Incluso nosotros en ocasiones (pocas, muiy pocas) tenemos nuestras pequenyas diferencias en cuanto a lo que hacer o que destino tomar. Nuestro ultimo dia en Bali daba para un par de opciones. Cierto es que Miguel tenia una ilusion tremenda por visitar el Tanah Lot, el templo mas fotografiado de la isla, del que tenia una imagen grabada y ... ya sabeis como son estas cosas a veces. Era justo acercanos a verlo. Ademas, habia podido descansar, ya estaba recuperado y merecia un premio (o muchos...).
Pues alla que nos fuimos.
Las carreteras de Bali (por si no lo he dicho ya) requieren un buen mapa, un sentido fantastico de la orientacion (ambos los teniamos) y una dosis de paciencia y preguntas fuera de lo normal. Incluso inquiriendo en cada esquina (gran parte de las veces se acercan cuando te ven con el mapa) no es dificil perderte.
Nos costo un poco llegar, pero cuando estuvimos alli, no habia duda. Esa masa ingente de locura de un lado a otro, los cientos de buses de japoneses, las hordas de gente en las miles de tiendas de recuerdo. El Tanah Lot es como un lugar de peregrinacion. Tras pagar los consiguientes peajes (entrada, parking, ...) y conseguir saber cual es la puerta de entrada - camuflada entre las tiendas, solo hay que seguir el rastro de souvenirs, cajeros automaticos, vendedores persistentes y hasta un cine en 5D (todavia no he averiguado cuales son las 2 que me he perdido). Lo gracioso es llegar a la orilla, a las rocas que se acercan al templo, y ver todos los grupos haciendose fotos, evitando las olas (algunas realmente podian empapar) y siguiendo las banderitas. Lo mejor es que las instantaneas mas brillantes y las mejores vistas estaban en otros rincones donde la gente siquiera subia.
El dia estaba gris con nubarrones negros y las olas eran impresionantes. Lo grandioso era ver romper la espuma contra la gran roca sobre la que se encuentra el templo. Como es habitual, lo interesante no es el edificio en si, sino la situacion, puesto que emerge sobre un islote cercano a la costa, ahora parcialmente reconstruido con fondos japoneses (la erosion lo hacia peligrar) y que ejerce una atraccion realmente incomprensible. Curiosamente, el otro templo que se situa mas a la derecha tiene incluso mejor situacion (es una peninsula) pero alli solo acude un tercio de los visitantes.
El espectaculo era un tanto triste, pero sacamos lo positivo, nos reimos un rato y logramos unas fotos de las olas, el cielo emborronado y el dia intenso que merecieron la pena. Nos escondimos durante un rato en un warung local a tomar algo, con la sensacion de que habiamos escapado de la marabunta. Solo a la hora de volver a recoger la moto nos acordamos de que todavia estabamos bajo la influencia del Tanah.
Dedicamos la tarde a pasear por la zona del interior, subiendo por las carreteras de montanya, subiendo al norte de Tabanan y vagando por carreteritas encantadoras. El culmen fue llegar a Jatiluwih, un pueblecito a unos 800 metros de altitud que goza de uno de los valles mas espectaculares de arrozales. Hectareas de cultivo, terrazas interminables, posibilidad de pasear entre ellos y perderte con sus reflejos, viendo volar las garzas o siguiendo la cadencia de los espantapajaros.
Quisimos innovar para la vuelta y acabamos dando de bruces (casi literalmente) con una carretera preciosa pero destrozada. Se nos alargo un poco el regreso pero tambien disfrutamos de una zona excepcional.
Llegamos a Ubud ya entrada la noche, con las nubes amenazando tormenta. De hecho, fue aparcar y las gotas empezaron a taladrar nuestras cabezas. Era el momento ideal para dar una vuelta por un Ubud tranquilo y reposado. Y aun mas, optamos por organizar un masaje de pies para Miguel y Areia mientras yo me hacia un "spa capilar" (una forma facil de lavarse los pelos sin tener que sufrir el agua fria por la espalda) La verdad es que fue una experiencia divertida, verme con una mascarilla frutal, la cabeza enrollada en celofan y bajo el secador que humedecia mis cabellos. Mientras tanto, la moza me iba dando un masaje de cuello y de brazos. Una gozada!!!
Con esa guisa y una sonrisa en la boca, pensamos que, para variar, una pizza no seria mala opcion. Una "japonesa", eso si, con berenjena y una pila de rucula con salsa de cebolla. Original, creativa y la puntilla perfecta para un gran dia.

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