Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

lunes, 5 de agosto de 2013

Maumere - Moni. Desenfreno y ... paciencia.

Los asiaticos en general son practicos y a todo le encuentran solucion. Aunque lleve horas. Para eso esta el tiempo; para usarlo y gastarlo a raudales...

Los dos ojeks que habiamos pactado con Antonio no estaban a las 7.30. Cuando se lo recordamos, hizo un gesto asi como de "uys, se me habia pasado". A los 3 minutos teniamos un par de motos esperandonos en la puerta. Nos llevaron a la estacion de buses. Areia, yo y las mochilas por un lado, Miguel por otro. Apenas cinco minutos y ya estabamos subidos al bus que nos llevaba a Ende. La idea era parar en Moni, unos 56 kms antes. La base para subir al Kelimutu.

Dimos varias vueltas en busca de pasajeros pero al ser domingo, la gente estaba mas preocupada en ponerse la ropa planchada y limpia, acudir a misa y descansar. Todo estaba cerrado. Se nos hicieron las 9 y para entonces parece que la cosa empezaba a funcionar. Subio una pareja de catalanes con la que empezamos a conversar. Todo pintaba bien. Solo una hora de retraso respecto al horario inicial. Se suponia que en 2/3 horas maximo estariamos en destino.

El viaje era agradable, con asientos para cada trasero, algunas cajas y no mucho mas ser vivo aparte de los presentes. Nada que oliese mucho. Un lujazo. Areia cayo redonda nada mas subir. Nosotros nos dedicamos a contemplar un paisaje increible, de un verdor insultante y lleno de vida. Grupos de feligreses yendo a la iglesia, familias enteras sobre motocicletas, dia de colada en todos los poblados... Tranquilidad absoluta.

El bus apenas paro para recoger algun pasajero mas o entrar en boxes para hinchar una rueda algo mas. Hasta que, sin previo aviso, paro en un lateral, bajo una ceiba y alli se quedo.

Sin mas explicacion, todo el mundo salio del vehiculo, se sento y se lo tomo con toda la calma del mundo. El conductor desaparecio por unos minutos. Averia seria. Los frenos. Algo asi quisimos entender. No podiamos seguir adelante. Tampoco nos dijeron si estabamos esperando recambio, una solucion milagrosa, una aparicion divina o un helicoptero particular. Nos pusimos a charlar con Alex y Cristina, los chavales de Martorell, hasta que, tras casi dos horas, empezabamos a tener algo de hambre. Estabamos cerca de un pueblito y compramos lo que habia: algunas galletas.

De plantón camino a Moni
Estuvimos alli pasadas esas dos horas cuando por fin aparecio una solucion: ibamos a subir en otro autobus. Ingenuos de nosotros, pensabamos que vendria otro para sustituirlo pero lo unico que llego fue el que habia salido algo mas tarde de Maumere, lleno hasta la bandera, para seguir su camino con nosotros. El unico espacio libre era el techo. Yo visualice de pronto a Areia agarrada a los hierros del maletero superior, volando en cada curva y, sinceramente, no me maravillo la idea. La fantastica gente indonesia enseguida encontro un hueco para ella entre unas amables senyoras. A mi me apanyaron una caja de cervezas al reves, con lo que todavia tengo los cuadritos de la rejilla en el trasero, pero al menos podia estar con Areia. A Miguel no le quedo mas que subir al techo.

Los catalanes decidieron quedarse a esperar alguna otra cosa.

Lo mejor fue que, media hora mas tarde, parabamos a comer a apenas otros treinta minutos de nuestro destino. Nosotros que tan optimistas habiamos sido de imaginarnos sobre las 11 en Moni y eran casi las 14 y todavia estabamos en ruta. De cualquier forma, tampoco habia prisa ninguna asi que, para que correr??


Finalmente bajamos en el Arwanti, el hotel que teniamos mirado para dormir y alli estaba nuestro fantastico bungalow triple, con una inmensa cama doble con dosel y una habitacion sencilla para Areia. Lo mas lujoso en un viaje asi: algo de intimidad... Sabanas blancas, impolutas, un espacio perfecto y un precio razonable para estar en uno de los puntos mas abarrotados de Flores (300.000, unos 24 euros). Hablamos con Tam, el duenyo, que intentaba convencernos de subir al volcan a esas horas, siendo ya las 16 y con visos de anochecer en apenas una hora y media. Le agradecimos el gesto, pero preferimos apostar por el madrugon, ya que queriamos bajar andando despues.

Para rematar la tarde y estirar las patas, nos fuimos a ver una cascada cercana. Tres alemanas paseaban tranquilamente con sus chanclas cuando escuchamos un grito. Una de ellas se habia resbalado por una inmensa piedra que hacia las veces de tobogan suicida. Aterrizo en el rio totalmente empapada y algo magullada pero, con mucho estilo, se quito el pareo y se puso a lavarlo, como si tal cosa. Ante todo, dignidad.
Lujazo de noche en Arwanti
Subimos por un caminito que daba a un pequenyo "homestay", un hotelito de Agnes. Alli nos sentamos a charlar y tomar un cafe con la duenya, que estuvo vendiendonos las maravillas de su cocina. Al rato aparecieron los catalanes, que casualmente habian acabado por el mismo camino. Charlamos unos minutos mas hasta que vimos que empezaba a anochecer y nos esperaba el mismo puente de bambu (puente es un eufemismo, era mas bien una barra de equilibrios un poco ancha) que nos habia hecho reir y temblar a la ida. No queriamos darle mas emocion borrando la luz.

Risas tontas pasando por el puente de bambú
De vuelta en el Arwanti, cerramos con Tam la salida para el dia siguiente, organizamos nuestras cosas y salimos a cenar. La oferta hostelera de Moni es amplia. Al ser centro de partida para la subida al volcan Kelimutu, atrae a muchos visitantes e incluso ellos mismos confiesan que "tienen que concentrar sus ganancias en dos meses" con lo que los precios difieren bastante del resto de la isla. Eso si, hay para todos los gustos, desde el "ecolodge" de lujo con comida "organica" y cocina fusion, hasta el hostalito local con su warung enfrente. Alli es donde acabamos cenando, en el "barecillo" donde solo servian sopa (bakso), pudiendo elegir entre huevo o sin huevo. Stop. Asi que, tres sopas al canto y un par de tes mas tarde, estuvimos contemplando como la cocinera daba clases de lectura a media docena de ninyos, que recitaban en voz alta las lineas que les marcaba, canturreandoles. Cuando se levantaba a mover el caldo, les hacia tambien entonar una melodia. Un buen entretenimiento con el bakso.

Un niño escapado de sus clases....

Sobre las 20.30 estabamos ya plegando para meternos en la cama. El despertador marcaba las 4.15. Al menos dormiriamos casi las 8 horas establecidas.




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