Tal vez es una de las capitales menos atractivas de Asia. Incómoda para manejarse, demasiado extensa, con pocos atractivos, carencia de aceras por completo y, para el colmo, sufre los atascos más monumentales del planeta.
Debo decir, eso sí, que cuando aterricé en Soekarno-Hatta, me invadió una alegría indescriptible. Era como estar en casa. Calor, sonrisas, un lenguaje comprensible (el indonesio es, sin duda, de lo más accesible lingüísticamente en la zona), rostros afables y risas. Por supuesto, también el caos, la humedad, el desorden, la suciedad. No era mi primera vez en la ciudad. Es más, hacía pocos meses que había pasado por ese mismo escenario. Tal vez víctima de esa cercanía, bajé del avión y me quedé junto a la cinta que traía los bultos de Taipei. Al ver que allí no quedaba nada y mi maleta no aparecía, me entró un conato de desesperación. Sólo pensar que tenía que irme de compras me estaba entrando sudor frío. Pero un amable currante se me acercó. Le dije que había volado con China Airlines y que mis bultos no aparecían. Resultó que habían llegado dos vuelos de Taipei a la vez (manda huevos, teniendo en cuenta que sólo había 4 cintas abiertas) y estaba un poco más para el fondo.
El Artotel es nuevo en la city, tiene un enfoque muy distinto a todos los hoteles internacionales. Es evocador, original, artístico, divertido, fresco y diferente. Además, es cómodo, ofrece todos los servicios deseables y un precio más que razonable. Unos 45 euros la doble por noche. Pedazo de buffet incluido en el desayuno.
Una transición necesaria, breve y contundente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nos encanta que nos contéis cosas, así que no seáis tímidos...