Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

martes, 22 de marzo de 2011

Un requiebro en el camino

Lo mejor de no hacer planes es que nunca fallan. La improvisación es la mejor guía y siempre acabamos cambiando. De no ser así, nos habríamos tirado mil veces de los pelos.

Anoche casi envían alguien a buscarme. No sólo es que tardé un ratito en relataros la historia de Palmira, sino que los apenas doscientos metros hasta el hotel me costaron la intemerata. Venderte esto, invitarte a entrar a una tienda o conversar con Mohammed, que te cuenta que acaba de ver a tu marido e hija y te invita a pasar y tomar un té. Cualquiera busca la vía rápida. Es imposible andar por prisas.

Esta mañana madrugamos. La luz entraba a raudales por la ventana ya alrededor de las 5 pero aguantamos hasta las 7 para disfrutar del desayuno y salir a una hora decente. A las 8 estábamos en el bus hacia Homs, un punto en medio de la nada en la hipotenusa de nuestro triángulo. Nuestro viaje tiene tres puntos: Damasco, Palmira y Aleppo. Las dos capitales en los extremos y las ruinas en un extremo. De Damasco a Aleppo corre la vía central que une al país por unos 400 kms. Homs está prácticamente en medio. En el autobús hemos intentado sentarnos en nuestros asientos pero estaban ocupados, por lo que se ha formado un pequeño caos fácilmente subsanable. Al final, Miguel ha ido delante y nosotras atrás, con el grueso de mujeres, que suelen ocupar asientos traseros con bebés e infantes. Sólo hay parejas mixtas si hay matrimonios. Las mujeres locales jamás se sientan con congéneres masculinos pero al subir una pareja de alemanes y una de japoneses han sentado a la japonesa con una local, a él con la alemana y al germano lo han dejado perdido por detrás. Extrañas combinaciones.

Me he puesto a leer a Rosa Regás, levantando ocasionalmente la cabeza para ver un paisaje reiterativo, con ese aire yermo del desierto, tan sólo salpicado por versiones de Gris o Picasso de una montaña en estilo cubista, que es el aspecto que le confieren las casas, del mismo color de la tierra apenas interrumpido por la mancha de la puerta o de la ventana. De vez en cuando, una sorprendente alfombra verde poblaba el terreno, aprovechando una fuente de agua. A unos 40 kms. de Homs, el paisaje se tornaba totalmente diferente, plagado de pinadas, almendros, olivos y agua.

Hemos llegado en apenas 2 horas. En Siria coger un bus es algo complejo porque hay distintas estaciones de bus según el destino, la compañía o el tamaño del bus. Un poco lioso, considerando que todos los carteles están estrictamente en árabe y dependes por completo de su amabilidad y disposición a ayudarte.

El alemán, con pinta de hippy hitleriano y acompañado por su mujer velada (no sé si por imitación o por creencia) era un tanto peculiar. Gritaba y discutía constantemente, se ponía grosero y cuando ha querido compartir taxi con nosotros para ir a la otra estación, se ha puesto tan rudo con ellos que nos hemos sentido realmente incómodos.

Entre tanto, nosotros nos debatíamos entre seguir nuestra idea original de ir a Crac de los Caballeros o subir a Aleppo directamente. En la nueva estación de Homs nos han dicho que el bus de las 10 a Crac había salido hacia 10 minutos y hasta las 14 no teníamos más opciones. Nos ofrecían alquilar entre los 5 un taxi (eso sí, duplicando el precio)

Entre la presión, las dudas sobre la certeza de la información y la agresividad del alemán, hemos optad por la opción de saltar Crac e ir a Aleppo. El bus salía a las 11 por lo que sobre las 14 podíamos estar en la ciudad.

De nuevo, hemos alterado el orden del vehículo y enviado al fondo a algunos muchachos de mala gana. Miguel se ha sentado con "George", un ingeniero informático que iba a Aleppo a trabajar y regresaba en la tarde. Ha estado ayudándole a situarse y poniéndole al día. Mientras tanto, Areia y yo mirabamos alucinadas la sucesión de restaurantes en la carretera, copias en cartón piedra de la torre de Pisa, casitas con forma de tetera, una torre Eiffel coronando un tejado, norias, cochecitos de choque... una feria desplegada a ambos margenes de la carretera con la intención de atraer comensales.

Por lo demás, el paisaje podría ser Benimuslem, Alfara, Badalona o cualquier rincón de la A7 o del Mediterráneo levantino. Aparte de los carteles ilegibles, tan sólo la arquitectura difiere un poco de nuestra tierra. Casas mayormente de un piso con vistas a un segundo, asustadas y con los "pelos de punta", dejando siempre los pilares y las varillas al descubierto con el deseo de construir algún día un segundo piso. Eso sí, cuando haya dinero o la familia lo envié de lejos.

Eran las 13.15 cuando hemos llegado a Aleppo. George nos ha indicado como llegar, nos ha montado en un bus local e incluso ha pagado el billete. Lo dicho, son increíblemente amables. Nos espera a nuestra vuelta en Homs para tomar un té y enseñarnos la ciudad.

Ni decir tiene que estábamos en medio de la nada, como suele suceder con las estaciones. El bus nos ha dejado en una gran plaza y, más a tientas que a ciegas, y a base de preguntar, nos hemos orientado al centro. Un simpático abuelito que hablaba francés nos ha hecho de guía. Ha resultado que su sobrino regenta un restaurantito en Valencia. No nos ha sabido dar mas detalle, de lo contrario pasaríamos a saludarlo.


El Tourist Hotel, que teníamos recomendado por varias vías, nos ha resultado insulso y caro, por lo que hemos optado por seguir mirando. Hemos recabado en el Spring Flower (esa parece ser la traducción) que tiene una divertida personalidad y un talante mochilero y extrovertido. La mitad de precio, baño dentro y hasta balcón con vistas!!! (unos 12 euros por la triple)

Era ya hora avanzada, teníamos hambre y pocas posibilidades de lanzarnos a la ciudad antigua y abarcarla toda. Nos hemos dirigido al barrio más antiguo de la ciudad nueva, Al Jdeida, donde están también las iglesias de las minorias y algunos de los palacetes más singulares. Una maravilla. No sólo la arquitectura sino también el hecho de que era el mercado de diario. Calles perfectamente definidas por tipos de tienda. Una sectorización extrema, donde los bolsos no se mezclaban con las colchas, ni los abrigos con la sección de regalos. Nos ha maravillado la de ropa interior, con modelitos que hacen palidecer el sex shop más atrevido del mundo occidental. Disfraces de gata, policia, colegiala o diabla, saltos de cama imposibles, transparencias y sugerente linceria que nos ha tenido cautivados durante un buen rato. Ellas, imperturbables, cubiertas de negro de pies a cabeza, apenas mostrando los ojos o a veces ni eso. Yo creo que se cubren especialmente para ir a comprar ese tipo de ropa. Los dependientes, siempre hombres. Las que compran, siempre ellas. Territorio femenino.

Teníamos hambre, y hemos encontrado un chiringuito en medio de la calle que hacía una especie de "calzone" locales, con relleno de queso, jamón (no de cerdo!) y tomate. Esplendidos!! Cuatro de ellos por la friolera de un euro y medio. Nos hemos puesto morados y chorreando...


Se nos ha ido la tarde y la luz perdidos entre las callejuelas de este intrincado barrio, con balconadas de madera, soportes de piedra y pequeños establecimientos que son verdaderas sorpresas cuando traspasas la puerta. Incluso hemos aterrizado en La Caverna, una disco restaurante que está en el subsuelo, una antigua carcel totalmente renovada y escondida. Joyas sin pulir, muy pocas pulidas pero esperando ser disfrutadas.

Agotados, sedientos y con necesidad de descanso, hemos regresado al hotel. Tomamos un té, jugamos a las cartas. Tal vez salgamos a por algo de comer pero creemos que es mejor recomponer el alma. Tenemos por delante nuestra peculiar marathon en Aleppo, mucho que ver y ganas de disfrutarlo.

Besitos!!!! Mañana tenemos un largo día....












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