Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

jueves, 15 de agosto de 2013

Despedida de Ubud y traslado a Java

Confieso que Bali, su tranquilidad, su "rollito zen", su ambientillo alternativo y la calma que se respira (en algunos rincones) puede llegar a enganchar. Pero no podiamos quedarnos forever....

Habiamos comprado el billete de salida nada mas llegar, vistos los problemas que estamos teniendo con los transportes, con lo que teniamos las horas contadas.

Sobre las 12 teniamos que emprender camino a Ubung, apenas 15 kms de Ubud pero un trayecto que puede costar entre una hora o una hora y media.

Asi que, con pena y un pequenyo peso en el corazon, fuimos a pasear por Ubud, una ciudad que alcanza su esplendor a partir de las diez de la noche o a primera hora de la manyana, cuando no hay un alma por sus calles, los neones se han apagado y sus callejones, su encanto, sus rincones, brillan con todo esplendor sin ningun tipo de distraccion.

El mercado ya habia despertado, la vida estaba invadiendo por momentos las calles, pero aun asi, pudimos decir adios a esta ciudad que nos ha acogido durante nuestra estancia y nos ha servido de base de operaciones. A las 12 estabamos disfrutando de unos zumos y unos dulces de despedida. Nos asomamos para ver si el taxista con el que habiamos quedado estaba alli pero no habia ni rastro del tipo. Seguramente le habria salido una carrera mejor. No fue dificil encontrar otro, sabiendo de antemano cual era nuestro presupuesto maximo.

El trafico hasta Ubung era denso y el taxista incluso se preocupo, llevandonos por las zonas menos transitadas. Llegamos con tiempo suficiente para tomar un bakso, unos tes y comprar algunos aperitivos por si acaso las comidas estipuladas nos fallaban.

Nos tranquilizo saber que aquel papel que nos habian dado unos dias antes era, de hecho, un ticket para los tres en el bus nocturno. Nos dieron el equivalente oficial y nos pidieron que a las 14 horas estuvieramos en nuestros asientos. Puntual como un reloj y medio vacio (contamos once almas) salimos en direccion oeste, camino a Java.

A pesar de que son apenas 80 kms, el trayecto fueron casi 4 horas. Entre la salida de la ciudad y que las carreteras no son ligeras, llegamos a Gilimanuk con la noche amenazando sobre nuestras cabezas. El trayecto en ferry duro cerca de una hora, gran parte de la cual la pasamos esperando turno para atracar. Nada mas subir al barco, un grupo de chavales se ofrecia a tirarse por la borda a cambio de recoger despues billetes y monedas. El numero de la cabra version indonesa. Luego buceaban para recoger las piezas. Para que luego no digan que no hay creatividad.

Atracamos en Java entrada la noche. Desde Ketapang tomamos carretera rumbo al oeste.

Sabiamos que en algun momento pararia a cenar, pero no habiamos entendido muy bien ni donde ni cuando. Preocupados por la hora (nos olvidamos vilmente de que era una hora menos), dimos por hecho que la yuca frita que habiamos zampado iba a ser nuestro unico manjar. Cuando paramos a repostar, con mucho tacto le pregunte al conductor (que no hablaba una palabra de ingles) que si ibamos a parar para cenar. Ahora ... o algo asi, me indico con un gesto conjunto de la cara y la mano. En fin... al menos significaba que en algun momento, nos iban a alimentar. Para entonces, Areia dormia ya.

Finalmente fue casi a las 21 cuando paramos a cenar. 22 hora balinesa. Teniamos hambre y el buffet nos supo a poco, pero con los 20 minutos escasos de parada, tampoco nos podiamos encantar.

La noche iba a ser larga... Fuera luces, carretera eterna y unas 8 horas mas por delante.

Por suerte el bus era tremendamente comodo, con asientos muy muy reclinables, apoya pies, agua, "snacks", mantitas (necesarias, dado el enfasis en poner a toda pastilla el aire acondicionado) y espacio. Aprovechamos para coger dos asientos por cabeza, con lo que ibamos como absolutos reyes. Areia tardo unos dos minutos en quedarse dormida tras la cena. Miguel y yo tardamos un poco mas, pero he de decir que he logrado casi dormir unas pocas horas seguidas, a pesar de que tras coger Fitipaldi el volante, luego le siguio Senna.... Intente dominar mi panico por los bandazos que daba el bus y evadirme del todo. La experiencia del banyo ya era en si deporte de riesgo y creo que todavia tengo agujetas en el brazo de la fuerza de agarrarme al tirador para no salir despedida y caer al cubo del agua de lavarse el trasero. Ahora entiendo porque todos esperaron a la parada de la cena para ir a desfogarse.... Para la proxima ocasion, lo tengo apuntado.


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