Aparecio.
A las 8.10 aparecio el coche con Tono.
No las tenia todas conmigo, y no por Man y sus gestiones, sino porque siempre queda un restillo de duda que te deja inquieta, sobre todo cuando necesitas por narices que te lleven a algun sitio.
El trayecto no fueron ni las 3 horas que nos prometieron ni las 4 que esperabamos. Eran pasadas las 12 cuando llegabamos de nuevo a Ende. Tiempo suficiente para comer algo y acercanos al aeropuerto a realizar los tramites.
El aerodromo de Ende (no se puede ni llamar aeropuerto) es un edificio de una planta con un par de salas. El mostrador del check in parece mas bien una barra de discoteca. Todo el mundo se agolpa alrededor pero en lugar de un gintonic o un vodka con limon te pides un vuelo on the rocks o un pasaje con lima limon. Eso si, tardamos lo suyo en tener tarjetas de embarque. Ni un solo ordenador, todo manual y 7 personas apuntando freneticamente en innumerables hojas. Pagamos religiosamente nuestras tasas de embarque y pasamos a una inmensa sala. Ni un triste cafe ni un warung para un bocadito.
En la pista, la policia despejaba a unos transeuntes que cruzaban por el "atajo" hacia sus casas, donde esta abierto un trozo de valla.
Aterrizaron 3 aviones. Surgieron de la nada hordas de policias de todos los colores. Una vision un poco extranya para un lugar tan poco significativo. Montaron un inmenso pasillo y se dispusieron en formacion reglada. En la valla del exterior, miles de curiosos se agolpaban para ver el espectaculo.
El show no era ni mas ni menos que la llegada de dos feretros de un accidente ocurrido hacia un par de dias. No supimos los detalles, pero una vez embarcados en el avion el espectaculo habia acabado.
El vuelo a Denpasar hacia una pequenya escala en Sumba, donde acabamos de llenar el aparato. A las 17.30 hora local llegabamos a ese destino sonyado por muchos: Bali.
Me guardare mi opinion final para cuando logremos salir de la isla, pero ya sabiamos de antemano que no era el tipo de destino que nos iba a entusiasmar. Somos conscientes de que para muchos es un sinonimo de paraiso, pero no es el turismo que a nosotros nos mueve.
El aeropuerto recuerda ya de por si a cualquier isla balear. De hecho a mi me recuerda constamente a Ibiza, pero con un toque exotico. Hileras de tiendas, cientos de "outlets", tiendas occidentales, cadenas de comida rapida por doquier, consumo y mas consumo... Las afueras de Denpasar son espeluznantes en cuanto a frenesi consumista.
Nuestra primera parada fue Ubung, con intencion de comprar nuestros billetes de bus a Java (por eso de asegurarnos la salida), lo que ya tenemos cerrado para el dia 14. El 15 estaremos en Yogjakarta tras 17 horas de autocar. Pero eso ya llegara.
En Ubung aparecio Katut, un conductor de bemo que estaba a punto de retirarse por el dia. Negociamos con el un trayecto a Ubud y lo sacamos por un precio justo. La noche habia caido ya, llevabamos todo el dia viajando y queriamos llegar como fuera.
La llegada a Ubud, en la parte central de Bali pero alejado unos 20 kilometros de la capital, tambien estuvo marcada por cientos de neones, letreros luminosos, cientos de tiendas de disenyo, chiringuitos de souvenirs, restaurantes de lujo y, detras, casi luchando por dejarse ver, algunos templos, algunas casas de una belleza extraordinaria y una historia escondida intentando surgir.
Katut nos dejo en un sitio cualquiera de Monkey Road, la calle principal que vertebra Ubud y donde se encuentran los hoteles mas baratos.
Nada mas bajar, un hombre se ofrecio a ayudarnos. A la vuelta de la esquina nos mostro una pequenya entrada a una casa tradicional y alli habia un pequenyo bungalow tambien de madera y bambu, con una cama doble y una sencilla, un banyo que hasta tiene lavabo (y un conato de ducha) y todo por 200.000, una autentica ganga para una isla como Bali (unos 15 euros). Aceptamos el trato. Nos parecio ideal y ademas estabamos agotados. Junto a la casa (no se si tiene siquiera licencia como "hotel") habia un warung, el barecillo que ademas era de la familia, y nos dimos un gran homenaje culinario por menos de 5 euros (una cuarta parte de lo que cuesta cualquier otro restaurante) con comida local exquisita, dimos una vuelta por el barrio, que resulto ser un rincon encantador - otro mundo muy distinto de las calles centrales y que ponen los pelos de punta- y nos retiramos un tanto muertos, pero felices por haber encontrado ese lugar tan especial que nos va a servir de base para explorar la isla.

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