Lo mejor para empezar un dia es hacerlo con una bronca. Sobre todo cuando has pasado la noche plegado en un autobus, son las 5.30 e intentas despegar los ojos con dignidad y saber donde te encuentras.
Pero es lo que tiene cualquier estacion a esas horas de la manyana. Busca-vidas y poco mas pululan por las avenidas casi vacias. Y nuestro bus, que ademas insistio en llegar mas pronto que nadie (justo cuando habiamos conciliado el suenyo).
Quedamos en que los dos ojeks (moto taxis) nos llevaban al centro por 40.000. De pronto, tras un corto trayecto nos llevan a una zona que no es la que queriamos, a un hotel que debia ser del primo. Les dijimos que no, que habiamos dicho el centro y la estacion de tren. Nos pedian otros 20.000 por llevarnos. Ya empezamos.... Les reiteramos que el acuerdo no era asi y nos ofrecieron llevarnos de vuelta a la estacion de buses de gratis pero, si queriamos ir a Sosro, teniamos que pagar la diferencia. Despues de mucha discusion, aceptaron llevarnos pero, cual fue nuestra sorpresa cuando veo que la moto que lleva a Miguel se va por una avenida y la nuestra gira por otra muy diferente. Le pegue un toque al motorista pero me dijo que daba igual. Si, claro, da igual si sabes donde vas, pero no habiamos dado destino fijo...
Tras cinco minutos de angustia y de pensar donde acudir en caso de que nos dejaran en lugares muy distintos, aparecimos por ambos lados de la misma calle para unirnos en el centro. La emocion me embargaba como si no hubiese visto a Miguel en dos semanas. Les pagamos lo acordado y comenzamos nuestro periplo para encontrar algo que desayunar y situarnos.
Tomamos como referencia la estacion de tren, que estaba cerca y siempre aporta mucha vida. Apenas eran las 6.30 y habia puestecitos con bebidas y desayunos pero nada de informacion para reservar o comprar billetes. A zampar.
La billeteria no abria hasta las 8, por lo que optamos por buscar alojamiento. "Penuh" colgado en casi cualquier entrada. Full. Full. Full. Full. Lo mejor es que venga un local, te coja de la mano y te lleve donde parece que si hay sitio. Y asi nos paso. Ademas, no era hora de hacer check out (excesivamente temprano) y era dificil saber si habia realmente un hueco. Y no era cuestion de guiris, sino que media Java y casi toda Jakarta inundaban la ciudad para su dia grande, su Idul Fitri y su puente. Hora punta donde las haya.
Finalmente, callejeando dimos con Betty, un pequenyo y discretisimo alojamiento que nos ofrecia una habitacion doble oscura y lugubre pero muy limpia. Nos daban un colchon para Areia que tuvimos que encajar sacando la mesita de la television pero nos parecio un lujo y un fabuloso mundo horizontal donde poder estirarnos, pegarnos una ducha y ponernos cara nueva para recomenzar el dia.
Betty y Ary, los duenyos, son divertidisimos. Betty apenas chapurrea ingles pero tiene cara de chiste y es un encanto. Ary habla lo que se tercie, conoce a Juan Carlos I, a Franco y hasta nos pregunto si eramos espanyoles "de verdad" porque decia que todo lo que llegaban eran catalanes y vascos, y que ellos dicen que no son de Espanya. "No te preocupes, Ary, nosotros somos de donde haga falta". El hombre todavia anda algo confuso.
Acudimos de nuevo a la estacion, solo para encontrar que los billetes de todas las clases, todos los trenes, todos los dias, estaban vendidos hasta el 22. Ni un solo hueco. Nada que fuera hacia Jakarta.
Nos quedaba seguir mirando buses, transporte privado y vuelos. Lo que fuera con tal de llegar a la capital.
La mayoria de buses salian el sabado 17 entorno a las 14 horas, llegando a Jakarta en teoria sobre las del dia siguiente (si, son 700 kms en unas 14 horas) pero la aproximacion horaria era mas bien sobre las 10 u 11 de la manyana si el trafico era tal como se preveia. La misma situacion se daba en minibuses privados, mas economicos pero tambien sin ser comodos y reclinables. Y los buenos buses tampoco son regalados.
Despues de dar vueltas, mirar alternativas y devanarnos los sesos, decidimos hacer un break, tomar un cafe y sopesar las opciones. Hay ocasiones en las que te decantas por lo mas practico, aunque ello conlleve mayor esfuerzo economico. Volar era una inversion mucho mayor (el doble que el bus) pero tampoco nos sacaba de pobres. Y nos daba dos dias mas de vacaciones (el sabado completo y el domingo hasta la tarde) y, sobre todo, tranquilidad. Escogimos un vuelo no muy tardio (a las 19 horas) para no apurar demasiado con nuestra conexion internacional y jugarnosla a una carta. Compramos los billetes y casi nos pusimos a saltar.
Oooooooooooooommm...
No sabeis lo que respiramos.
Ya podiamos callejear, pasear, mirar, tocar y disfrutar.
Yogya o, al menos el centro de Yogya, es muy facil de localizar y sencillo para moverse. La calle central, la Maliboro (antiguamente dedicada al Conde de Marlborough) vertebra la zona y concentra, a un lado, tiendas y mas tiendas de camisetas y batiks. Al otro, puestos de comida callejara que aparecen de un color durante el dia y de otra forma bajo el velo de nocturnidad.
Aprovechamos para recorrer todo el largo, haciendo paradas en la oficina de turismo, correos y algunos edificios mas. Al final se situa el kraton, la antigua ciudad donde esta el palacio del sultan.
Advertencia: si alguien tiene ganas de visitar el Palacete, ni se os ocurra acercaros, a no ser que vengais con una escoba y un cubo de Zotal. El estado del edificio es muy triste. Todo ha sido expoliado, no ha visto una mopa o un mocho en unos 10 anyos y la arena rechina bajo las sandalias de los paseantes. Es un espectaculo bochornoso por el que no merece la pena pagar, puesto que siquiera hay algo interesante que ver o disfrutar.
Poco mas y mejor se puede decir de el Taman Sari, el castillo de agua, que fue lugar de retiro del sultan, con piscinas vacias y descoloridas, andamios sujetando lo precario de la estructura y dificultades incluso para verlo o entrar. El aspecto de dejadez que dejan algunos edificios gestionados por el gobierno da una pena terrible. Por suerte, otros como los edificios de correos o algunos bancos (privados, of course) se han restaurado y son lo poco que queda de la epoca colonial y arquitectura holandesa.
Estabamos cansados ya. Lo realmente interesante de nuestro paseo era callejear por las innumerables calles, callecitas y callejones que conforman Yogya. Tras una entrada poco marcada se encuentran autenticos laberintos. Los denominados "gangs" son pasillos y pasillos entreverados, estrechos pero muy bien mantenidos, decorados con graffitis, plantas, jaulas de pajaros y en un estado generalmente impecable. Da gusto pasear y, literalmente, perderse por ellos. Nosotros nos alojamos en la zona de Sosro, uno de los pasajes mas famosos y concurridos (por ser de los mas centricos) pero hay decenas de ellos por toda la ciudad. Y es encantador entrar en los menos visitados y pasar saludando a grandes y pequenyos, tomarse un "es buah" o algun otro aperitivo al atardecer.
El dia se nos hizo largo. Llevabamos desde las 5.30 paseando, resolviendo y tratando de organizarnos. Se nos cerraban los ojos. Nos conformabamos con cenar algo y plegar. El restaurante Superman, a pocos metros de nuestras camas se nos antojo perfecto.
Y todavia teniamos por delante tres dias para descubrir el corazon de Java.

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