



El miércoles por la manhana amanecimos a las 7. Areia todavía dormitaba, así que aproveché para recoger los trastos y salir directas. No me atrevía a repetir la experiencia de los dos huevos fritos y, dado que íbamos a tener tiempo para tomar algo por el camino, lo invertimos en descansar in extremis. A las 8 salía el shuttle bus que nos llevaría hasta Mhlaya fruit market, el punto de partida para llegar hasta Manzini, que, a pesar de no ser la capital, concentra la gran mayoría de habitantes y el comercio local.
Llegamos posiblemente antes de las 9. Guiadas por el chófer de nuestro minibus- con instrucciones expresas de dejarnos en el sitio correcto- nos apeó en el "andén" del bus hacia Simunye, la población más cercana a Hlane. Allá deposité la mochila con toda tranquilidad. Estaba completamente vacío y, dado que era un vehículo de los "grandes" tardaría al menos una hora en llenarse.
La naturaleza femenina tiene estas cosas y esa "bonita fecha mensual" me estaba avisando y por tanto, precisaba urgentemente de un banho. Y, como no, la experiencia de un lavabo público en África es algo que no hay que perderse por nada del mundo. Por unos 2 céntimos te dan medio metro de papel (de una hoja!!!) y tienes derecho a tu trozo de agujero (no pidas cadena, no siempre funciona) y a efluvios comunes. Esos vienen en el paquete. El hilillo de agua final para parecer que te has lavado las manos es la puntilla para higienizarnos completamente. Lo dicho: Para repetir cuantas veces haga falta!!!
Dado que andábamos sobradas de tiempo, nos fuimos a buscar una panadería. Nos abastecimos de panecillos, madalenas y algún zumo y volvimos hacia nuestro busito. Un par de personas más. Tal vez con suerte, en un par de horas emprenderíamos camino. Mientras tanto, socializamos con el loco de turno de la estación, recibimos sonrisas a troche y moche y nos quedamos escuchando la banda sonora de una estación de buses africana: un amasijo de voces entremezcladas, llamando a futuros clientes, voceando los nombres de los destinos y tratando de atraer hacia sus vehículos. Miles de colores, bultos, sonidos, olores, decenas de "paradas" con senhoras que venden unas pan, otras bollos, otras refrescos de 3 clases, otras patatas, tomates o quien sabe lo que se pueda vender. El caso es vender algo.
Sorprendentemente, el bus pareció empezar a moverse cuando estaba como al 80%. Llevábamos tal vez 90 minutos esperando pero parece que tenían que partir y pensaron en rellenar huecos sobre la marcha, en trayectos más cortos. Increíble, teníamos hasta un poco de espacio.
De fondo, música de los 80 que me recordó a esas cintas que solía grabarme de la radio. Un flasback total a mi adolescencia en plena Swazilandia!!!
El viaje fue agradable, con paradas intermedias para recoger y dejar al personal- había que compensar por esos sitios vacíos- y, tal como había instruido ya, al llegar a la altura de Hlane, el bus nos depositó literalmente en medio de la nada.
La entrada estaba a unos 800 metros. Comenzamos a andar cuando un pick up blanco paró a nuestro lado y nos ofreció acercarnos.
- Pero está lejos? - pregunté
- No, pero os ahorro unos cuantos metros.
Metimos los trastos detrás y nos subimos a la caja, agarradas a la barra. Paramos un minuto a pagar la entrada al parque y aproveché para preguntar a nuestro samaritano:
- Trabajas en el parque?
- Algo más complicado que eso, pero sí, estoy en todos los parques
No tendría menos de 70 anhos pero estaba estupendamente y se le veía tremendamente vital. Empezó a intrigarme algo.
Nos dejó en la recepción, donde nos dieron nuestras llaves y nos indicaron la situación de nuestra cabanha.
- Perdona, cómo te llamas?
- Victoria, y tú?
- Ted. Encantado. Te espero luego para tomar algo aquí, en la terraza.
Acabamos con los trámites del check in y salí a reunirme con Ted fuera. No lo vi. Una camarera me indicó: El Senhor Reilly enseguida regresa, os espera aquí en unos minutos.
Me fijé y lo vi dando un pequenho discurso a unos escolares recién llegados. Sumé 2 y 2 y salieron las cuentas: Ted Reilly!!!!!!!!!!!
Hablar de la familia Reilly es rivalizar en fama con la familia real. Casi más conocido que Mswati III es el Mr. Reilly, toda una institución en Swazilandia!!!!!!!!
Su padre, Mike, fue quien llegó al país como gerente de una mina. Una vez la explotación se completó, decicidió asentarse y creó una granja, con la que estuvo viviendo una larga temporada. El padre realizó increibles trabajos de ingeniería en el país, cosas antes nunca vistas y la familia empezó a ser reconocida por sus méritos y su labor para ayudar. Hacia los anhos 60 la preocupación derivó hacia la caza furtiva. Swazilandia, rica hasta ahora en todo tipo de animal, estaba agotando sus existencias hasta en los más básicos. La familia decidió ponerse manos a la obra, se puso en contacto con la familia real y empezaron a luchar contra una tradición largamente impuesta.
La primera reserva que se creó fue Mlilwane, donde animales como la cebra, el nhu, los antílopes varios, o incluso los fagoceros fueron reintroducidos para su reproducción. Anhos más tarde fue Hlane, el parque de mayor extensión (35.000 hectáreas) y que alberga 4 de los Big Five: león, leopardo, rinoceronte y elefante (a falta del búfalo)
La hazanha ha sido costosa, muchos esfuerzos y una inversión constante en compra de animales. Lucha denodada contra la caza furtiva. Hlane, de hecho, está fuertemente cercado con valla electrificada, y no sólo para evitar que escapen los animales, sino también para evitar la entrada de otros mucho más depredadores que ellos.
El parque está dividido en secciones: La del rino, la general y la del león (y felinos varios, esta última cerrada con candado y accesible sólo con acompanhantes, no con tu propio vehículo).
Tomamos algo con Ted, que no hizo más que preguntarme. Le intrigaba que fuera sola con una ninha pequenha y usando transporte público. La gran mayoría tiene vehículo propio y si aparece alguien sin ruedas, suelen ser mochileros ambulantes. La combinación le llamó la atención pero me animó a seguir haciéndolo y, sobre todo, a disfrutar de los animales como lo hacía él.
Nos interrumpieron un par de ocasiones, para dar un par de charlas más. Finalmente, visto el libro de baile de Ted, nos retiramos para asentarnos, darnos una senhora ducha y descansar un algo.
Nuestra cabanha era espectacular. Hlane carece de electricidad pero tiene algunas placas solares para la zona central. Nuestro habitáculo tenía tan sólo lámparas de queroseno. Más que suficiente. Eso sí, tenía calentador y una ducha caliente digna de reinas. Y bien que la disfrutamos. Aprovechamos también para hacer la colada y retornamos con calma a la zona de actividades. Frente al restaurante y la recepción está la "hippo pool" donde merodean los hipopótamos y otros tantos animales. Por desgracia había llovido unos días antes, provocando cientos de charcos en el parque y dando posibilidades a los animales para beber en otros muchos sitios, con lo que su visita al hippo pool no era necesaria.
Nos conformamos con ver a los gráciles hipos nadar y rodar...
Ted nos volvió a saludar y - cosa rara en mi- le pedí hacerme una foto. Nunca lo hago, ni con famosos ni con pseudo artistas, pero este hombre para mi es un héroe. Alguien a quien recordar!!!!!!!
Partió al cabo de un rato para Mlilwane y nos dejó reservando un sunset drive para tratar de "cazar" nuestro león particular.
Esta vez partimos a las 15.30. Un jeep lleno de alemanes, esta vez cubierto por el techo y con redes laterales. Ya no tratábamos con hervíboros y las precauciones parecían necesarias.
El paseo en coche fue de 2.30 horas. Primero vimos a los gordos, primitivos e imposibles rinocerontes blancos (siempre me ha fascinado su rostro antediluviano!), luego una retahila de impalas, antílopes varios, algún fagocero y .. tachán, jirafas. Un poco de todo. Pero quedaba lo mejor: La zona del león.
Tuki, nuestro guía, se había empenhado en encontrarlo, así que nos mareó aquí y allá, hasta que, en la distancia, un paso indiscutiblemente majestuoso, cruzó el camino. Era ÉL!!!!!!!!!!
Un macho, con una inmensa melena, paso calmo y pose decidida, se cruzaba frente a nosotros. TOdos locos con las cámaras tratando de captarlo. Areia me decía: Mamá, pues no es tan grande!!! (ay!! Hija, si lo vieras de cerca se te saldría) pero abría la boca persiguiendo su sigilosa escapada.
Lo perdimos entre la maleza, dimos unas cuantas vueltas y ya cerca de la puerta de salida, allá estaba otra vez. Sin prisa, sin pausa, olfateando y oteando en el horizonte. Marcando sus límites. Twice lucky!! No nos lo podíamos creer!!!
Eso merecía una cena de senhoras. A las 18.30 nos metíamos un T-bone y un rumpsteak por la vena, con sus patatas y su ensalada. Si hay que ser carnívora de vez en cuando, teníamos la inspiración!!!!!!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nos encanta que nos contéis cosas, así que no seáis tímidos...