veces tienen toda la razon. Y no intentes pensar lo contrario. Cuando se conocen la informacion de A a B te lo dicen con conviccion. Si les pides de B a C igual se pierden y ya andan dubitativos. Pero tiembla cuando tengan toda la razon.

En efecto, al llegar a la estacion nos confimaron que las dos companyias que operan buses para Brunei partian a las 15.45 (cosa que tampoco acabamos de entender: por que no se reparten los horarios!!???) Teniamos por delante una larga jornada en una ciudad de la que queriamos salir por pies. Que hacer???

En cualquier lugar del mundo (no civilizado) se suelen hacer los viajes en tramos cortos y, animados por una informacion escrita (dicho sea de paso, nuestra guia no acierta una y esta totalmente desfasada!) pensamos en otra alternativa. Volvimos de nuevo al centro con todos los trastos y buscamos un bus a Kuala Baram, el ultimo pueblo antes de la frontera. Nuestro plan era buscar algun vehiculo a Kuala Belait, la primera poblacion de Brunei.

El bus era totalmente urbano (como los de la EMT) y el conductor nos decia muy seguro que ya no habia ningun transporte publico hacia Brunei desde Kuala Beram pero decidimos que lo unico que teniamos que perder eran algunas horas y unas risas. Alla que nos fuimos con los trastos hacia el pueblo. Una hora de camino tras zonas portuarias y extensiones de aceite de palma, llegamos a Kuala Baram, un alto en medio de la nada, una parada con una serie de cafeterias, un banyo y algunos edificios esparcidos. Alli descargamos, no sentamos tomar algo y empezamos a preguntar a todo quisqui por un transporte al otro lado de la frontera. La gente sonreia. "Podemos llamar a un taxi de Miri y que os cruce. Os costara 200". No habia forma de hacerles entender que veniamos de alli y que no queriamos volver atras. Pero a nadie parecia importarle. Seguimos buscando alternativas y, la pobre mujer del cafe, que parloteaba algo de ingles y sintio compasion por nosotros hizo algunas llamadas, pero todo nos llevaba al mismo punto: volver a Miri.

Para que os hagais una idea, nosotros pretendiamos ir de Valencia a Madrid pasando por Manises y queriamos coger alli un bus directo a la capital, con fronteras incluidas. Lo dicho, en cualquier otro pais del Sudeste asiatico se podria conseguir pero no en Malasia, donde el orden impera constantemente.

Resignados a deshacer camino, nos tomamos un te de margarita con leche por aquello de experimentar algo nuevo y vimos aparecer a todos los curritos de los poligonos cercanos que acudian a comer. El ambiente se estaba caldeando.

Nos habian dicho que el proximo bus de vuelta a Miri podria llegar en 10 minutos o ... en media hora. Nos estabamos levantando cuando lo vimos en la rotonda... pasando a toda velocidad, saltandose la parada y desoyendo nuestros silbidos y aspavientos. Nadie de la cincuentena de personas que estaban sentadas trapinyando movio siquiera el rabillo del ojo. Este a veces es el pais de los impasibles.

- Podeis tomar el siguiente- nos dijo la senyora del bar- Vendra mas o menos en una hora.

Por suerte andabamos con tiempo y podiamos rezagarnos un poco mas, pero dejar escapar el siguiente hubiera significado quedarnos atascados un dia mas, algo que no podiamos permitirnos.

Esperando pacientemente el bus
Apostados en varios puntos de la rotonda, lo vimos llegar y  casi lo asaltamos para que no pasara de largo. Eran casi las 14 cuando nos hallabamos de nuevo en la parada "internacional" de Miri. Esta vez sentados para comer algo y asegurarnos los billetes para el sultanato.

A las 15.45, con total puntualidad, chequeo de pasaportes y lujazo de vehiculo para transportarnos, tomabamos por fin camino a Brunei, despues de nuestro intento fallido de ir por la via lenta. Hay ciertas cosas que no se pueden desafiar, sobre todo cuando estan impuestas.

Kuala Belait, esa ciudad que tanto deseabamos alcanzar, se nos presento al cabo de una hora. El camino hacia Bandar, la capital de Brunei, fue tranquilo y reposado.Casi 4 horas para cubrir una distancia no muy grande pero los tramites, los atascos de entrada y las paradas cumplieron al final con el horario previsto.
En el fantástico bus a Brunei


Brunei lucia luminoso, espectacular, limpio  y orgulloso. El pais donde la gasolina es mas barata que el agua (20 centimos de euro), la educacion es publica y gratuita hasta la universidad, sus ciudadanos gozan de la renta per capita mas alta de Asia pero todo se tambalea sobre unas reservas que tienen sus dias contados. Historias de excesos, exageraciones, despilfarros, injusticias, locuras y extravagancias se cuentan de la familia real mas antigua del mundo. Brunei apenas tiene una historia propia. Se basa en la cultura malaya y el islam, que son sus dos pilares. Y la diferencia  mas visible respecto a su vecina es la proliferacion de minaretes y yihabs.

Llegamos con una lluvia persistente y ya entrada la noche. La oferta hotelera economica es casi inexistente, asi que nos lanzamos por un hotel de precio medio, mas que decente para nuestros estandares y salimos bajo la cortina de agua a buscar algo que comer. Acabamos relamiendonos los dedos en un restaurante malayo-hindu, donde apagamos el dia con un festin y muchas risas al recordar nuestras hazanyas de la jornada.






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