El viaje a Granada auguraba más o menos lo que nos íbamos a encontrar. Desde que desembarcamos en el puerto de San Jorge, ya de vuelta en tierra firme empezamos a encontrar un flujo de turistas mucho mayor al que habíamos visto hasta el momento. Por primera vez coincidíamos con "gringos" en el autobús (no es un medio de locomoción popular para trayectos largos por lo que hemos experimentado) y la espera de casi dos horas en Rivas dentro del bus a Granada así lo constataba: parejas, tríos y grupitos varios iban poblando el vehículo entre locales, apilando sus mochilas en el techo (quién sabe qué llevaran en esos tremendos mochilones que aún llevan mil cosas colgando cual árbol de Navidad). Las nuestras siempre van con nosotros, sobre las rejillas que controlamos perfectamente desde los asientos.
El trayecto de 90 minutos se nos hizo corto. Tal vez porque 60 de ellos tanto Areia como yo (milagrosamente) nos quedamos dormidas dando cabezazos contra la ventana. Desperté ya en el cruce que va directo a la ciudad, con la tarde empezando a caer (eran las 15 horas) y la actividad frenética en la calle.
Una vez llegados a la "Gran Sultana" (epíteto que hace referencia a su hermana española) fuimos directos a buscar hospedaje. El primero que comprobamos se nos iba de presupuesto y, para más inri, estaba prácticamente lleno. Como era imaginable, estaba referenciado en "la guía", por lo que no daba más de sí y rebosaba viajeros. Pasamos un par de puertas más allá, a un B&B (bed and breakfast) llamado "Los Amigos", con menos glamour pero impecable y totalmente casero. COn un pequeño patio interior y las señoras de la casa explayándose sobre el camastro familiar frente a una pantalla, nos mostraron una habitación impecable con cama doble y una litera. 2o dólares con desayuno nica incluido (para nosotros una comida completa y parte importante del presupuesto), con lo que se brindaba un auténtico chollo. No dudamos más. Para el colmo, una zona de lavado, una cocina comunitaria y unas salas para comer que me retrotraen a la casa de mi abuela en el pueblo.
Nuestra idea era quedarnos en Granada el resto del viaje, usándolo como base para otras incursiones. Os cuento ya que hemos cambiado de idea. Obviamente es la ciudad más turística de Nicaragua, demasiados locales sólo tienen los carteles en inglés y usan el dolar como moneda pero los precios son los que nos tiran también de espaldas, aunque seguimos encontrando rincones totalmente locales.
Granada es una ciudad colonial preciosa, una joya arquitectónica ella sola, por sí, con un centro muy cuidado, casas de colores y combinaciones atrevidas. Patios interiores ajardinados, tremendamente amplios, habitados por mecedoras y abanicos de techo, plataneras flirteando con flores exóticas, pájaros aportando su peculiar banda sonora.
Una joya. Por eso hace ya 20 años, las hordas de extranjeros que vinieron a la ciudad (muchos de ellos de EEUU) compraron una gran cantidad de propiedades que se han quedado convertidas en fantásticos hoteles "boutique" o rincones "con encanto". Hay alojamientos verdaderamente preciosos, lujos para los sentidos y auténticos caprichos. Los precios oscilan entre 30 y 60 euros, lo que no parece nada exagerado pero para nosotros se convierte en un lujo (para haceros una idea, vivimos con una media de 10€ persona/día) que no podemos permitirnos (y no queremos, siendo leales a nuestra filosofía)
Llovía a cántaros cuando quisimos salir del hostal, en cuanto pisamos la Plaza Colón, alma y vida de la ciudad. Bajo los soportales nos pillaba igualmente la lluvia, que azotaba con furia. Huyendo del frío viento, acabamos resguardados en un palacio que hacía las veces de centro cultural. Anonadados, empezamos a ver cómo en el patio central, sobre las baldosas pintadas a mano, comenzaba una clase de kárate. En una nave lateral, un par de chavales practicaban bailes populares y poco más allá, un profesor impartía clases de baile latino. Areia estaba fascinada con la actividad del lugar. Nosotros nos maravillamos con la versatilidad y la capacidad de adaptación de esta gente.
Aunque la lluvia no parecía ceder, al menos la tormenta amainaba, así que fuimos a buscar un sitio donde cenar. Dimos un buen paseo para percatarnos de que la invasión llegaba a extremos, y no encontrábamos un plato nica normal, menos aún a precios populares.
Finalmente dimos con un rincón popular, donde tuvimos un gran rato de conversación con Danilo a la par que nos deleitábamos con sus burros, sus quesillos, sus reprochetas y, como no, sus frescos de cebada y tiste. Danilo nos estuvo contando preocupado como temía que Daniel (Ortega) se reeligiese. Granada ha sido desde siempre el bastión liberal, la oposición al régimen sandinista y está temerosa de que Ortega repita, pero están convencidos de que las elecciones serán un fraude y volverán a tomar el poder. Nos abstuvimos de comentar algunas cosas que eran muy contrarias a otras conversaciones que hemos tenido previamente con otra gente del pueblo, pero con el rico sabor de los frijoles colados y el queso de las tortillas, todo era más liviano.
Esta mañana hemos amanecido a las 6.40, haciendo tiempo para pegarnos una ducha y sobre las 7.30 estábamos desayunando nuestro gallopinto y omelete (tortilla aquí es otra cosa) para empezar el día con energía. Queríamos ver la ciudad pero hemos hecho un tour bastante distinto.
Hemos empezado subiendo a la torre de la iglesia de la Merced, desde donde se contemplaban los límites de la ciudad y podíamos situarnos en los puntos cardinales. Después, queríamos callejear sin rumbo fijo, parándonos en lugares que nos interesaran por razones varias. Una de las paradas más instructivas ha sido la "ladrillería" en la que todavía realizaban baldosas de forma totalmente artesanal, pintadas una a una. Pavimentos de casas como los de toda la vida, con motivos florales, geométricos o de aguas. Hemos visto el proceso y nos ha maravillado la calidad del producto. Apenas quedan un par de fábricas de estas en Nicaragua y pocas quedarán en el mundo. Nos hemos asomado a mil patios, hemos oteado por cien ventanas y hemos querido descansar con un jugo de frutas en un hotel que es un proyecto de ayuda a la educación, el hotel "Con corazón", un pequeño oasis de tranquilidad y gozo donde nos hemos refrescado a la par que Miguel trataba de enseñarle a Areia los movimientos del ajedrez con uno gigante que había en el patio y que se jugaba sobre las baldosas.
Todavía el sol nos acompañaba levemente a nuestra salida pero pronto las nubes amenazaban y finalmente nos hemos dado una pequeña carrera de vuelta al hotel para tratar de poner a salvo la colada de esta mañana. Al llegar, el personal del hotel ya había puesto a salvo nuestras prendas, que pendían bajo techo.
Armados de valor y sin chubasquero, nos hemos acercado al borde del lago (Nicaragua) a pasear por el perímetro urbano. Hemos querido conocer también la "Casa de la Mujer" (con ayuda del gobierno de Aragón) y, como no, el parque de bomberos, donde hemos sabido que su "voluntariedad" les supone un sueldo ínfimo de 30€ al mes (para el capitán) y 15 para el bombero raso. Es comprensible que sea algo vocacional y, como decía Carlos, que les reporta tano sólo "carisma" con la sociedad.
Parada y fonda en una de las avenidas más emblemáticas, donde hemos saboreado una ensalada y unos nachos. Eso sí, también hemos comprobado que el té no es apto para menores. Areia le ha pegado un par de sorbos y ha cogido una "borrachera" durante la tarde que nos tenía alucinados. Estaba "espitosa" y subidísima de tono, con risa tonta y dando saltos inesperados. Para la resaca, la hemos llevado a tomar un croissant de chocolate y un zumo de frutas. Parece que ya se ha calmado.
Hemos visitado varios proyectos, desde una casa donde hacen hamacas para ayudar a chavales de la calle hasta un centro cultural (Tres mundos) donde los jóvenes ensayan sus instrumentos en el patio y puedes deleitarte por igual con la música o con el arte que cuelga de sus paredes. Por contra, nos ha llamado la atención las inmensas tiendas de "ropa americana" que resultan ser de segunda mano, alimentadas con donaciones (algo más que obvio) pero que se lucran de la venta (aunque los precios sean populares). No sabemos muy bien cómo está gestionado, o quién "intercepta" esa ayuda y la destina así, pero nos tiene algo mosquedados.
Sigue lloviendo. En un rato cenaremos algo y nos retiraremos relativamente pronto (a las 20 se queda todo desierto). Finalmente hemos decidido escaparnos mañana en busca de un lugar algo más tranquilo y retirado. Nos iremos a pueblecitos más chicos, donde las masas no inunden todo y podamos respirar y andar más anchos.
De momento, seguimos deleitándonos con la belleza que ofrece la Gran Sultana.

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