Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

viernes, 29 de marzo de 2013

Mekele, cruce de caminos. Decidiendo nuestro destino.

Despues de mirar las opciones para salir de Wukro (con pena y pereza, todo sea dicho de paso), vimos que el primer paso era, necesariamente, viajar a Mekele, a unos 45 minutos en minibus. De ahi las posibilidades para llegar a Lalibela eran diversas, pero lo dejabamos en manos de la suerte y los buses de larga distancia.

A las 7.15 en el desayuno aprovechabamos para ir despidiendonos uno por uno de todos aquellos que habiamos conocido en este par de intensos dias en Wukro. Cada una de las personas con la que hemos compartido nuestros momentos son autenticos lujos de humanidad.

Tras recoger nuestra habitacion, abrazar con ganas a aquellos mas cercanos y seguir sonyando con un mundo mas justo y mejor, la estacion de buses nos esperaba. En apenas unos minutos estabamos subidos en un minibus direccion Mekele.

Una carretera facil, bien asfaltada y con algunas incomodas curvas en el tramo final nos dejo en la capital de Tigray. Mekele es TAN diferente a Wukro!!! Estar en esta ultima es un autentico relajo, un oasis de tranquilidad, donde todo el mundo es encantador, amable, bien considerado y donde el blanco no es ese tipo de patas peludas, palido y de extranyos andares, que lleva siempre algo colgando y que realiza extranyos gestos y sonidos incomprensibles.

Mekele es la capital de Tigray, un pequenyo caos de trafico donde incluso hay coches particulares (rara avis en Etiopia), mayor apertura y mucha gente joven, dado que es centro universitario de la zona. Lo primero que hicimos fue buscar un hotelito cerca de la estacion, aparcar las mochilas y situarnos.

Teniamos opciones abiertas. La primera, ir a Lalibela y hacer un trekking tal como habiamos planificado. Plan B, tal vez irnos al este del pais y acabar en Harar. Dos alternativas muy distintas. Todo ello pasaba por acercanos a Ethiopian Airlines y ver si era factible retornar con un vuelo y ahorrarnos dos dias de carretera. El orden en las colas etiopes es muy divertido. Es como jugar a las sillas pero sin musica. La gente se sienta en las patas correspondientes y, cuando el turno avanza, todos se levantan y se cambian de asiento. Es una forma estupenda de no aburrirse mientras tienes delante a 20 personas.

Los tramites para volver de Lali en avion eran casi imposibles. Lista de espera con escasas oportunidades. Vimos opciones para ir a Harar pero los tres dias de ida no nos los quitaba el Tato.

Amenazaba tormenta y teniamos algo de hambre, asi que vimos un lugar llamado Pizza Cozy que nos llamo la atencion. Para variar algo redondo tambien pero que no se doble al cogerlo...

Nos recibio una moza estupenda, moderna y ajustada, con un peinado a la ultima y hasta sombra de ojos. Nos explico que no habia luz y que nos podia ofrecer algunos spaghettis. Al final aqui se come lo que se puede, mas vale no mirar la carta.

Mientras pegabamos el bocado el cielo se torno negro y cayo, no solo una intensa tormenta, sino que nos regalo algo de granizo. Como suele ocurrir, fueron tan solo algunos minutos pero provocaron algunas inundaciones en lugares poco aptos para caminar. Aprovechamos para tirar la moneda a cara y cruz, optando finalmente por jugar las cartas hacia Lalibela. La opcion de caminar por la montanya y hacer algo fuera del entorno urbano nos llamaba mas la atencion.

La tarde, entre charcos y el trajin vespertino de toda ciudad que se digne, paso calma y con los pasos precisos para organizarnos. Intentamos buscar un telefono para averiguar algunos detalles y al final un amable senyor nos presto su movil para hacer la llamada, sin pedir nada a cambio y, como bien dijo el, "para daros servicio". Aqui hay gente verdaderamente adorable!!

Nos habiamos quedado con ganas de pizza y de repetir la increible amabilidad del lugar de la manyana. La moza puso una cara mezcla de alegria y sorpresa cuando nos vio aparecer. La comida realmente valia la pena y la segunda incursion merecio el paseo para disfrutar de la pizza vegetal mas autentica y genuina de las que hemos probado.

Y para postre, acostarse medianamente pronto (nos cuesta hacerlo antes de las 23) para levantar el trasero poco despues de las 4.30.

Hacia Lalibela!!!


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