Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Montanyas, lluvia, mares y charcos

Tenemos cierta debilidad por las ciudades de tamanyo medio, mas bien anodinas (aparentemente) y exentas de flujo turistico. Tal vez la ausencia de ese "uso comercial" les dauna autenticidad que las que han sido tocadas por esta pequenya gran plaga que es el turismo (sobre todo el de masas) cuya alma mas autentica suele verse arrebatada en pos del intercambio economico. Nos paso con Lokon en Indonesia, con Masaya en Nicaragua, con Aleppo en Siria, con Kratie en Camboya y con KonTum en Vietnam. Y nos peso tener que irnos sin poder disfrutarla un poco mas.

Nos despedimos de la senyora encantadora de nuestro hotel, que se deshizo en atenciones para tratar de hacer comoda nuestra estancia, desayunamos junto a la estacion de buses bajo la atenta mirada de una senyora mayor que, con su desdentada sonrisa nos pronunciaba su nombre reiteradas veces a cambio de darle el nuestro. Nos sirvio unos estupendos cafes con leche (esta vez dejamos el hielo por motivos obvios) y nos preparo un bocata para quitar el hipo. El toque especial estaba en la placidez de su mirada.

A las 7.40, con toda puntualidad, nos sentabamos en nuestro mini bus de 15 plazas. Ley de Murphy: cuando tienes por delante largas horas de carretera de montanya con puertos y curvas, te toca siempre el asiento trasero. Por suerte habia mucho que mirar y una estupenda ventanilla para abrirla de par en par y que nos diera el aire.

El viaje de KonTum a Danang duraba teoricamente unas 5 horas. En realidad fueron casi 7 por una carretera de trenza de macrame, con giros, curvas y nudos. Las primeras dos horas pudimos ver todavia cielo abierto, espacios amplios, cerros, campos y poblados medios. Despues de un buen rato, el altimetro subia tanto como la temperatura bajaba y empezamos a pasar pequenyos puertos. El tiempo se cerro por completo y apenas se veia a unos metros. Preocupado y angustiado, un viejito de la segunda fila no paraba de levantarse y acercarse al conductor, esperando que este pudiera ver algo mas de lo que sus cataratas le permitian. Por momentos la visibilidad apenas llegaba a 10 o 15 metros, con lo que el chofer conducia en "braillie" y a base de bocinazos.

En un punto del recorrido, despues de casi tres horas, paro en medio de la nada, al final de una subida a la salida de una curva.

"Es un break" nos dijo Trung. En realidad era una parada tecnica para pegar una meadita. En medio de la mas autentica NADA. Los vietnamitas se pusieron al borde de la carretera como quien admira un cuadro. Yo busque una verita del camino tratando de no montar el show alli a las bravas por lo que me retrase unos 34 segundos mas de la media y ya tenia al conductor ansioso por devolverme al sitio y ponernos de nuevo en marcha.

Trung, uno de nuestros companyeros de viaje, paso a la fila de atras donde estabamos nosotros y aprovecho su medianamente fluido ingles para irnos contando cosas. Trabaja para FFI (Fauna & Flora International) una organizacion que trata de preservar la biodiversidad y ecosistemas en el sudeste asiatico. Nos estuvo poniendo al dia sobre todos los problemas medioambientales de Vietnam y las dificultades de luchar contra los intereses de los ricos por un lado y los metodos de vida tradicional por otro. La tala ilegal es el pan nuestro de cada dia pero luego estan las taladas masivas para despejar inmensos terrenos y plantar arboles de caucho. La cosecha de esta preciada goma precisa al menos de 6 o 7 anyos de crecimiento de los pimpollos y luego se pueden explotar durante unos 25 anyos. Despues, se suelen cortar, aunque la madera apenas sirva mas que como lenya para cocinar. Y luego dejar que vuelva a empezar de nuevo el ciclo. Muchos campesinos han vendido sus tierras tentados por las buenas ofertas, han gastado su dinero y se ven abocados a trabajar para el latifundista que es ahora propietario. Siguen empobrecidos, no tienen independencia y su forma de vida se ha alterado por completo.

Trung viaja casi todos los fines de semana a Danang (con sus correspondientes 7 horas de camino enrevesado) porque su mujer vive alli con su recien nacido hijo. Nos confesaba que pasa miedo en el camino cada vez porque las nubes se empenyan en habitar en esos 1000 metros de altura y siquiera los fuertes vientos que azotan la zona consiguen que se contoneen un apice y bailen al son de los silbidos.

Lo bueno es que la belleza superaba con creces la inseguridad que transmite la carretera. Montanyas escarpadas con bosques enrevesados, arboles supervivientes observando desde lo alto invasivos cultivos que trepan por las laderas buscando su sitio, decenas de cascadas fluyendo desde lo alto en uno o varios saltos, un rio inmenso de aguas bravas que se van calmando en su descenso para fluir con la calma que requiere un paisaje tan bello... Un escenario que pudimos disfrutar a pesar de esa humedad que se colaba hasta por las ventanillas del vehiculo.

La lluvia nos estuvo acompanyando un buen rato. De pronto el verano de estas ultimas semanas se transformaba en invierno en cuestion de minutos. Para asimilarlo paramos, por fin, a comer y pudimos calentarnos las manos con un pho y unos mi en el cuerpo.

Nos despedimos de Trung en la entrada de Danang y llegamos pasadas las 14 a la estacion central de la ciudad.

Como en cualquier rincon del mundo, una estacion de autobuses es un nido de ladrones, maleantes, pillos y listillos. Ya lo pudimos ver en Pleiku y en Danang tambien tuvimos nuestro propio espectaculo. Habiamos subido al bus a Hoi An y el revisor ya nos estaba ensenyando un billete para indicarnos el precio (aqui es costumbre, para indicar la cantidada, ensenyarte el billete adecuado, lo cual es un lio porque tienen muchisimos y se parecen todos horrores). Sabiamos que estaba en torno a 10.000 dongs pero de pronto el tipo empezo a decirnos que eran 100.000 por ambos. Le dijimos que ni hablar, y le sacamos los 20.000 de turno. Se puso a gritar en vietnamita y a indicar que nos bajaramos a lo que respondimos preguntando al pasaje cuanto costaba el billete. Curiosamente nadie queria responder, todos miraban con cara de poker y de pronto, nadie hablaba una palabra de ingles. Extranyo. El conductor dijo que eran 20.000 por barba y por no discutir mas le alargamos 40.000 al indeseable, pero sin fiarnos un pelo. Indignados por el gesto, Miguel se levanto y se propuso saber cuanto era el precio real, convirtiendose en la sombra del cobrador y viendo uno por uno lo que pagaban los pasajeros y el vuelto que les correspondia. El bichejo se ponia de espaldas y los clientes se quedaban parados, sin saber que hacer, sin atreverse a finalizar el gesto. Como ya esperabamos, el monto eran 10.000, por lo que Miguel reinvindico en voz alta nuestro vuelto. Despues de discutir un buen rato, el desgraciado del hombrecillo, harto de verse acosado, le alargo los billetes y se callo.

Round two for us.

La discusion final no eran por el dolar de vuelta, sino por el orgullo personal de no dejarse tomar el pelo y sentar la base para que abusen de otros.

Para rematar el viaje y sus entretenimientos, el conductor se paso la hora entera entre Danang y Hoi An haciendo alarde de su pito. Puro exhibicionismo. Y no tenia uno, tenia -por lo menos- cinco: el de barco, el de feria, el de la tombola de la chochona, el de camion y el de ambulancia. Estuvimos cronometrando y no dejo ni un espacio de 20 segundos sin subir su ego con el pitidito.

Llegamos a Hoi An con gran alegria y algo mas de lluvia. Tomamos un taxi hacia el hotel que el dia anterior habiamos reservado previendo el aluvion de gente que ibamos a encontrar y haciendo una pequenya criba de la oferta hotelera.

Cuando llegamos al Nhi Nhi no nos defraudo la idea que nos habiamos hecho. Yum (seguro que se escribe muy distinto) nos atendio de forma exquisita con un te y nos situo en nuestro puesto. Nos acompanyo a la habitacion donde nos esperaba una grata sorpresa.

La cama estaba cubierta de petalos y, cortado con hojas de banano en finas piezas, habian escrito "Happy Honeymoon", haciendo tambien formas con las toallas y un inmenso corazon con las sabanas. Una horterada inmensa, pero de una dulzura tal que nos enternecio tremendamente. Miguel les habia comentado que estabamos de luna de miel (por aquello de insistir en la cama grande) y nos lo habia dejado adecuado para la ocasion. Nosotros que no estamos acostumbrados a estas lides nos sentimos casi avergonzados de vernos tratados asi y, sobre todo, estaba todo tan bonito que nos daba pena hasta lanzarnos sobre el camastro en cualquier acto carnal. Eso si, Yum no se fue sin hacernos antes fotos en (casi) todas las posiciones con el monumento efimero.

Sobrepuestos por los honores, nos vestimos para la ocasion (con toda la ropa de abrigo y las zapatillas mas cerradas) y nos fuimos a pisar charcos por Hoi An.

La ciudad es una pequenya joyita con un centro historico declarado Patrimonio Mundial por UNESCO en el 99. Sus casas han sobrevivido gracias al tiron que han tenido y a la intervencion de varios arquitectos y distintas iniciativas pero ha sido el turismo quien a la vez le ha permitido sobrevivir, eso si, al precio de convertir las casas tradicionales en tiendas de recuerdos, cafes, restaurantes y sastrerias. Todos los portales estan orientados a vender y a consumir. Apenas se puede apreciar la belleza arquitectonica entre modelos copias de Versace y Gucci, salvamanteles, cuencos de laca y palillos de caoba.

En realidad la ciudad es, sobre todo, un centro de compras.

Paseamos un rato bajo la lluvia con el paraguas prestado del Nhi Nhi que, para el colmo, tenia goteras y un rabo tuerto. Nos empapamos de rodilla para abajo y observamos como el rio llegaba ya a las aceras de la primera linea. Los barcos amenazaban con entrar por las estrechas puertas y bajo el puente que cruza a An Hoi, la zona de enfrente (y se calentaron mucho la cabeza con el nombre: solo le dieron la vuelta!!!) apenas quedaba un palmo de margen para no chapotear.

Asustados por los precios de los estupendisimos cafes y restaurantes del centro, acabamos en una terraza comunitaria donde suelen reunirse locales a cenar. A resguardo de la lluvia bajo los toldos, quisimos probar el Cau Lao (con tallarines de curcuma), el WonTon (muy distinto del chino) y las Rosas Blancas, todos ellos una autentica delicia, tanto casi como la cocinera que estuvo preparandolos con esmero para nosotros.

Hoy, de hecho, hemos vuelto a verla. Se ha alegrado mucho de vernos aparecer y le hemos pedido otro WonTon para abrir boca, y un inmenso Hot Pot que pensabamos que no acabariamos, pero aqui estamos, sin apenas podernos mover de la silla del platazo que nos hemos metido entre pecho y espalda.

El dia ha amanecido lluvioso en Hoi An, pero nada que un poncho rosa y otro verde no puedan solucionar. Se ha ido despejando a lo largo del dia y hemos podido disfrutar de un dia tranquilo y de paseos por la zona. Inevitable hacer alguna compra, caer en la seduccion de los talleres de costura (salgo con modelitos para las proximas 10 temporadas, no porque me haya hecho muchos, sino porque son intemporales y duraderos) o de las segundas marcas de material de montanya. Confieso: hemos picado un poco, pero sin descerebrarnos y con cabeza.

Manyana volamos a Hanoi por la manyana. Alli pasaremos el dia y trataremos de apurar nuestros ultimos paseos y nuestras ultimas comidas (es lo que mas voy a echar de menos!!!) pero volveremos con nuestras ninyas, a quien tenemos tantas ganas de ver que no nos caben en la mochila...





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