Salí de casa el domingo, con su obligatoria parada en Madrid (la vía internacional desde Valencia está muy limitada, aceptémoslo) para embarcarme en un largo día que parece no acabar. Hablo de ayer, anteayer cuando luego reflexiono y me doy cuenta de que ha sido esta misma mañana o que, en realidad, tampoco ha pasado tanto tiempo.
Efectos del jetlag y del cansancio.
Cuando hace unas semanas mi jefe me dijo: "Te necesitamos para ir a Brasil" mi cara no fue de extrema emoción, ni me puse a saltar con una energúmena. Más bien fue algo cómo: "Y ¿para cuando dices que tengo que estar de vuelta?". Habíamos comprado ya los billetes para nuestra huida fallera y, como era de esperar, cuando comencé a ver opciones busqué un vuelo directo para no perder tiempo en conexiones. Teniendo el evento el 12 por la noche, estar en Madrid de vuelta para salir el 15 por la mañana requería un poco de ingeniería aeronáutica. Lo primero que descarté: Iberia. No tengo nada contra ellos, pero me gustaría realmente salir de vacaciones el día que toca. Eso dejaba las opciones cerradas: TAM. La compañía brasileña. Un acierto.
El vuelo fue estupendo, me puse morada de ver pelis (lucha contra el insomnio de altura) e intenté dormitar recostada en dos asientos con los piececitos (nada tiernos) de un infante chafándome los pelos. No parecía tampoco una buena opción. Pelis. Al final siempre triunfan.
Llegamos a las 5 AM, noche cerrada pero el tráfico en Sao Paulo ya era denso. Aquí mucha gente sale incluso un par de horas antes para no pillar atascos. Una locura de ciudad. ¿Quién quiere vivir así? A las 6 llegábamos al hotel y, por suerte, habíamos arreglado un "early check in". Momento ideal para colapsar durante un par de horas.
Desde entonces, he perdido la noción del tiempo. Podríamos decir que mis actividades han sido: trabajar, correr en la cinta del fitness center (la opción de sudar por las calles quedaba descartada, aunque aquí la perspiración está garantizada) y comer. No sé si en ese orden pero fundamentalmente han sido mis tres ejes.
Hoy es .... miércoles. Ayer tuvimos el gran evento. Salió todo a la perfección y funcionaron todos como auténticos relojes. La gente disfrutó, yo me destrocé los pies yendo de un lado a otro pero me compensó ver lo felices que estaban todos. Una faena menos. Un triunfo más.
Vista desde la habitación de mi hotel
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He logrado dormir 3 horas. No sé si eso me ayudará a colapsar en el vuelo de vuelta o me hará ver las pelis con los ojos más cerrados. Me esperan otras 11 horas de crucero de altura hasta aterrizar mañana en mi querido Madrid, donde esperaré con muchas ganas y los brazos muy abiertos a mi "super team". Miguel y Areia saldrán de casa en el AVE para encontrar mis restos en un hotel de Barajas (desde donde supuestamente trabajaré mañana). Y el viernes emprendemos nuestra próxima aventura.
Esta vez, tras 3 años sin pisar el continente, nos vamos a... ¡África!
Etiopía es nuestro próximo destino. Como siempre: un viaje sin plan pero con muchas ganas. Amigos que ver, proyectos que conocer y muchísima gente con la que conversar y enriquecernos.
Pero esto será ya el viernes/sábado de madrugada. Y os amenazo con contarlo (siempre y cuando la banda ancha etíópe lo permita).
Nos espera el cuerno de África.
Y para mi, unos 20.000 kilómetros en un par de días.

Chica, justo te vas a Etiopía el día que yo me voy a Mauritania, justito justito a la otra punta del continente, no obstante te saludaré con la manita a ver si puedes verme, jajajajaja.
ResponderEliminarEspero que pueda leer tu aventura fallera, que fijo yo lo tendré más chungo que tú para pillar ADSL ;-) ¡¡¡ Que disfrutes Victoria !!!
Muchísima suerte, Toni!!! Ya nos irás poniendo al día de tu escapada a Mauritania, que yo también le tengo muchas ganas. Y lo del ADSL creo que va a ser parejo... No sé quien lo va a tener más complicado. Un besazo!!!!
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