Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Cerrando el círculo. Hanoi again. Despedida y cierre.

El viaje en taxi a Danang son 45 minutos. Exactos. Era lo que nos habían dicho y es lo que tardó (ni un minuto más ni uno menos) el conductor en dejarnos en el aeropuerto. Incluso a costa de ir a 50 kms por hora sin excederse un metro.

Vuelo sencillo y, para más lujos, teníamos un cartelito a nuestra llegada a nombre de "Roncero Carballo", que en una hora más nos depositó en el céntrico Atlantic Hotel, una reserva que hicimos previa por unos 10 euros (el centro de Hanoi es caro, así que aprovechamos la oferta) que daba de sobra la talla para lo que necesitábamos.

Las últimas horas en la capital, deambulando por el barrio de las 36 calles, el centro histórico de Hanoi, junto al lago Hoan Kiem, el corazón palpitante (y ruidoso) de la ciudad. Unas calles dedicadas a ropa, otras a zapatos. La de allá, a fabricantes de bambú, esta de aquí a aparatos eléctricos, la de la derecha a electrodomésticos de cocina y la de más atrás, tiene sólo "hot pots" para cenar. Para que luego hablen de especialización en nuestro mundo occidental...

Anduvimos paseando, esquivando el caos del tráfico que se organiza en un lunes, donde a última hora de la tarde también reciben casi todas las tiendas nuevas mercancias, con lo que eso significa: Motocicletas sobrecargadas hasta los topes con fardos impensables, pitidos para avisar de la entrega, prisas por hacerse con el género y organizarlo lo antes posible, clientes nerviosos por tocar y probarse los nuevos modelos... Un caos total sin posibilidad de escape.

Hicimos un par de altos para comer en algún rincón más apartado, tomar un último café en un chiringuito local y acabamos cenando en un callejón tranquilo, divertidos con nuestra propia plancha, donde íbamos colocando verduras y carne de la inmensa fuente que nos habían servido. Para beber algo caliente que no era té sino un caldo que sabía a maíz dulce. Un pequeño festín de despedida con un deje a ajo y especias. Como siempre, una delicia para el paladar.

A las 7.30 de la mañana del martes habíamos acordado transporte para el aeropuerto, compartido con un par de personas más. En la cola del check in vimos algunas caras conocidas del vuelo de ida. Volvíamos menos llenos pero los rostros estaban más contentos y calmados. 10.40 horas de paso hasta llegar a Moscú, otras 6 hasta los Madriles. A medianoche aterrizábamos en la capital, agotados después de tanto trecho, con el paso cambiado y ganas de ponernos en posición horizontal.

Oír la voz de Areia después de dos semanas me supo a gloria celestial y mis ganas de abrazarla se hicieron aún más intensas. Era la mejor manera de empezar el día. Madrid amanecía gris y frío, para paliarlo, nada mejor que unas buenas tostadas con tomate y un gran pincho de tortilla de patata. Producto nacional 100%. Bienvenidos a España.

A las 10 cogimos el transfer que ofrecía el hotel al aeropuerto. Desde la T4 hay un fantástico cercanías que en 20 minutos te deposita en Atocha. Tiempo incluso para un té.

11.32 subíamos en nuestro vagón del AVE. Sin haber dejado siquiera las mochilas, la señora de 3 asientos atrás empezó a gritar "Mi marido, mi marido!!!"... El hombre se había desmayado y se caía hacia los lados. Dos tipos y Miguel lo sacaron a la plataforma entre vagones. El hombre había entrado en parada. Los pasajeros y trabajadores de RENFE andaban pegando gritos buscando ayuda y llamando al 112. Miguel empezó con la RCP y el único médico que había disponible acudió para ayudarle. Entre ambos lo estabilizaron durante los 17 minutos que tardó el SAMU en llegar. Habían logrado mantenerle respirando y le aguantaron el pulso. Los de emergencias lo sacaron al andén, donde empezaron con las maniobras más fuertes.

El tren arrancó con 15 minutos de retraso. Más tarde pasó el interventor para avisarnos de que el señor estaba estable y a salvo en el hospital. El hombre salió adelante gracias a la intervención en esos momentos cruciales.

Muchas mujeres sabemos lo que es traer una vida al mundo pero algunos privilegiados también pueden experimentar lo que es devolvérsela a alguien que la está perdiendo. Se puede tener un mejor regalo anticipado de navidad???

Os he dicho lo orgullosa que estoy de mi "señor marido"???

Y lo feliz que me siento a su lado???

Ya estamos en casa, aunque nuestro hogar es allá donde podamos estar juntos. Sin más.






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