4.45 toque de diana.
| Verde que te quiero verde |
5.00 puntuales como un reloj en la puerta de la estacion de buses. Como no!!! El senyor de la entrada esta dando ya las pertinentes instrucciones y recomendaciones viales. Por suerte parece que tenemos asignados los numeros de asientos, con lo que evitaremos codazos y aranyazos por doquier. Y, en efecto, los asientos estaban asignados, aunque tuvieron el detalle de no ponerlos juntos. Miguel acabo por quedarse delante y Areia y yo detras, juntas en la parte derecha del vehiculo.
| Parada y fonda |
| Assssucar... |
Esperando a subir de nuevo llego una caterva de "hombres manta" tratando de vender a todo quisqui los tejidos locales que lleva todo el mundo al ristre. Los que venden son mayormente blancos. Los que lleva la gente se camuflan ya con el entorno y ni la mayor aportacion de Neutrex las salvaria de la quema.
| Total... |
| Algunos palitos cayeron.... |
| ¿Unas zanahorias recién cogidas? |
Al final, alli estaba. En un pequenyo rincon junto a otras furgonetas, esperando a todos para subir y emprender la marcha.
Pero en tres minutos habiamos vuelto a parar. Un grupo de lugarenyos se agolpaban para conseguir transporte. El conductor empezo a pegar gritos a diestro y siniestro. Subian 8 o 9 tipos. Volvian a bajar. Les oiamos contar en amarico. Los tiraba. Se escaqueaban y volvian a entrar. El conductor paro el vehiculo y todos empezaron a sacar los dientes. Tras quince minutos de discusion (entretanto habian subido una cama entera al techo) todos los seres vivientes de los alrededores se hicieron hueco en el vehiculo. 12 asientos. 22 traseros adultos. El agobio personalizado. Y por delante la carretera de asfalto se habia acabado. Tres horas de pista a paso cansino (imposible tomar curvas con velocidad cuando el personal se sale por las ventanas) hasta llegar a Lalibela. 68 kilometros bajo el calor de la tarde en un amasijo de carne y sudor.
La llegada a Lali no fue menos caotica. La ciudad es, cuanto menos, incomprensible. Nos dejaron en lo que ellos consideran centro (donde estan los bancos y correos) y, cansados y sin ganas de discutir, la habitacion del Blue Lal con ducha caliente, sabanas limpias y promesa de una buena cena nos parecio espectacular. La verdad es que la sopa de lentejas y la pizza con queso local merecian la pena. Incluso nos permitimos el lujo de tomarnos una crepe con miel para endulzar nuestra llegada.
Para poder dormir a pierna suelta y sin interrupciones le pedimos al recepcionista matamosquitos. Miguel aparecio con un ambientador con olor a sandalo. Tal vez a los insectos etiopes les provoque alergia. Por si acaso, lo cambiamos por el matacucarachas. Ese casi acaba conmigo y con mi garganta, pero finalmente logramos dormir lo suficiente para coger con ganas la siguiente jornada en Lalibela.

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