De nuevo "on the road" pero sin madrugón matinero. Desayuno tranquilo y relajado mientras esperábamos la minivan (furgonetilla de unas 18 plazas) para que nos fuera recogiendo camino a Banlung. Le hemos montado un pequenyo teatro para conseguir estar lo más delante posible con la excusa de que yo me mareaba y amenazaba con vomitar. El conductor insistía en que no podía ir delante del todo e incluso nos ha puesto un senyor al teléfono explicando que los asientos delanteros son para camboyanos. Y en realidad es así, están previstos para los locales, que van entrando y saliendo y que no suelen hacer el trayecto completo y, además, van repletos de cajas, bolsas y maletines de Chanel, amén de sus impenitentes Nokias tocando las melodías más originales. Me he conformado con la segunda fila y, la verdad, aquí el transporte es todo un lujo. Nunca sobrepasan la capacidad del vehículo. Lo llenan pero sin exagerar y, sobre todo, mirando por el confort de los pasajeros. Lujo asiático!!!
Aunque supuestamente la salida era a las 8, hemos andado deambulando y recogiendo gente y paquetes hasta las 9.40 que, finalmente hemos emprendido carretera y parecía que por fin entrábamos en la "highway". El firme lo han arreglado recientemente. Hace un anyo más o menos pusieron el asfalto pero ya hay inmensos boquetes en medio del camino que hacen presagiar que en poco tiempo tendrán que volver a revisarlo. Aún así, hemos recorrido el trayecto hasta Stung Treng en un par de horas antes de desviarnos hacia el este en dirección a Ban Lung, la capital del distrito de Ratanakiri. De pronto se ha acabado cualquier vestigio de asfalto y nos hemos adentrado en un camino polvoriento de tierra roja que cubría todo lo que había a su alrededor. Los tejados de uralita estaban mucho más coloridos y divertidos tintados de naranja y en paisaje daba la impresión de un otonyo perenne, puesto que las hojas estaban cubiertas de polvillo marrón. Incluso los nenúfares se banyaban ahogados por las motitas constantes que van levantando los vehículos a lo largo del camino.
A unos 50 kilómetros de destino han empezado a aparecer algunas máquinas, restos de cemento y conatos de asfalto. Un pequenyo tramo está ya siendo preparado para ser una carretera de tomo y lomo aunque, viendo cómo están hechas (la capa asfáltica es casi nula y se aplica sobre todo cemento) no es de extranyar que les duren dos telediarios.
De nuevo hemos podido observar esas inmensas plantaciones de caucho que parecen extenderse cual carcinoma, invadiendo cada trozo de tierra y acabando con cualquier otra especie local. Más allá de los primeros cien metros junto al camino empieza la selva y, a partir de ahí, tierra de nadie. Ratanakiri es, además, una de las zonas con más minas antipersona de Camboya. En su día fue el refugio y cuartel central de los jemeres rojos, que sembraron toda la zona para evitar la incursión del enemigo. Cada anyo esas bonitas armas se llevan la vida de unas 2000 personas, y otros tantos heridos en el país. Para hacer una estadística rápida, todos los días explotan unas 20. Como podéis imaginar, lo de aventurarse fuera de los caminos trillados en este país sí es una aventura...
Al llegar e Ban Lung el chofer ha hecho el reparto de personal en sus casas o allá donde le pedían. Nosotros hemos querido ir al TreeTop Lodge, una opción bastante peculiar de casitas en árboles, pero nos hemos encontrado con que estaba lleno. Hemos recalado en una inmensa casona Khmer con una habitación impoluta y unas preciosas vistas. Todavía está en construcción, con lo que durante el día es algo ruidosas. Veremos la experiencia en las próximas horas y si nos convence nos quedamos. De lo contrario sí tenemos confirmada habitación en el TreeTop.
De momento nos hemos dedicado a palatear las delicias culinarias de esta ciudad. Banlung es un inmenso mercado donde se vende de todo. La parte de alimentación es impresionante, no sólo por sus productos de primera necesidad sino por los chiringuitos que preparan comidas de take away. No tenemos idea de cómo se llama lo que hemos comido, ni realmente lo que tiene, pero solemos pagar unos 10 céntimos por cada pieza, entre las cuales estaban: rollitos fritos de arroz glutinoso, tortas verdes (una especie de crepes fritas de verduras) rellenas de papaya verde y otras verduras alinyadas, bunyuelos de verduras (col?) con algo picante, pastel de boniato con coco rallado y algo que no sabemos muy bien que es, pero es una especie de postre, con pastelillos mezclados con fruta, leche condensada sobre una base de hielo... Lo dicho, no sé cómo explicarlo pero sí como disfrutarlo y comerlo. Está todo para chuparse los dedos!!! No nos hemos atrevido todavía con la sección insectos y eso que aquí es tremenda. Las ranas también las preparan a la parrilla, pero estas son completas, no sólo las ancas. Entre las fritangas había saltamontes, gusanos, larvas, ranas (estas ya vacías) y escarabajos. Delicatessen para todos los gustos.
Manyana cogeremos una scooter para perdernos por los alrededores. Aquí el turismo está empezando a despertar y hay agencias que organizan trekkings por la selva, excursiones por las comunidades y minorías étnicas, paseos en elefante y miles de opciones más. La naturaleza aquí es exuberante y generosa, hay ríos, cascadas, sombra, lagos, cráteres y lugares donde perderse. Lo iremos descubriendo en los próximos días.
De momento, ahora, creo que nos vamos a seguir comiendo... Nyam!!!!!!!!!!!!!!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nos encanta que nos contéis cosas, así que no seáis tímidos...