Los dos ojeks que habiamos pactado con Antonio no estaban a las 7.30. Cuando se lo recordamos, hizo un gesto asi como de "uys, se me habia pasado". A los 3 minutos teniamos un par de motos esperandonos en la puerta. Nos llevaron a la estacion de buses. Areia, yo y las mochilas por un lado, Miguel por otro. Apenas cinco minutos y ya estabamos subidos al bus que nos llevaba a Ende. La idea era parar en Moni, unos 56 kms antes. La base para subir al Kelimutu.
Dimos varias vueltas en busca de pasajeros pero al ser domingo, la gente estaba mas preocupada en ponerse la ropa planchada y limpia, acudir a misa y descansar. Todo estaba cerrado. Se nos hicieron las 9 y para entonces parece que la cosa empezaba a funcionar. Subio una pareja de catalanes con la que empezamos a conversar. Todo pintaba bien. Solo una hora de retraso respecto al horario inicial. Se suponia que en 2/3 horas maximo estariamos en destino.
El viaje era agradable, con asientos para cada trasero, algunas cajas y no mucho mas ser vivo aparte de los presentes. Nada que oliese mucho. Un lujazo. Areia cayo redonda nada mas subir. Nosotros nos dedicamos a contemplar un paisaje increible, de un verdor insultante y lleno de vida. Grupos de feligreses yendo a la iglesia, familias enteras sobre motocicletas, dia de colada en todos los poblados... Tranquilidad absoluta.
El bus apenas paro para recoger algun pasajero mas o entrar en boxes para hinchar una rueda algo mas. Hasta que, sin previo aviso, paro en un lateral, bajo una ceiba y alli se quedo.
Sin mas explicacion, todo el mundo salio del vehiculo, se sento y se lo tomo con toda la calma del mundo. El conductor desaparecio por unos minutos. Averia seria. Los frenos. Algo asi quisimos entender. No podiamos seguir adelante. Tampoco nos dijeron si estabamos esperando recambio, una solucion milagrosa, una aparicion divina o un helicoptero particular. Nos pusimos a charlar con Alex y Cristina, los chavales de Martorell, hasta que, tras casi dos horas, empezabamos a tener algo de hambre. Estabamos cerca de un pueblito y compramos lo que habia: algunas galletas.
| De plantón camino a Moni |
Los catalanes decidieron quedarse a esperar alguna otra cosa.
Lo mejor fue que, media hora mas tarde, parabamos a comer a apenas otros treinta minutos de nuestro destino. Nosotros que tan optimistas habiamos sido de imaginarnos sobre las 11 en Moni y eran casi las 14 y todavia estabamos en ruta. De cualquier forma, tampoco habia prisa ninguna asi que, para que correr??
Finalmente bajamos en el Arwanti, el hotel que teniamos mirado para dormir y alli estaba nuestro fantastico bungalow triple, con una inmensa cama doble con dosel y una habitacion sencilla para Areia. Lo mas lujoso en un viaje asi: algo de intimidad... Sabanas blancas, impolutas, un espacio perfecto y un precio razonable para estar en uno de los puntos mas abarrotados de Flores (300.000, unos 24 euros). Hablamos con Tam, el duenyo, que intentaba convencernos de subir al volcan a esas horas, siendo ya las 16 y con visos de anochecer en apenas una hora y media. Le agradecimos el gesto, pero preferimos apostar por el madrugon, ya que queriamos bajar andando despues.
Para rematar la tarde y estirar las patas, nos fuimos a ver una cascada cercana. Tres alemanas paseaban tranquilamente con sus chanclas cuando escuchamos un grito. Una de ellas se habia resbalado por una inmensa piedra que hacia las veces de tobogan suicida. Aterrizo en el rio totalmente empapada y algo magullada pero, con mucho estilo, se quito el pareo y se puso a lavarlo, como si tal cosa. Ante todo, dignidad.
| Lujazo de noche en Arwanti |
| Risas tontas pasando por el puente de bambú |
| Un niño escapado de sus clases.... Sobre las 20.30 estabamos ya plegando para meternos en la cama. El despertador marcaba las 4.15. Al menos dormiriamos casi las 8 horas establecidas. |

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nos encanta que nos contéis cosas, así que no seáis tímidos...