Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

lunes, 12 de agosto de 2013

Gunung Batur. Una vuelta al volcan mas temperamental de Bali.

Hoy el dia salio mas gris. No solo porque lloviznara durante la noche, sino porque Miguel tambien paso un trance con fiebre muy alta y poco descansar. Parecia algo mas recuperado en cuanto a temperatura, pero apenas habia descansado y estaba maltrecho. Aun asi, insistia en que volviamos a salir con la moto a dar una vuelta.

Habiamos previsto una ruta que hemos replanteado sobre la marcha. Esta vez queriamos irnos algo mas al este de la isla, acercandonos al Gunung Batur, con su caldera en forma de lago e incluso con la posibilidad de acercarnos al Gunung Agung, el "ombligo" de Bali.

Sin prisas, tras disfrutar el desayuno, hemos cogido la carretera hacia Tegallagang, que no es mas que una sucesion infinita de tiendas de tallas de madera por un lado, de moviles (colgantes) por otro, atrapasuenyos, muebles, baratijas, marionetas... La mayoria de ellas vendiendo al por mayor o dedicadas por completo a la exportacion. Entre unas y otras, agentes aduaneros y encargados de llevar a cabo los tramites mas engorrosos. Bali (y sobre todo la zona de Ubud) es un gran centro comercial donde todo se compra, todo se vende y todo se encarga. Si no existe, lo fabrican para ti. Solo tienes que pedir lo que quieres y lo haran realidad. De lo mas cutre, barato y hortera hasta lo mas lujoso, exquisito y selecto. Variedad. Un paraiso para los compradores.

Tras una pequenya parada para ver unas terrazas (todavia no hemos encontrado las que superen a las de ayer), nos hemos acercado a Tampaksiring, donde estaban tanto el Tirta Impul, que es un complejo de templos y piscinas que provienen de un manantial sagrado que se establecio en el siglo X. Algunos fieles se banyaban bajo los chorros, que dicen tener propiedades magicas. Nosotros no estabamos por la labor de enfriarnos un poco mas. Tambien nos tienen bastante limitados, ya que todos aquellos que no pertenecemos a la religion hindu tenemos el acceso vetado a practicamente casi todos los complejos sagrados. De hecho a la zonas que si tenemos entrada, hemos de ir "disfrazados" y colocarnos un sarong (por suerte para nosotros los pantalones largos hacen la misma funcion) pero no nos libramos del simbolico cinturon que, generosamente, te entregan a la entrada de cada recinto para no dar la nota (a mi me va bien porque los pantalones cada vez me vienen mas anchos... aunque luego hay que devolverlo).

La otra atraccion cercana es el Gunung Kawi, del que el entorno resulta mucho mas atractivo que el monumento en si, puesto que se halla en el interior de un valle exuberante y humedo, con rios y cascadas, enmarcado en arrozales. Si evitas escuchar las 200 veces que los vendedores ambulantes te ofrecen pareos por 1 o 2 dolares, si al final esquivas a las vendedoras de bebidas frescas y si, con todo, acabas por descender las escaleras sin haber comprado un craneo de vaca decorado, entonces puedes observar con cietra tranquilidad los "candis", templetes excavados en la roca de un tamanyo superior a los 7 metros.

Tras volver a pasar la prueba de las escaleras, y esta vez ademas hacia arriba, nos hemos ganado un descanso y un cafe en la tienda-cafe del pueblo. He comprado unos pastelillos de coco a una senyora en un puesto callejero y los hemos acompanyados con un kopi susu de sobre. Tienen los mejores cafes del mundo pero sirven unos polvillos asquerosos. Al menos dan el pego para pasar el rato.

Hemos emprendido carretera al norte, para toparnos con el pueblo de Penelokan, donde un simpatico policia nos ha parado para que no nos colaramos y pagaramos el ticket para entrar en la zona del Gungung Batur (lo llama proyecto geotermal o algo por el estilo para darle mas cache...). Una ristra de restaurantes y chiringuitos "con vistas" poblaban la zona alta. De nuevo, vendedores ambulantes de collares y pulseras de mal gusto, mandarinas, pomelos y "tamarellos" (una especie de ciruela con forma de aceituna gigante) atacaban al transeunte con insistencia.

Nos hemos acercado al extremo en el que la cresta empezaba su descenso, parando para poner gasolina a nuestra moto y buscando un lugar tranquilo donde pegar un bocado. En el mismo warung-gasolinera nos hemos establecido. Resulta que tenia posiblemente la mejor vista del volcan y el lago. La montanya todavia tiene restos de la ultima erupcion (en el 94) y que ha dejado una vertiente de la misma totalmente arrasada y ennegrecida. A su vera, el danau Batur, un inmenso lago con varias poblaciones riberenyas adornandolo, supone un contraste curioso a los colores verdoso y marron del volcan.

La temperatura a 1300 metros cae vertiginosamente. Las tiendas de chaquetas y hasta los guantes aparecen por arte de magia. Llevabamos toda la ropa puesta y nos ha apetecido una sopa caliente y con caracter. Con el cuerpo bien animado y repuesto, estabamos listos para iniciar el descenso.

Miguel estaba mas a tono, pero no del todo recuperado. Hemos optado por abandonar la idea de ver mas templos que quedaran fuera de la ruta de regreso, evitando anyadir kilometros y horas de paseo. Tomando la ruta alternativa que va por Suter y que transcurre por un paisaje humedo, cerrado y muy umbrio, hemos empezado nuestro regreso a casa, aunque sin prisa y con unas paradas mas por delante.

Muy cerca de Ubud se halla la Cueva del Elefante, Goa Gajah en lengua local. Estaba bajando el sol y la luz que iluminaba el arbol central del complejo lo hacia aun mas magico Era el punto focal real de nuestra visita. La cueva, cuya entrada es una espeluznante representacion de un demonio que hace llorar a los mas pequenyos, que se alejan corriendo y se niegan a entrar. Tambien hay unas piscinas para banyos con unos grifos de feminas tetonas muy seductoras. Lo mejor, como suele ocurrir, era el paisaje circundante. Arboles milenarios, cascadas, vegetacion exuberante y sonido de pajaros mezclado con risas de ninyos de las escuelas circundantes. Un pequenyo sendero apenas perceptible se adentraba en la selva. Lo hemos estado siguiendo, alucinando con las representaciones que iban apareciendo excavadas en diferente rocas, cubiertas todas ellas por espeso musgo, de caracter jocoso y divertido, casi ironico y hasta erotico en algunos sentidos. El sendero no parecia tener fin, pero la luz se estaba apagando y, como suele suceder, la oscuridad en estos lugares no es el efecto mas deseado, mas aun llevando lo puesto.

Nos ha vuelto a golpear el trafico de regreso a Ubud pero hemos llegado sanos y salvos.

Miguel se ha ido a que lo magreen un poco y que recompongan minimamente su maltrecha espalda. Lo mas probable es que acabe dormido en la camilla y babeando un rato. Cuando regrese iremos a cenar algo, descansar en nuestra cabanyita y plantearnos el dia de manyana segun nos vayamos encontrando.

De momento hemos desechado la idea de ir a Nusa Lembongan, una pequenya islita al sudeste de Bali. Por muy idilica que la pinten, nos tememos encontrarnos con muchos y muchos turistas, con lo que el aspecto emocional se nos ira por los suelos. Hemos disfrutados de playas para nosotros solos, increibles fondos coralinos y nos hemos hartado de ver peces. Creo que no hace falta estirarlo mas. Y daremos a Bali la oportunidad de mostrarnos ese otro lado que queda muy lejos de la manida playa.



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