Viajar por Etiopia sin pasar por sus interminables carreteras, sus agonicos autobuses y sus viajes de tiron sin un apice de descanso, no es viajar. Hay que experimentar no solo las 12 horas desde Addis hasta Bahir Dar, que visto ahora en el recuerdo, es un pequenyo paseo, sino la maravillosa carretera que conecta Gonder con Axum. Toda una experiencia.
La emocion comienza a las 4.30 de la manyana. Despegarse las leganyas en la mas completa oscuridad ya es un reto pero al menos contabamos con el apoyo del recepcionista del hotel. La noche anterior le habiamos pedido un bajaj para acercarnos a la estacion. No eran mas de 15 minutos caminando pero, dado que a esas horas la ciudad estaba totalmente muerta (y eso significa que no hay NADA, empezando por una bombilla encendida) pensamos que era buena opcion. Nos dijo que el lo arreglaba...
Y, en efecto, le despertamos a las 4.45, se vistio y con toda la dignidad del mundo, nos abrio el candado y se puso delante diciendo "Vamos!" Eso si, se ofrecio a llevarme la mochila, pero de bajaj, nada de nada. Nos guio andando (sin linterna, ni antorcha, ni un baston para no tropezarnos) por las calles que ya conociamos, pero tras nuestro inicial desconcierto, no pudimos mas que reirnos ante nuestra ingenuidad o nuestro poco entender de su ofrecimiento.
4.55 estabamos a la puerta de la estacion. Con otras 300 personas esperando. Todos mirando fijamente la verja, su guardian, el tipo de la porra y el del pito. Todos esperando a las 5 en punto para lanzarnos desesperados a ocupar nuestros puestos en los autobuses. Esta vez viajabamos en segunda clase y no habia lugares asignados. Es la guerra!!!
Apenas unos segundos para las 5. El guardia de la puerta comienza a dar las instrucciones: "No os piseis, no empujeis, no os metais los dedos en los ojos, no saqueis las unyas, no os mateis, al fin y al cabo todos acabareis sentados, asi que no vale la pena hacerse danyo" (version no oficial de nuestra imaginativa traduccion) a lo que todos al unisono contestaron con un "Perfecto, obedecemos". Y, a la voz de 'ya' la puerta se abrio y todos salieron disparados hacia dentro. Los primeros de todos, los captadores de buses, gritando los lugares a donde van sus vehiculos tratando de orientar a los perdidos pasajeros.
Buscamos el numero de nuestro autobus (por fortuna el ticket lleva el numero de serie que esta en el lateral de la puerta) y subimos, aunque lejos de ser los primeros, puesto que habia mas de una veintena de personas. Aun asi, pudimos pillar un asiento de 3 completo en la antepenultima fila. Todo un logro!!!
Hasta las 5.30 siguio subiendo gente. Algunos no tenian billete y el revisor les pegaba una colleja virtual y les enviaba a comprar uno, porque no se pueden adquirir en el bus, asi que, quien va a Sevilla pierde su silla y se arriesga a ir en el pasillo (en segunda clase tambien hay asientos de corredor). A eso de las 6, ya asentados y organizados, el bus comenzo su andadura buscando las afueras de Gonder.
Todo iba estupendamente y, aparte del amor del conductor por la bocina y su sonido grave, la velocidad era adecuada, la companyia relativamente grata y los asientos, de sky con una baranda de metal, moderadamente comodos.
El primer poblado con cierta importancia era Debark, a unos 100 kms, la base para las excursiones por las Simien. Poco antes de llegar tuvimos el primer pinchazo. Apenas 10 minutos para solucionarlo, un tiempo fresco y unos lugarenyos muy simpaticos con quienes intercambiamos sonrisas y conatos de entendimiento durante la reparacion. Siguiendo con el viaje, en apenas dos horas habiamos pasado por Debark. Una velocidad crucero de 50 kms hora. Todo un record.
Pero no estabamos preparados para lo que venia despues.
El trayecto a traves de las Simien es alucinante. O mas bien, espeluznante. O mortal. No sabria como definirlo. El paisaje es espectacular, montanyas de mas de 4000 metros con siluetas imposibles, farallones imponentes y valles que quitan el hipo. La carretera no es mas que una pista sin asfaltar, pedregosa y polvorienta, que discurre al borde de precipicios de mas de 800 metros de profundidad. Yo que estaba junto a la ventana y no alcanzaba a ver el borde de la carretera por debajo nuestro no podia evitar mover el trasero hacia el interior, vencida por la sensacion de que nos caiamos al abismo sin previo aviso. Miguel le veia el lado comercial, pensando que era una pista perfecta para descender con bicicleta. Yo solo pensaba en salir viva de alli y buscaba restos de otros vehiculos en el fondo. Si hay una "carretera de la muerte" version africana, definitivamente esta seria "the one".
La pelea dentro del bus por el uso de las ventanillas es otra historia. Nosotros nos empenyabamos en abrir dado que, a pesar del polvo, el calor era tan insoportable que si no dejabamos aire entrar, el olor a humanidad, la temperatura y la angustia casi vital se hacian insufribles.
La senyora de delante nuestro, que andaba con un bebe divertido, monisimo y encantador, tenia de antipatica lo que el retonyo de gracioso. No conseguimos arrancarle ni media sonrisa y si una pelea constante con el abrir y cerrar del cristal. Cierto es que acabamos con polvo hasta los dientes, pero lo preferiamos a cocernos al vapor dentro de aquella olla a presion.
Todavia no sabemos que hace a los etiopes ser algo mas cerrados, antipaticos o secos con los extranjeros. Pensamos que es la falta de comunicacion y el hecho de que aqui el nivel de una segunda lengua es casi imperceptible. Al no haber sido colonizados por ningun pais (una breve incursion italiana durante algunos anyos que no dejo grandes huellas), no hay tradicion en ingles, frances o alguna otra lengua europea. Eso hace que nos miren siempre con cara de extranyeza y no sepan como dirigirse a nosotros. Eso si, cuando encontramos a alguien que se hace entender, se deshace en simpatia. Nuestra comunicacion suele ser a traves de ofrecer la comida que llevamos, sonreir a los ninyos, jugar con los mas pequenyos o hacer pequenyos guinyos con las cuatro palabras de amarico que conocemos.
Otra cosa curiosa de los viajes en bus etiopes es que parece que nunca paran. No fue hasta pasadas las 12.30 que por fin hicimos un descanso para comer. Eso si, de apenas 20 minutos. Tiempo para que nos sirvieran el plato unico del restaurante del pueblecito, una injera con toda suerte de salsas y verduras encima, que devoramos con fruicion y prisas. Tras 7 horas con las piernas encogidas, pasando hambre y calor, esos minutos de descanso venian como anillo al dedo.
De nuevo todos subidos en el bus, nos dispusimos a tomar camino de nuevo. Las Simien iban quedando atras pero por delante otros paisajes tan alucinantes y surrealistas como se puede imaginar. El entorno era cada vez mas seco, los arboles apenas tenian hojas y aparecieron algunos baobabs. La carretera subia y bajaba al mismo ritmo que serpentaba y dibujaba curvas extremas. La pista esta salpicada constantemente por palas, maquinas trabajando y quitando piedras. No hay firme y el polvo en epoca seca se puede llegar a hacer intragable.
Tras otras 3 horas aparecio un rio bastante caudaloso al fondo del valle, pero aun asi las montanyas seguian siendo extremadamente secas. Al cruzar el puente que lo salvaba, la policia nos pidio para pedir documentacion. Aquellos que no la llevaban fueron reprendidos, pero tampoco hicieron mas al respecto. Todo siguio como estaba establecido.
Cuando nos encontrabamos en la parte mas seca, mas inhospita, en medio de una gran cantera, el bus volvio a parar, pero esta vez no para repostar ni para una meadita, sino por otro pinchazo. La temperatura era cercana a los 40 grados.
No eran ni las 2 de la tarde.
Los ultimos kilometros se nos hicieron francamente largos, bajo un calor atronador, con el bus repleto de cuerpos rezumantes de los mas sofisticados olores corporales. Algunos repartian injera para sus vecinos, otros parecian querer cantar, la gran mayoria pegaba cabezazos y todos se empenyaban en esconderse a la sombra de las cortinillas cochambrosas.
Poco antes de divisar Shire la pista se convirtio en una celestial carretera de asfalto. La llegada fue muy bien recibida por nuestros machacados cuerpos. Los ultimos 200 kms los habiamos cubierto en nada menos que 9 horas de reloj. Ya atardecia cuando llegamos a Shire. Encontrar un pequeno microbus que nos llevara a Axum no fue complicado y la hora de traslado (o incluso menos, no sabria decir porque la emocion nos embargaba de ver que los baches, el polvo y los apretones habian acabado)
Empezaba a anochecer cuando llegabamos a Axum. No tuvimos fuerzas ni de llegar a la estacion de buses. Les pedimos que nos tiraran en medio de una calle, cercana al primer hotel que se nos ocurrio ver en la guia, que fue el Abinet. La habitacion se me antojo celestial, incluso con calentador e agua caliente, luz electrica que funcionaba y sabanas estiradas y limpias. Mientras mirabamos las condiciones, Miguel charraba con Tesfay, un chaval axumita que enseguida mostro interes en hablar con nosotros.
Solo queriamos ducharnos, quitarnos el polvo de los dientes, de la ropa, del interior de los timpanos, de las unyas y de entre las pestanyas. No tuvimos fuerzas ni para salir, nos quedamos a cenar algo en el hotel, unas sopas estupendas y hasta nos dimos el lujo de mordisquear algo de pollo.

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