Algunas cosas no acaban de tener mucho sentido pero con tal de servir, esta gente va hasta cualquier extremo.
El camino de Siem Reap a Kratie eran teóricamente unas 7 horas. En realidad han sido 10 pero los viajes no se hacen pesados porque siempre hay algo con lo que entretenerse. Un par de cabezaditas y, sobre todo, unos companyeros de viaje que consiguen que pases el tiempo de lo más animado.
Esta vez teníamos a nuestra vera a un matrimonio con dos ninyos de unos 2 y 4 anyos. Contrario a lo que es habitual aquí, los vástagos eran insoportables y no paraban de dar la brasa. Era una pareja de un nivel más alto de lo habitual. Se notaba en la ropa, en los detalles (el personal común no suele lleva iPhone) y en la cantidad de guarrerías que ingerían los infantes. Pero lo peor era la indisciplinada actitud de las criaturas, que hacían lo que les venía en gana. El de 2 no podía estarse quieto ni dejar de gritar. Pegando saltos iba de asiento en asiento y cuando algo le gustaba lo pedía sin mediación. El de 4 ha cogido un par de berrinches cuando el padre amenazaba con quitarle el aparatito de marras y al final ha salido ganando y jugando con las miles de opciones del hijo predilecto de Apple. Tras la parada para tomar algo, han subido cargados de viandas y con juguetitos de plástico para apaciguar los ánimos. Tampoco lo han conseguido. Al pequenyo le he contado 4 chupachups, unas decenas de galletas, las papas que le ha robado a la senyora de enfrente y unos saltamontes fritos que casi le han llevado a ahogarse al no haberle quitado las alas (o eso hemos observado en el arte de comer bichos). Por cierto, tendremos que probarlos, pero estamos haciéndonos el ánimo....
Está claro que los ingresos no tienen mucho que ver con la educación...
Lo que sí estaba rico o al menos a mi me ha convencido (no tanto a Miguel, que me ha cedido el placer a mi sola) es un mango verde que me he agenciado en la parada de Kampong Cham, a mitad de camino y donde debíamos cambiar de bus. La fruta estaba totalmente ácida pero venía acompanyada de una bolsita con una mezcla de chile molido, azúcar moreno y sal. Se mojan los trozos (que ya te dan cortados y pelados) en el polvillo y "to p,adentro!". La mezcla es curiosa, ya que une ácido, salado, dulce y picante. Como la vida misma!!!
El trayecto hasta Kampong Cham, hacia el este siguiendo el curso del Tonle Sap, es una sucesión de campos de arroz alternando con palmerales inmensos y cientos de casitas tradicionales del mundo rural. En Camboya sí comienzan la casa por el tejado. De hecho ponen pilares, realizan la techumbre y sobre el vértice superior colocan la fecha de ejecución. Después siguen hacia abajo, realizando el primer piso, que es de madera recubierto unas veces con más madera, otras con bambú y hojas de plátano. El poderío se va viendo en detalles como las persianas para cubrir balcones o ventanas, el uso de la pintura, la terminación de la factura de la construcción y, sobre todo, el hecho de que esté cerrada la parte de abajo.
El bajo queda casi siempre abierto, destinado a almacen, lugar donde estar, trabajar, cocinar y hacer vida durante el día (siempre tiene algunas hamacas) pero aquellos que se lo pueden permitir, lo cierran con material de obra (hay que tener en cuenta que en época de lluvia suele inundarse con lo que la única opción es hacerlo realmente resistente) para preservarlo mejor. Pero esto sólo se ve en contadas ocasiones. Lo curioso también es la orientación. Todas las casas transcurren con las aguas de los tejados paralelas a la carretera, dejando la fachada que en principio parecería lateral como la principal. Y la mayor parte tiene 3 "naves" con la central algo más destacada y las dos laterales bajando ligeramente en tamanyo. El acceso tampoco tiene una escalera única, sino que suele tener varias entradas. Una forma curiosa y tradicional de construir.
Tras pasar Kampong Cham y tomar el bus que nos traía hacia el norte, a Kratie, nos ha llamado la atención ver cientos de árboles plantados de forma artificial. Lo primero ha sido pensar en reforestación pero cuando hemos empezado a ver miles de hectáreas con el mismo tipo de hoja y al fijarnos bien hemos visto que estaban todos "sangrados" por el mismo sitio y con un coco recogiendo la resina, hemos caído que era explotaciones masivas de caucho. No os imagináis la superficie que ocupa!!! Alterna en algún trozo con el café (por cierto, está exquisito!!) pero cubre kilómetros y kilómetros de toda esta zona y parece que está en pleno auge porque se ven aún más zonas siendo trilladas y con pequenyos árboles tomando ya forma.
Hemos llegado a Kratie con la tarde ya caída. Nos han amenizado los últimos tramos con los impertérritos karaokes en la televisión, las series de humor (que encuentro francamente de mal gusto pero que aquí triunfan enormemente) y una película de lo más banal pero que al menos tenía subtítulos que te obligaban a fijar la vista en algo.
Ya nos hemos instalado en un hotelito de nombre impronunciable, junto a la orilla del Mekong por la indecorosa cantidad de 6 dólares. Manyana saldremos a explorar la zona pero no sin antes lanzarnos a degustar alguna de esas delicatessen locales que tanto nos gustan.
Besitos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Ahora es cuando viene lo del gallo.....
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