Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Seres acuáticos

Ayer hicimos los honores a la diosa madre y la tierra, colocándonos toda la que pudimos por cualquier rincón (siguen saliendo motas rojas por doquier y aun con colada, la ropa sigue destinyendo). Hoy hemos querido darnos cierto descanso al respecto aunque hemos vuelto a calzarnos el aspecto de Hermanos Dalton que se nos queda con las mascarillas que compramos en el mercado, utensilio IMPRESCINDIBLE para poder respirar, charlar y llegar con ciertas condiciones de salubridad a cualquier sitio. El casco no es necesario, pero la máscara y las gafas de sol (incluso las gotas, diría yo) son implementos obligatorios para moverse por esta zona. Cual banda de atracadores andamos sobre nuestro galgo automático. Para nuestra suerte hoy la scooter era algo mejor y hasta le funcionaba todo el cuadro. Se agradecía terriblemente que la amortiguación fuera más fiable y no dejarnos los rinyones pegados a la carretera.

Hemos vuelto a desayunar en nuestro cafelín. Lo lleva un matrimonio mayor, ya entrados en los 60. Es un caso atípico porque él le ayuda constantemente en el chiringuito. El mundo del mercado es 100% femenino y ver un hombre no sólo estar sino además colaborar activamente, llama poderosamente la atención. Él pone el agua a hervir, rasca el hielo, realiza las labores más duras y arduas y ella lleva a cabo la filigrana de colar el café en múltiples botes (se va filtrando poco a poco y las cantidades que se acumulan son mínimas, por eso tienen unos 20 botes colando a la vez). Se han reído de vernos aparecer otra vez, aunque previamente nos habíamos tomado ya una crepe de esas vegetales que tanto nos gustan, esta vez en un tazón con caldo y aderezada de distinta manera. También hemos comprado algunos pastelitos que parecían estar hechos de plátano y coco, acompanyados de ajonjolí y leche de coco. Una delicia más que anotar.

Hemos paseado por el mercado buscando café autóctono para deleitarnos en casa de vez en cuando con una taza. Por supuesto hemos adquirido también el colador, puesto que el método de factura es fundamental. Un cafetito?????

Cuando hemos emprendido carretera eran casi las 11. Hoy teníamos pensado hacer la parte más "acuática" de la zona, visitando las cascadas que hay alrededor de Ban Lung para acabar en su famoso lago, un cráter volcánico a unos 4 kilómetros de la ciudad, centro de recreo para los camboyanos (algo así como la piscina municipal) aunque hoy lo hemos encontrado tranquilo.

La senyalización en Camboya es todo un poema. Resulta sumamente complejo saber para donde ir, no sólo porque esté casi todo en khmer, sino porque incluso cuando lo ponen en inglés, igual colocan la senyan 100 metros antes que 200 después, con lo que nunca sabes dónde has de girar o si lo que indican es la salida. Total, que hemos acabado más perdidos que un pato en un garaje, dando vueltas por plantaciones, pueblecitos y casitas diseminadas, preguntando a todos los aldeanos. Cada uno nos senyalaba un camino, con lo que llegar a Kan Tieng, supuestamente a unos 6 kms a las afueras, nos ha llevado más de una hora y media. Eso sí, el camino ha sido muy divertido.

Ka Tieng en sí es también un área de recreo. La cascada tiene unos 15 metros de altura y posee una zona amplia para nadar, aunque el agua es de un marrón que tira de espaldas, además de ser una zona muy sombría, con lo que no invitaba mucho al banyo. Andábamos justos de gasolina (habíamos previsto 10 kilómetros, no los 40 que hemos hecho!) pero nos han tranquilizado porqu en Ka Chang, la siguiente cascada, había gasolineras.

En efecto, alrededor de Ka Chang había todo un poblado, no sólo con bombas, sino con restaurantitos y una gran industria de caucho. Asusta ver la cantidad de bosque que se han llevado por delante para colocar estas inmensas plantaciones, que luego se abandonan una vez el árbol no da más. Por el camino toda la flora autóctona, los grandes árboles y los bosques han desaparecido.

Cabe decir también que algo que llama mucho la atención en Camboya es que no se ve nada de fauna. Incluso insectos, reptiles o batracios. Y la respuesta está en los mercados: se lo zampan TODO. Son omnívoros hasta el extremo. Cucarachas, larvas, serpientes, lagartos, saltamontes, ranas, sapos, ... Todo lo que se mueve, al igual que cualquier raiz o tallo. Lo aprovechan todo. Los camboyanos harían un buen papel en una versión de "supervivientes".

Hemos acabado el "tour" de las cascadas en la más impresionante: Cha Oung.

Nos ha pillado ya a las 15.30, cuando el sol empezaba a bajar y todo el mundo había desaparecido. La caída es de unos 50 metros y se puede pasar por detrás de la melena de agua. Tanto el sonido como la luz que se filtraba eran apabullantes. El paraje gozaba también todavía de algunos árboles gigantes, cubiertos por cientos de lianas y enmaranyadas estructuras que se abrazaban por todas partes.

Ciertamente era la más espectacular y además la más tranquila de todas, tal vez porque el banyo requiere más complejidad, es algo más peligroso y el acceso más peliagudo. Curiosamente también ha sido el rincón donde hemos podido observar la gente más auténtica. Esas minorías que suelen vender como gancho los touroperadores, paseaban tranquilamente, sobre todo esas mujeres, con grandes cestos en las espaldas, desnudas de cintura para arriba (o con apenas algunos harapos cubriéndolas) y fumando una pipa, con la que van caminando de arriba a abajo. Algunas mayores, otras más jóvenes, pero todas con su eterna sonrisa.

Hemos salido directos hacia Ban Lung, pasando como un suspiro hacia Yeak Lom, el lago de la ciudad. También nos hemos encontrado con un panorama tranquilo y de calma. El sol bajaba ya y los reflejos sobre el agua eran más intensos que el mismo cielo. La luna, que luce casi llena, se reflejaba con total claridad. Nos hemos quedado extasiados viendo los cambios de luz hasta que el sol ha desaparecido por completo. El agua era un auténtico espejo por su perfección (el cráter es completamente circular) y por la quietud de su superficie. Se escuchaban las atronadoras chicharras, algún atrevido insecto y los descarados geckos. Y algún distante chapuzón en la orilla de los locales más avezados.

De noche ya hemos emprendido vuelta a la ciudad. Hemos devuelto la moto a nuestra pandilla de fumetas, los de Lucky Tours, un grupete de chavales con los que hemos estado haciendo business estos días. Aunque tienen "anyos de experiencia" en el cártel, apenas son mayores de edad y se pasan el día de risas. Nos han vendido el ticket a Vietnam para manyana. Teóricamente no sólo nos llevan a la frontera, sino luego nos recoge otro minibus que nos acerca a Pleiku, la población más grande de la zona. Esperemos que sea así. Es parte de la gracia, tienes que creerte las cosas y confiar en su buena fe. Como mucho nos tocaría negociar otra forma de transporte. Pero llegar, llegaremos.

Nuestra última noche en Camboya. Ayer nos trasladamos al Tree Top para darnos un merecido homenaje, un hotelito construido entre una arboleda, con casitas en alto verdaderamente idílico, aunque tan sumamente atractivo que se lleva el grueso de visitantes de esta ciudad (lo cual parece algo frustrante para las demás guest houses) y los está convirtiendo en algo snob y antipáticos. Qué malo es morir de fama!

Y hoy volveremos a catar las delicias del mercado, tratando de superar los noodles fritos de ayer noche. Lo mejor es que nunca sabemos ni lo que vamos a comer (son ellos quienes nos sirven lo que tienen), ni cómo se llama pero siempre resulta un verdadero éxito. No es dificil cuando todo está tan exquisito!!!

Li Hai, Camboya!!!!

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