Los "protas"

Mi foto
De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

lunes, 25 de marzo de 2013

Axum, la ciudad de los tesoros escondidos

Axum es todavía una gran desconocida sobre la que existen miles de interrogantes. Una historia que se remonta al siglo IV antes de Cristo, de la que hay presencia en las civilizaciones griega y romana, y que, casi de forma repentina, desaparece en los anales de la historia, dejando personajes atrás tan conocidos y renombrados como la reina de Saba o Menelik, el hijo que esta tuviera con el no menos “televisivo” rey Salomón. Un culebrón esperando a ser descubierto.

Salimos dispuestos a descubrirla. Nuestro peculiar ángel de la guarda, al que cariñosamente bautizamos como Tinduf (incapaces de recordar su nombre original) nos estaba ya esperando en el hall del hotel. Nos llevó a una terracita donde podíamos tomar un “wonderful breakfast” estilo, como no, occidental. El mostrador nos llamaba a gritos con unos rollos de canela, croissants, donuts con una apariencia algo siniestra pero, tras días sin ver tales especímenes, nos lanzamos a la conquista. Por suerte el café con leche mitigaba la dureza pétrea y cuasi arqueológica de las piezas de bollería (que, como no, nos costaron un ojo de la cara para el estándar local). 

De forma sutil y cuidadosa (ser descortés y bruto no es nuestro estilo) le comenté a Tesfay (el verdadero nombre de Tinduf) que nuestro plan era pasear tranquilamente por la ciudad, hacer marcha y que, si le parecía bien (y si no, también) nos veríamos esa tarde sobre las 18 horas en el hotel para charlar. Lo entendió perfectamente, se despidió de nosotros y nos dirigimos a la oficina de turismo para conseguir nuestros tickets. Como era de esperar, nos ofrecieron bajajs (tuctucs) para recorrer los apenas 500 metros, nos ofertaron guías y todo el menú completo posible. También nos recordaron que los españoles somos los más ratas de todos los visitantes y que, curiosamente, nos gusta siempre andar a todos sitios. Estos etíopes no entienden el espíritu deportivo del íbero medio. Eso y que, en el fondo, somos más rácanos que nadie…
Ibamos directos a visitar la zona norte de las estelas pero, dado que las indicaciones están tan claras y siempre son tan obvias las entradas a los sitios, acabamos en una iglesia del barrio norte de la ciudad, siempre divirtiéndonos con el santoral etíope y buscando curiosidades en la iconografía. Paseamos por el lento despertar de las callejuelas traseras y disfrutamos de la mañana reposada y tranquila del viernes (supuestamente es día no lectivo y la actividad infantil se puede palpar por sus venas).

Llegados por fin a la zona de las estelas pudimos ver lo que hoy en día son los monolitos más inmensos erigidos en la actualidad. La gran mayoría datan del siglo IV y sólo en la zona norte hay más de 122, desde 1 metro hasta 33. Se hicieron para marcar monumentos funerarios y eran totalmente monolíticas, esculpidas en granito y traídas de la cantera que se encuentra a 5 kms de Axum. De cómo hacían para transportarlas hay varias versiones, pero muchas de ellas infieren intervención divina. Otras incluyen elefantes y son algo más creíbles. Sea como fuera, mover esas moles de hasta 500 toneladas no debía ser fácil. Hoy en día quedan en pie la estela “Romana”, que fue saqueada en la invasión italiana por Mussolini en el 1937 y que durante años estuvo en una plaza de Roma. Sólo años intensos de diplomacia lograron devolverla en el 2005 a su lugar original. Tiene casi 25 metros de altura y en ella se ven las trazas de las demás, con una puerta (con su cerrojo, pomo y demás detalles) y en altura lo que parecen ventanas, imitando un edificio de estilo axumita. A su lado está también hoy en día la única que ha permanecido desde siempre en su lugar y que hoy se sostiene gracias a una estructura de apuntalamiento que la mantiene torcida pero en su sitio (a duras penas se aguanta) pero es la que tiene mayor significado religioso por el hecho de haber estado siempre presente y además, tener una especie de altar en la base que se usa para ceremonias religiosas.

Las tumbas que yacen bajo el suelo se pueden visitar en parte pero han sido saqueadas por completo y apenas te dan una idea de lo que pudieron ser en su momento. Finiquitamos la visita con el museo arqueológico, que te da un mayor trasfondo sobre la historia del lugar y un estupendo vídeo sobre la zona que nos sirvió también para reposar un poco y tomar el fresco.

A la salida encontramos un rinconcito estupendo con un par de mujeres que estaban haciendo café. Ideal para acabar la visita. Areia se puso a jugar con Edidia, la niña de 26 meses que correteaba por allá, a la par que nosotros entablábamos conversación con Rashmira, su madre, de 24 años, que nos contaba su historia personal. Viuda desde que estaba embarazada de dos meses (el padre de Edidia murió en un accidente de coche), ahora pertenece a una asociación de mujeres que el gobierno escoge entre las que mayor riesgo de exclusión tienen. La mayoría no tienen familia que pueda apoyarlas y en la asociación les proporcionan algunos mínimos y, sobre todo, un pequeño trabajo que las ayuda a salir adelante. Nos contó la historia de su madre, que con 7 años ya estaba prometida, con 12 (su primera regla) empezó a mantener relaciones sexuales y con 13 ya tenía su primer hijo (de un total de 9). Ahora vivía en Addis pero, en palabras de Rashmira, no gozaba de buena vida. Ya su padre la abandonó sin ningún ingreso y ella animó a sus hijos a buscarse la vida que ella nunca pudo tener.

Estábamos tan a gusto que nos pedimos un segundo café. En Etiopía tomarse un café requiere de toda una ceremonia, así que nos dio otra media hora de conversación.

Algo hambrientos, hicimos marcha de nuevo al pueblo en busca de algo que comer, no sin antes pasar por los altos obligatorios: el baño de la reina de Saba y la iglesia de María de Zión.

La piscina de la afamada reina, ahora cubierta por cemento, se ha convertido en un gran charco inmundo donde la gente se aprovisiona de agua y los chavales se ahogan en épocas de calor. El complejo de  Santa María de Zión es lugar de peregrinación por excelencia, donde cientos de fieles acuden a diario, no por devoción a la virgen sino porque, en un pequeño edificio de detrás de la horripilante nueva versión de la iglesia (francamente de mal gusto) está la … tachán… sin igual, singular, sin parangón… Arca de la Alianza. Lo dicho, le hubieran ahorrado a Indiana Jones muchos disgustos al decirle que Menelik (hijo de Salomón y Saba) la trajo desde el palacio de su padre en el siglo I antes de Cristo. Ahí ha estado desde entonces, aunque la han sacado a pasear para las grandes batallas, puesto que siempre ha resultado ser un amuleto estupendo. Ahora mismo se encuentra fuera del alcance y la vista de todo el mundo (como todos sabemos, si la ves te desintegras) y sólo un persona tiene acceso a ella: el guardián. Ser el protector del arca es un trabajo de por vida (mejor que el funcionariado) aunque conlleva estar siempre (siempre!!!) en el entorno del arca y no poder marcharse más allá de unos metros de su radio. Te traen la comida, te lo acercan todo, tienes la hipoteca resuelta pero no se te ocurra alejarte unos metros o te la cargas. Inclusive si decides declinar la estupenda oferta de trabajo (es una votación entre monjes), te condenan a vivir en la vecindad. El presente guardián lleva unos 56 años dando vueltas en círculos escuchando al arca susurrar en las horas de nocturnidad (dicen que le habla en sueños). Pero, sobre todo, es fuente de peregrinación, de ingresos y de una locura colectiva que sólo se puede ver en vivo y en directo. 

Después de toda la excitación matinera y la sobredosis de historia, la injera con esos estupendos montoncitos de cosas que les ponen encima nos sentó de maravilla. Tan bien que incluso nos aventuramos a hacer una excursión a la estación de buses para ver la mejor manera de poder empezar nuestro camino de nuevo hacia el norte. Una tormenta de gotarrones nos sorprendió a mitad y acabamos refugiados con unos cuantos lugareños hasta que la cosa amainó y pudimos seguir con dignidad.
Resueltos algunos trámites, a las 18 estaba Tesfay como un reloj esperando para conversar. Y, seamos sinceros, cuando Tesfay habla, o te prestas a quitarle las pilas en un momento de despiste, o tienes verborrea para no parar. 

Con 19 añitos entre pecho y espalda, el mozo es un pozo de sorpresas y una fuente inagotable de historias – verdaderas o no- y anécdotas inacabables. No sólo ha recibido becas del gobierno para sus estudios (al igual que sus 4 hermanos), sino que además es campeón regional de natación, aguanta nada menos que 30 minutos bajo el agua (todavía no me explico como no lo han anotado en el Guiness) y es el mejor imitador de Michael Jackson en el cuerno de África. Incluso ha grabado un CD (estamos pendientes de saber si lo tiene colgado en youtube). Además, duerme sólo 3 horas, se levanta al amanecer para ir a la iglesia, corre 10 kilómetros para despejarse, se ducha y luego va a estudiar su carrera de derecho. Que me lapiden si este tío no es un crack!! Y todo eso, además, ayunando hasta las 12 del mediodía (en Axum el fervor religioso es tremendo) en época de Cuaresma como la que estamos ahora. Pasamos un buen par de horas escuchando sus historias inverosímiles y satisfaciendo su curiosidad. Para rematar la noche, acabamos en un bar local tomando un “tegamino”, otra versión diferente de la injera con otra pasta encima. Y como colofón, más historias de Tesfay.

Un final intenso para un día de ajetreo emocional.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nos encanta que nos contéis cosas, así que no seáis tímidos...

¿Qué toca hoy?

¿Qué toca hoy?
Lo que nos depare el día (por cierto, ¡son de verdad!)