Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

martes, 28 de enero de 2014

Yakarta. Transición.

Jakarta no es una ciudad de luces y sombras, Jakarta es directamente, oscura.

Tal vez es una de las capitales menos atractivas de Asia. Incómoda para manejarse, demasiado extensa, con pocos atractivos, carencia de aceras por completo y, para el colmo, sufre los atascos más monumentales del planeta. 

Debo decir, eso sí, que cuando aterricé en Soekarno-Hatta, me invadió una alegría indescriptible. Era como estar en casa. Calor, sonrisas, un lenguaje comprensible (el indonesio es, sin duda, de lo más accesible lingüísticamente en la zona), rostros afables y risas. Por supuesto, también el caos, la humedad, el desorden, la suciedad. No era mi primera vez en la ciudad. Es más, hacía pocos meses que había pasado por ese mismo escenario. Tal vez víctima de esa cercanía, bajé del avión y me quedé junto a la cinta que traía los bultos de Taipei. Al ver que allí no quedaba nada y mi maleta no aparecía, me entró un conato de desesperación. Sólo pensar que tenía que irme de compras me estaba entrando sudor frío. Pero un amable currante se me acercó. Le dije que había volado con China Airlines y que mis bultos no aparecían. Resultó que habían llegado dos vuelos de Taipei a la vez (manda huevos, teniendo en cuenta que sólo había 4 cintas abiertas) y estaba un poco más para el fondo. 



Maleta en mano, agotada por el madrugón y el vuelo, di instrucciones a mi taxi para llevarme al hotel que había reservado. Ya que iba a estar en una ciudad tan anodina, me busqué un hospedaje de lo más original. 



El Artotel es nuevo en la city, tiene un enfoque muy distinto a todos los hoteles internacionales. Es evocador, original, artístico, divertido, fresco y diferente. Además, es cómodo, ofrece todos los servicios deseables y un precio más que razonable. Unos 45 euros la doble por noche. Pedazo de buffet incluido en el desayuno.

Salí a dar una vuelta, pegar un bocado y retirarme cuanto antes. Después de 90 minutos metida en un coche tratando de llegar a destino, lo que apetece es desconectar. 



Una transición necesaria, breve y contundente.

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