Los "protas"

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De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

martes, 22 de marzo de 2011

Deambulando por "Halab"

Ni que decir tiene que a veces tratar de ubicar las cosas, de saber lo que comes o de simplemente, saber lo que hay alrededor tuyo, es una total adivinanza. El sentimiento de analfabetismo que te entra cuando no eres capaz de descifrar nada es extremo. Entiendo más que nunca a esos niños pequeños que, por primera vez, empiezan a reconocer las letras y se emocionan al juntar una silaba. El árabe no es fácil, mi memoria flaca y apenas reconozco algunas grafías y soy capaz de juntar algunas letras. El próximo viaje prometo repasar con mas ganas...


Anoche tampoco hubo precios en la cena pero el chiringuito era local, básico y sin pretensiones. De hecho, no había ni carta. El camarero nos ofreció directamente todos los kebabs disponibles: chicken, lamb y shish. Para completar, un hummus ( de garbanzo) y un baba ghanou (de berenjenas) acompañados, como siempre, de pan ácimo. Exquisito. Simple, sabroso y rico, rico. A pesar de no estar previamente etiquetado, el precio era justo y lo pagamos sin rechistar. De postre nos pusieron el partido Real Madrid- Olympic Lyonaisse (creo recordar) emocionados por el hecho de que, seguro, estaríamos entusiasmados. No sé si os he comentado ya la pasión que hay aquí por el fútbol (donde no la hay??) y las peleas por ser del Barca o del R. Madrid. Al final hemos decidido que Miguel es del azul grana, yo de los merengues. Areia dice que ella es del "atleti" y de ahí no la sacan.


La noche ha sido mas cálida que las pasadas. De hecho hoy rondábamos los 25 grados. Un sol espectacular nos ha estado acompañando todos los días y hoy más que nunca pegaba fuerte. Sólo la sombra equilibraba un poco la temperatura. Aún así, el forro siempre nos acompaña, pues en la puesta de sol es necesario abrigarse y andar calentito.

Hemos repetido nuestro desayuno vitamínico con las chiripitiflauticas rellenas de queso fundido. Como viejos conocidos, nos ha saludado el chico y nos ha puesto zumos y batido. Después, hemos decidido perdernos sin rumbo por las bambalinas de Aleppo. Barrios destartalados, callejones estrechos, culs de sac, balcones suicidándose, tejados mirando al vacío, puertas coquetas, rincones coloridos, piedras negras, roca ruda. Niños corriendo, jugando, comiendo helados, ayudando sin queja en casa. Cargando materiales, cosiendo piezas, escondiéndose en los zaguanes, saltando de piedra en piedra. Hoy había una vida especial y, obviamente, no había escuela. Luego nos hemos enterado de que era una fiesta especial para maestros, pues los jueves son lectivos y por eso nos extrañaba tanta pella.


Rodeando la ciudadela por su parte norte, hemos llegado al barrio de los oficios extintos. Escenas que en Europa serían tan sólo un recuerdo de tiempos pasados. Los herreros forjaban las piezas con una naturalidad, una fuerza y una maña incluso para mi desconocida. Areia estaba fascinada, al igual que nosotros que no hemos podido evitar mirarlos abstraídos. Nos han invitado a un té, hemos compartido un buen rato con ellos. Incluso han invitado a la peque a usar el martillo. Era fascinante ver al ritmo que trabajaban, alternando golpes con caladas a los cigarros y sonrisas de bienvenida. Algo mas allá, también los casi desaparecidos carpinteros, sin la fuerza de los yunques, pero con el penetrante olor del serrín recién cortado.


Si en el resto de la ciudad nos hemos sentido casi solos, en estas zonas ver un extranjero es novedad, y la atención y el respeto se unen a coro. Acabamos siempre con gestos de entrega, con sonrisas y con regalos. A veces un caramelo, una chocolatina, un gesto y siempre, siempre, siempre, una sonrisa y un "hello". Hasta el niño mas pequeño ha aprendido a decir "Welcome".


Nos hemos vuelto a perder entre vueltas y giros, buscando el antiguo manicomio, pasando por los aledaños del zoco y atisbando los caravasares (antiguas fondas, paradas para las caravanas), casi todos de la epoca de mamelucos. En uno de ellos nos han llamado la atencion y un chaval joven de apenas 20 años nos ha empezado a recitar el programa de visitas de Juan Carlos I en su estancia de hace 5 años. Nos ha detallado incluso el menú, el palacio donde Sofía montó su fiesta de cumpleaños y nos ha llevado su casa a tomar un té, una estructura de mas de 250 años al fondo de un callejon de fin inesperado.


Mohammed (no es original pero es lo que habia), estudiante de derecho de segundo año, se ha convertido en anfitrión y guia durante unas horas. Nos ha explicado algunos pormenores de la ciudad, hemos discutido incluso de política (lo que se puede en voz baja y mirando por encima del hombro). Al llegar a su hogar, Miguel se ha quedado fuera hasta que sus hermanas se han cubierto. La mayor, casada ya, ha aparecido con la galabiyya de negro. La más joven se ha puesto un simple pañuelo, pero ha mantenido los pantalones rosas y el sueter fucsia, viniendo también a conversar a nuestro lado. Las hemos pillado en día de limpieza, dando buena cuenta de la alfombra. Tapadas ya hasta las orejas les resultaba engorroso trabajar, con lo que han parado la faena.


3 hermanos, 5 hermanas, padres y maridos en la misma casa. Niños también, por supuesto. Los maridos van y vienen. Las hermanas, cuando discuten o tienen morriña, vuelven a casa. Un caos, una familia siempre unida, una casa con mucha vida, ires, venires y gente que pasa.


Hemos intentado ir al manicomio, pero justo aparecía cerrado. La fabrica de jabones estaba abierta pero nadie trabajando. Viendo que era mala hora, nos hemos ido a comer al zoco, a un rinconcito local con algo de carne. En un primer piso con 3 mesas y un ventanuco, hemos pedido el unico plato. Shish kebab (esa especie de salchichas hechas de cordero picado) para 3. EN un plato, bajo capas de pan, yacían 20 piezas provocando. Se nos ha hecho un mundo pero hemos dado buena cuenta, con su tomate, pepinos, perejil, ánimo y mucho hueco. Para rematar, un té. El susto ha venido luego.


La primera discusión que hemos tenido en todo este tiempo. El camarero ha venido con la calculadora senyalando un "1000" con el dedo. Nos hemos quedado a cuadros y en árabe le he dicho que "muy muy caro". Ha mirado con cara de poker y Miguel ha bajado para decir que ni locos pensabamos pagar eso. Ignorándolo por completo pero empezando con el regateo, hemos aceptado pagar unos sensatos 500. Posiblemente más de lo que cuesta, pero al menos un precio justo. Habia carne. Mucha. Pero tambien mucho rostro.


Habíiamos quedado con Mohammed a las 15. Justo la hora del rezo. Mientras el almuhédano cantaba, nos hallabamos frente a la puerta de la vecina. Ella iba a mostrarnos los jabones que confecciona, una de las rarezas y especialidades de Aleppo. Nos había citado para más tarde porque su casa no estaba lista. Era día de limpieza y ella tampoco andaba visible.



Nos ha hecho esperar un poco. Miguel, de nuevo, en la puerta. Al final hemos entrado, bajado un piso, descalzado nuestros pies y esperado con paciencia. Mohammed ha conversado un buen rato con nosotros, el jabón ha venido, también desodorante en barra local. El hijo, tímido y recatado, nos ha servido. No habia té, el azúcar mermaba en casa y parece ser que la dueña se pintaba los labios para vernos. Al final ella nunca ha aparecido. Sospechamos que estaba en la casa de al lado donde se oían los cánticos femeninos de una fiesta pre matrimonio. Eso sí, el jabón nos lo han vendido. Estaremos limpios y olorosos por los siglos de los siglos...


Era la caida del sol. Ya daban casi las cinco. Miguel estaba cansado, algo decaído por el resfriado, agotado y dolorido. Hora de recomponer el cuerpo. Por fin, en Aleppo, hemos encontrado el "karma", pastelerías con té en mesas y sentados. Por idiota que parezca la combinacón es extraña. Aquí esta todo tan sectorizado que encontrar dos cosas juntas a veces es gesta inhumana. Un té caliente y unos pastelitos con miles de pistachos nos han devuelto a la vida.

Hora de ir al hotel, recoger cosas y hacer vía.


La estación de bus de Aleppo esta lejos, pero al coincidir con la oración de puesta de sol, el tráfico estaba fluido. A las 18.30 hemos cogido el bus con direccion a Hama. Camino al sur, ya de vuelta.


Apenas dos horas, una pelicula con tintes del XXI y cierto tono de humor. Esta vez el orden de asientos se ha alterado. Miguel y Areia iban juntos, yo aparte, pues la numeración nos daba hueco junto a una dama. En este caso debía ser yo quien rellenara el vacío. Miguel ha dormitado contra el cristal. Areia y yo hemos comentado los pormenores del film que hemos logrado descifrar parcialmente por el camino.


Estamos situados ya. Arreglado el dia de mañana. Para cenar no podíamos ni pensar el carne. Medio litro de vitaminas cada uno, un té caliente y a la cama. Hama rezuma de actividad, las calles rebosan con gente activa, con ganas de fiesta. Mañana todo estará en calma, día de descanso en esta parte del planeta. Nosotros aprovecharemos para hacer una pequeña excursión por la zona. Esta vez hemos arreglado algo más privado puesto que la combinación de buses no nos permite llegar a la mayoría de los sitios. No madrugaremos, iremos con calma y sin prisas, como suele ser nuestro credo.


Os lo iremos contando... De momento, nos llama el sueño (Areia ha caído detras mío sobre el sofá mientras escribía su diario).


Besos... besos .. y besos!!!!!!!!!!!!






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