Axum es todavía una gran desconocida sobre la
que existen miles de interrogantes. Una historia que se remonta al siglo IV
antes de Cristo, de la que hay presencia en las civilizaciones griega y romana,
y que, casi de forma repentina, desaparece en los anales de la historia,
dejando personajes atrás tan conocidos y renombrados como la reina de Saba o
Menelik, el hijo que esta tuviera con el no menos “televisivo” rey Salomón. Un
culebrón esperando a ser descubierto.
Salimos dispuestos a descubrirla. Nuestro
peculiar ángel de la guarda, al que cariñosamente bautizamos como Tinduf
(incapaces de recordar su nombre original) nos estaba ya esperando en el hall
del hotel. Nos llevó a una terracita donde podíamos tomar un “wonderful
breakfast” estilo, como no, occidental. El mostrador nos llamaba a gritos con
unos rollos de canela, croissants, donuts con una apariencia algo siniestra
pero, tras días sin ver tales especímenes, nos lanzamos a la conquista. Por
suerte el café con leche mitigaba la dureza pétrea y cuasi arqueológica de las
piezas de bollería (que, como no, nos costaron un ojo de la cara para el
estándar local).
De forma sutil y cuidadosa (ser descortés y
bruto no es nuestro estilo) le comenté a Tesfay (el verdadero nombre de Tinduf)
que nuestro plan era pasear tranquilamente por la ciudad, hacer marcha y que,
si le parecía bien (y si no, también) nos veríamos esa tarde sobre las 18 horas
en el hotel para charlar. Lo entendió perfectamente, se despidió de nosotros y
nos dirigimos a la oficina de turismo para conseguir nuestros tickets. Como era
de esperar, nos ofrecieron bajajs (tuctucs) para recorrer los apenas 500
metros, nos ofertaron guías y todo el menú completo posible. También nos
recordaron que los españoles somos los más ratas de todos los visitantes y que,
curiosamente, nos gusta siempre andar a todos sitios. Estos etíopes no
entienden el espíritu deportivo del íbero medio. Eso y que, en el fondo, somos
más rácanos que nadie…
Ibamos directos a visitar la zona norte de las
estelas pero, dado que las indicaciones están tan claras y siempre son tan
obvias las entradas a los sitios, acabamos en una iglesia del barrio norte de
la ciudad, siempre divirtiéndonos con el santoral etíope y buscando curiosidades
en la iconografía. Paseamos por el lento despertar de las callejuelas traseras
y disfrutamos de la mañana reposada y tranquila del viernes (supuestamente es
día no lectivo y la actividad infantil se puede palpar por sus venas).
Llegados por fin a la zona de las estelas
pudimos ver lo que hoy en día son los monolitos más inmensos erigidos en la
actualidad. La gran mayoría datan del siglo IV y sólo en la zona norte hay más
de 122, desde 1 metro hasta 33. Se hicieron para marcar monumentos funerarios y
eran totalmente monolíticas, esculpidas en granito y traídas de la cantera que
se encuentra a 5 kms de Axum. De cómo hacían para transportarlas hay varias
versiones, pero muchas de ellas infieren intervención divina. Otras incluyen
elefantes y son algo más creíbles. Sea como fuera, mover esas moles de hasta
500 toneladas no debía ser fácil. Hoy en día quedan en pie la estela “Romana”,
que fue saqueada en la invasión italiana por Mussolini en el 1937 y que durante
años estuvo en una plaza de Roma. Sólo años intensos de diplomacia lograron
devolverla en el 2005 a su lugar original. Tiene casi 25 metros de altura y en
ella se ven las trazas de las demás, con una puerta (con su cerrojo, pomo y
demás detalles) y en altura lo que parecen ventanas, imitando un edificio de
estilo axumita. A su lado está también hoy en día la única que ha permanecido
desde siempre en su lugar y que hoy se sostiene gracias a una estructura de
apuntalamiento que la mantiene torcida pero en su sitio (a duras penas se
aguanta) pero es la que tiene mayor significado religioso por el hecho de haber
estado siempre presente y además, tener una especie de altar en la base que se
usa para ceremonias religiosas.
Las tumbas que yacen bajo el suelo se pueden
visitar en parte pero han sido saqueadas por completo y apenas te dan una idea
de lo que pudieron ser en su momento. Finiquitamos la visita con el museo
arqueológico, que te da un mayor trasfondo sobre la historia del lugar y un
estupendo vídeo sobre la zona que nos sirvió también para reposar un poco y
tomar el fresco.
A la salida encontramos un rinconcito
estupendo con un par de mujeres que estaban haciendo café. Ideal para acabar la
visita. Areia se puso a jugar con Edidia, la niña de 26 meses que correteaba
por allá, a la par que nosotros entablábamos conversación con Rashmira, su
madre, de 24 años, que nos contaba su historia personal. Viuda desde que estaba
embarazada de dos meses (el padre de Edidia murió en un accidente de coche),
ahora pertenece a una asociación de mujeres que el gobierno escoge entre las
que mayor riesgo de exclusión tienen. La mayoría no tienen familia que pueda
apoyarlas y en la asociación les proporcionan algunos mínimos y, sobre todo, un
pequeño trabajo que las ayuda a salir adelante. Nos contó la historia de su
madre, que con 7 años ya estaba prometida, con 12 (su primera regla) empezó a
mantener relaciones sexuales y con 13 ya tenía su primer hijo (de un total de
9). Ahora vivía en Addis pero, en palabras de Rashmira, no gozaba de buena
vida. Ya su padre la abandonó sin ningún ingreso y ella animó a sus hijos a
buscarse la vida que ella nunca pudo tener.
Estábamos tan a gusto que nos pedimos un
segundo café. En Etiopía tomarse un café requiere de toda una ceremonia, así
que nos dio otra media hora de conversación.
Algo hambrientos, hicimos marcha de nuevo al
pueblo en busca de algo que comer, no sin antes pasar por los altos
obligatorios: el baño de la reina de Saba y la iglesia de María de Zión.
La piscina de la afamada reina, ahora cubierta
por cemento, se ha convertido en un gran charco inmundo donde la gente se
aprovisiona de agua y los chavales se ahogan en épocas de calor. El complejo
de Santa María de Zión es lugar de
peregrinación por excelencia, donde cientos de fieles acuden a diario, no por
devoción a la virgen sino porque, en un pequeño edificio de detrás de la
horripilante nueva versión de la iglesia (francamente de mal gusto) está la …
tachán… sin igual, singular, sin parangón… Arca de la Alianza. Lo dicho, le
hubieran ahorrado a Indiana Jones muchos disgustos al decirle que Menelik (hijo
de Salomón y Saba) la trajo desde el palacio de su padre en el siglo I antes de
Cristo. Ahí ha estado desde entonces, aunque la han sacado a pasear para las
grandes batallas, puesto que siempre ha resultado ser un amuleto estupendo.
Ahora mismo se encuentra fuera del alcance y la vista de todo el mundo (como
todos sabemos, si la ves te desintegras) y sólo un persona tiene acceso a ella:
el guardián. Ser el protector del arca es un trabajo de por vida (mejor que el
funcionariado) aunque conlleva estar siempre (siempre!!!) en el entorno del
arca y no poder marcharse más allá de unos metros de su radio. Te traen la
comida, te lo acercan todo, tienes la hipoteca resuelta pero no se te ocurra
alejarte unos metros o te la cargas. Inclusive si decides declinar la estupenda
oferta de trabajo (es una votación entre monjes), te condenan a vivir en la
vecindad. El presente guardián lleva unos 56 años dando vueltas en círculos
escuchando al arca susurrar en las horas de nocturnidad (dicen que le habla en
sueños). Pero, sobre todo, es fuente de peregrinación, de ingresos y de una
locura colectiva que sólo se puede ver en vivo y en directo.
Después de toda la excitación matinera y la
sobredosis de historia, la injera con esos estupendos montoncitos de cosas que
les ponen encima nos sentó de maravilla. Tan bien que incluso nos aventuramos a
hacer una excursión a la estación de buses para ver la mejor manera de poder
empezar nuestro camino de nuevo hacia el norte. Una tormenta de gotarrones nos sorprendió
a mitad y acabamos refugiados con unos cuantos lugareños hasta que la cosa
amainó y pudimos seguir con dignidad.
Resueltos algunos trámites, a las 18 estaba
Tesfay como un reloj esperando para conversar. Y, seamos sinceros, cuando
Tesfay habla, o te prestas a quitarle las pilas en un momento de despiste, o
tienes verborrea para no parar.
Con 19 añitos entre pecho y espalda, el mozo
es un pozo de sorpresas y una fuente inagotable de historias – verdaderas o no-
y anécdotas inacabables. No sólo ha recibido becas del gobierno para sus
estudios (al igual que sus 4 hermanos), sino que además es campeón regional de
natación, aguanta nada menos que 30 minutos bajo el agua (todavía no me explico
como no lo han anotado en el Guiness) y es el mejor imitador de Michael Jackson
en el cuerno de África. Incluso ha grabado un CD (estamos pendientes de saber
si lo tiene colgado en youtube). Además, duerme sólo 3 horas, se levanta al
amanecer para ir a la iglesia, corre 10 kilómetros para despejarse, se ducha y
luego va a estudiar su carrera de derecho. Que me lapiden si este tío no es un
crack!! Y todo eso, además, ayunando hasta las 12 del mediodía (en Axum el
fervor religioso es tremendo) en época de Cuaresma como la que estamos ahora. Pasamos
un buen par de horas escuchando sus historias inverosímiles y satisfaciendo su
curiosidad. Para rematar la noche, acabamos en un bar local tomando un
“tegamino”, otra versión diferente de la injera con otra pasta encima. Y como
colofón, más historias de Tesfay.
Un final intenso para un día de ajetreo
emocional.

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