Curiosamente, y hablando de humo, la verdad es que en Etiopia eso se agradece horrores: Nadie fuma. Incluso sorprende no ver a nadie con un pitillo en la boca. Pero no me desvio y me centro en la historia del dia.
Martes 19, 8 am hora europea, Amar estaba como un reloj esperando acompanyarnos a la estacion para que no nos perdieramos. Decidimos no desayunar para llegar directos a Tis Issat, el pueblecito desde donde se ven las cataratas del Nilo, las cuartas o quintas mas grandes del mundo (todavia no se como se mide eso) al menos hasta que decidieron montar una hidroelectrica y secar el caudal de forma exagerada de vez en cuando. Incluso por completo a veces.
La jornada en bus ya fue de lo mas interesante. 45 minutos de subidas, bajadas, apretujones y lo que es comun en las cortas distancias. Nos topamos con Bogue, un supervisor escolar que hablaba un poco de ingles y nos conto que su trabajo consistia en ir a hablar con padres y profesores en areas rurales y controlar que los nanos no abandonaran la escuela. Una tarea algo infructuosa en el campo, segun nos conto. Ya en cuarto anyo (10 anyos) el 25% de los estudiantes han abandonado. Progresivamente es mayor la caida de escolaridad. La mayoria de padres prefieren tener a sus hijos cuidando el ganado o sus hijas en casa con hermanos o ayudando a su madre. 43.000 estudiantes en el distrito que controlaba Bogue. Mas de 63 escuelas. Buenos numeros pero una tasa de fracaso estrepitosa.
Llegamos a Tis Issat sobre las 9.30, buscando deseperadamente algo que desayunar, pero lo unico que pudimos encontrar fue un par de cafes y una mirinda de naranja para no desmayarnos. Thomas, un guia local, se nos pego a rueda y al final decidimos adoptarlo y dejarnos querer. Al menos tendriamos alguien que nos contara cosas y nos ayudara a encontrar el camino nada marcado hacia las cataratas.
Lo mas interesante de la jornada (las caidas de agua estaban algo deslucidas de caudal) fue la misma poblacion por la que paseamos. Un ambiente totalmente rural, con gente encantadora y amable hasta la medula, ninyos saludando y viniendo a practicar sus escasas palabras de ingles.
Las casas estan construidas de forma muy precaria, apenas de madera de eucaliptus, adobe y algo de piedra las mas lujosas. El poblado vive de lo que pueden plantar (tomates, coles, lechugas,...), frutales (mango y algun citrico) y del chat, la planta mas "viciosa" de los etiopes, que se usa para mascar y, en palabras de Thomas, al principio ayuda a concentrarse, pero luego se te olvida absolutamente todo.
La excursion en si hasta la cascada pasa por una zona seca, desciende hasta unos pequenyos canyones sobre los cuales pasa un puente llamado de los Portugueses del siglo XVII y luego acaba por entrar en un canyon mayor, sobre el que hay un inmenso puente colgante recien estrenado hace un par de anyos (del que pudimos ver un caiman nadando tranquilamente por las aguas) y acaba por desembocar en la zona de las cataratas.
Como he comentado, el caudal, al ser controlado por la hidroelectrica y al estar en epoca seca, no era muy grande y, aun asi, eran impresionantes. Imaginarlas en su momento de apogeo es espectacular...
El final de la excursion y, para evitar dar la vuelta por el mismo sitio, se realiza cruzando el Nilo con una pequenya barca a la otra orilla, para volver de nuevo al pueblito.
Eran cerca de las 12 cuando acabamos el tour, nos tomamos unos cafes y agua fresca con Thomas y nos dejo sanos y salvos en la parada del bus para volver a Bahir Dar. Pero las cosas no siempre suceden todo lo rapido que esperas, aunque con el hambre que teniamos, la cosa se hizo mas ligera con una injera y su shiro correspondiente, una conversacion tranquila con los locales, unos tragos de tej (una bebida de miel) y esa paciencia que tanto se gestiona en Africa.
Al final llegamos a Bahir Dar pasadas las 15 horas. Amar estaba preocupado, pero entendio que habiamos tenido que esperar a que se llenara el autobus (al final no estaba lleno, sino que mas bien rebosaba gente por las ventanas) pero pudimos recoger las cosas del hotel e incluso organizo que el micro pasara a por nosotros y no tuvieramos que desplazarnos. Un lujo de muchacho. Nos despedimos con gracias, sonrisas y pena, camino esta vez hacia Gondar.
El camino fue bueno, con una carretera digna y orden en los asientos, aunque Areia no lo disfruto tanto y acabo llenando un par de bolsas con buenos recuerdos... y muchas ganas de llegar.
Llegamos a Gondar (o Gonder) anocheciendo, en un caos tremendo, al centro de una ciudad muy desperdigada y con el nombre de una pension que nos habian recomendado. Nos trajeron un bajaj (un tuctuc local) para acercarnos, que venia con conductor y "guia" incluido. Al llegar a la pension no habia triples, asi que nos toco comenzar una peregrinacion en busca de un lugar con un par de camas decentes. 4 intentos mas tarde (ya nos hemos hecho expertos en comprobar muelles, grifos, enchufes, escondites de bichos, ....) al final nos quedamos en el hotel Abeba, un moderno edificio para ejecutivos locales, en medio de un barrio con mucha solera y vidilla nocturna.
Estabamos agotados. Eran casi las 21 horas, altas horas de la "madrugada" en este pais y nos miraron con cara de pez cuando comentamos de acercarnos al centro a cenar. Sea porque barrian para casa (habia un restaurante) o porque es cierto que a esas horas ya no se encuentra mucho, nos quedamos a saborear las delicias del Abeba, tomarlo con calma, pegarnos una ducha y descansar.
Un largo dia, con muchas emociones y necesidad de repostar.

Sigo vuestro viaje con la emoción de conocer a la"protagonista" y los "escenarios" aunque lo más apasionante es leer la trama que nunca es igual en un viaje por Etiopía y desde luego nunca decepciona, a pesar de algunas incomodidades que pueden convertirse hasta en pequeñas anécdotas de viaje si lo que se busca realmente es otra cosa como haces tú
ResponderEliminarBuen resto de viaje y espero veros en Walmara!