Las vueltas, al contrario que las idas, suelen ser anodinas, cansinas y, sobre todo, agotadoras. El ánimo no tienen nada que ver y todo parece ir demasiado despacio o, incluso, demasiado deprisa. Por eso, las aerolíneas hacen a veces esfuerzos por darles algo de emoción y que te lleves un bonito recuerdo.
Habíamos quedado a las 4.15 con Ariel, que vino con su taxi a recogernos, mientras nos despegábamos las legañas y cruzábamos una Managua irreconocible por su poco tráfico y su quietud. A las 5 en punto estábamos en el mostrador de American Airlines, con las tarjetas de embarque en la mano hasta Valencia (por sistemas automáticos que nos dejaron boquiabiertos) y la maleta con algunas cosas que hemos adquirido facturada (crucemos muchos dedos en que llegará sana y salva)
El vuelo Managua-Miami sin problemas. Areia viendo "Río" y nosotros tratando de dormitar y haciendo sudokus. En Miami nos esperaban 6 horas de espera.
Un par de bocatas, unos nuggets de pollo, unos café latte con canela y vainilla, una magdalena de limón y gengibre... y unas dosis de paciencia y "skytrain" más tarde estábamos en la puerta de embarque, esperando embarcar rumbo a casa. Pero el empleado de la aerolínea nos informó a todos que el aire acondicionado de la cabina no funcionaba y estaba a 40 grados, con lo que estaban intentando arreglarlo. Teníamos- nos anunció- al menos otros 40 minutos.
A medida que mirábamos el monitor, la hora iba cambiando. La final: 20.30. La real: el despegue fue a las 21.05. Llevábamos, para empezar, casi 3 horas de retraso.
Al final lo que te queda es relajarte y disfrutar. Lo bueno de tener las conexiones con la misma compañía es que sabes que, al menos, se responsabilizan de los retrasos.
Y, en efecto, tras un vuelo regular, agradable, con esos azafatos sonrientes y amabilísimos (dos de ellos yo los tuvimos en el vuelo de ida) hemos llegado a Madrid a las 12.05, justo la hora de salida de nuestro vuelo a Valencia. Bye bye, connection!!!
Opciones: volar a Sevilla a las 20 y de ahí, salir a las 22 a Valencia y estar en casa a medianoche, paseando cuales espectros por Barajas todo el día, amén de "disfrutar" de la bonita compañía de miles de peregrinos exultantes e iluminados, luciendo camisetas amarillas y banderitas con el rostro del papa. Mejor, nos encierran en un bonito hotel con aire acondicionado y así descansamos.
Aquí nos tenéis, en el Meliá de Avenida de América, tras una siesta de 4 horas y un cenorrio algo grasiento. Salimos mañana a las 7 para llegar a casa a tiempo para cambiarnos y - en mi caso- ir a currar alegramente y pasar el lunes de resaca con la mejor dignidad posible.
Me queda contaros algunos días más en Nicaragua, detalles fantásticos de los últimos días y algún personaje que me gustaría presentaros. En cuanto tenga un rato también colocaré fotos. Mañana espero tener la cabeza más en su sitio.
Todavía no tenemos los pies en el suelo...

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