Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

viernes, 29 de marzo de 2013

Lali, Lali, Lali, Lalibela


Lalibela amanecia sin prisas y con un soleado dia. Nada mejor que unos huevos revueltos, una crepe y, oh, cielos, unas torrijas. La verdad es que la cocina del Blue Lal es exquisita (eso si, un pelin cara para nuestro estandar). Momento ideal tambien para hacer la colada. Lo mejor, oir las risas del vecindario cuando me vieron colgar los tangas en la cuerda comunitaria. Me pregunto si es por las banderitas que llevan o por los nudos que hago para que no se caigan. Al menos ya tenian tema de conversacion para esa manyana.

Despegándonos de la cama
Nos acercamos a ver como estaba el asunto del vuelo en el que nos habian puesto en lista de espera. Ahi seguia, tan estatico como el pais. De hecho, el amable hombre de la aerolinea nos confeso que hasta 24 horas antes no desbloqueaban las plazas. Eso nos dejaba con el culo al aire. Pensamos dejarlo correr y seguir la marcha que habiamos llevado. Eso significaba dos dias mas de trayectos y la posibilidad de perdernos la carrera que teniamos planificada para el dia 2, pero no teniamos muchas mas opciones.

Decidimos pasear por la ciudad, ya que tambien habiamos desechado la idea de visitar las estupendas, maravillosas, archiconocidas y bautizadas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, iglesias de Lalibela. En el pasado se daba la voluntad al sacerdote. Hace unos anyos se establecio la tarifa de 300 birrs (unos 12 euros) y el pasado mes de enero el gobierno decidio poner un unico precio de 50 dolares por cabeza (los ninyos, generosamente, pagan la mitad). Eso significaba mas de 100 euros de nuestro presupuesto. El equivalente a dos dias. Y, la verdad, ya teniamos asignada esa cantidad a otra idea mas atractiva. Sabemos que Lali es el mayor gancho de Etiopia. Miles de turistas vuelan anualmente para disfrutar de su valor artistico. Nosotros ibamos a ser la excepcion.

Lalibela centro
Nuestro hotel estaba en la parte alta. El centro es considerado aquello mas cercano a los bancos y la zona postal (nuestros ayuntamientos e iglesias). El resto de la poblacion de distribuye alrededor de las 11 iglesias, siendo la ciudad mas extranya y poco ordenada que se pueda visitar.

Empezamos a descender hasta la parte baja. En pocos minutos teniamos ya el primer ninyo pegado a rueda. Al cabo del dia acabariamos por aprender el guion. No sabemos si viene en el manual del lalibelano corriente o lo han aprendido en internet, pero la cosa viene a ser asi:

- Bienvenidos a Lalibela. Que tal, de donde eres?
- Espanya.
- Espanya, capital Madrid. Me se todas las capitales europeas (doy fe, a uno le pregunte hasta la de San Marino, Andorra y Vaticano, y el tio flecha las acerto!!!!)
- Si.
- Soy estudiante de X curso. Soy muy listo y quiero ser doctor (aqui hay versiones con ingeniero de caminos, agricola y otras lindezas) para ayudar a mis compatriotas y salvarlos de enfermedades (o, para el caso, que puedan desplazarse, tener agua o regar las cosechas). Mi familia vive en el campo, a mas de 60  (40, 60, 80, ....) kilometros de aqui, y yo vivo con mi tio/abuela/hermana/en la calle, voy al colegio por la manyana/tarde y luego trabajo de limpiabotas.

Post office

Despues de una larga perorata donde te cuentan estos detalles y otros mas sobre su vida diaria, a veces aderezado con alguna gracia o anecdota, viene el cogollo de la cuestion...

- Necesito con urgencia un diccionario/libro y no puedo pagar los 150 birrs. Vamos a la libreria y me lo compras o, si no tienes bastante  me das 100, que yo he ahorrado 50. Aqui las variantes son diversas. Tambien puede ser el uniforme, unas zapatillas para correr o cualquier otro adminiculo.

- Si no tienes dinero ahora, no pasa nada, me lo mandas desde tu pais y te conviertes en mi segunda madre (indefectiblemente te piden el mail, el telefono y si es necesario, tu numero de cuenta)

Reconozco que la primera vez incluso te afecta, te sientes mal y empiezas a meter la mano en la cartera pero cuando al cabo del dia escuchas unas 15 historias similares, acabas por tomartelo a cachondeo. Y, sobre todos, huyes de todo aquel chaval cercano a la adolescencia. No dudo que no haya parte (o todo) de verdad, pero desgraciadamente no es la manera mas adecuada de hacerlo. De hecho, el gobierno justifica la subida da las entradas a Lalibela para poder mejorar sus infraestructuras y ofrecer a sus ciudadanos mejores condiciones. Con el tiempo y la experiencia hemos aprendido que no puedes ayudar de forma individual y que es preferible canalizar las ayudas por medio de un organismo centralizado que las reparta equitativamente.

El dia el Lalibela prometia hacerse algo interminable.

Por suerte pudimos avanzar con nuestras gestiones, pasar por la oficina de TESFA y organizar nuestro trekking para los siguientes dias. Estabamos entusiasmados. Con tranquilidad y nuevas energias emprendimos camino hacia la parte alta y nos paramos a comer en el Kedemt cafe. La duenya resulto ser una senyora estupenda. No nos saco ni la carta. Nos planto una fabulosa injera con salsas caseras. Detras nuestro, un grupusculo de espanyolitos compartia una tortilla francesa y no paraban de pedir pan para untar una caja de quesitos El Caserio. Pasamos media tarde en companyia de Memekia, a quien acabamos tambien comprando algunos detalles. Nos sirvio un fantastico cafe y, ya descansados y habiendo cogido aire, nos fuimos a pasear.

Una injera estupenda
Quisimos ver la puesta de sol desde el extremo norte de la ciudad. Sobre el monticulo que nos daba sombra se elevaba Ben Abeba, la mayor aberracion arquitectonica que se pueda imaginar. Un restaurante de superlujo, idea de algun faranji excentrico que ha decidido fastidiar ese estupendo rincon con una lunatica idea imitando el Guggenheim. Un esperpento con precios caros pero el orgullo de los locales como paradigma de la modernidad.

Atardecer en Lali

Nos quitamos de encima algun Romeo, algun Antonio y quien sabe cuantos mas. Nos quedamos, eso si, con la linda y divertida Betty, que nos acompanyo de nuevo al Kedemt. Alli estaba Julie, la hija de la duenya del cafe. Habiamos quedado en pasarla a conocer mas tarde. Ella, Betty y Areia se pusieron a jugar, cantar, bailar y pegar palmas. Betty tenia una gracia natural, que contrastaba con la timidez extrema de Julie.

Areia, Betty y Julie

Visto como discurria la velada, decidimos pedir algunas sopas y cenar mientrsa las peques disfrutaban. Areia devoro su pure de tomate con tal de regresar al juego pero al rato Betty se despidio para volver a casa, y Julie tenia que plegar para madrugar al dia siguiente.

Atardecer en Lalibela

Cansados del acoso constante pero satisfechos por haber superado un nuevo dia, fuimos dando saltitos a nuestro hotel con la perspectiva de uno dias alejados del mundanal ruido. Y de esta ciudad, donde los ciudadanos y las moscas rivalizan por la medalla a la pesadez.  





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