Ayer abandonamos nuestro querido Cap Skirring, rincon de paz. Nos despertamos sin prisa pero con la limitacion de un embarque a 60 kms de distancia, lo cual en Africa puede significar desde 90 minutos hasta 8 horas, asi que contando con cierto margen, comenzamos a funcionar a las 9 de la manyana. Habiamos pasado la noche anterior jugando a las cartas hasta altas horas. Areia tenia la fiebre en la sangre y nos tuvo timba tras timba con varias partidas. Mohamed aprendio no solo nuevos juegos (muchos de ellos inventados sobre la marcha y con trampas incluidas) sino los personajes de la Bella y la Bestia (protagonistas de la baraja) Por suerte la globalizacion no lo alcanza todo.
Despues de la cena, saludamos a la comitiva gubernamental, que ya habiamos visto un par de horas antes, una retahila de coches, un sinfin de armas, una ambulancia con el mejor equipamiento, un cortejo digno de un papa y una expectacion reinante en las calles, pudimos saludar- o mas bien intuir- al presidente del gobierno. Senegal esta de elecciones, locales pero son este domingo y el movimiento politico es serio. Nos pusimos bien firmes y hasta nos sacudimos el polvo de los zapatos...
La manyana tenia una tarea clara que a Areia le obsesionaba: volver a ver a los ninyos y poder darles algunas pelotas que desde casa habiamos traido. Mohamed nos estaba esperando, roedeado ya de algunos. Nos fuimos hacia sus casas y en pocos segundos volvia a parecer un arbol de navidad con ninyos colgando. Areia les repartio las pelotas con emocion y ganas: Tubab baloon, tubab baloon!!! gritaban todos los nanos (blanco pelota, vendria a ser una escueta traduccion)
Nos quedamos un buen rato con ellos, mientras tomaban su desayuno con fruicion y rapidez (una especie de masa de maiz que les deja cara, dedos y pelo acartonados) y volvian enseguida a jugar con nosotras. Se hacia la hora de partir y a mi me daba pena dejarlos. Me los hubiera llevado a todos, con sus andrajos, sus mocos, sus pies sucios y su inmensa gracia y ganas de vivir y disfrutar. De algo no carecen y es de libertad para jugar. Aunque ahi se acaban sus dones. Luego lo pagan con otras cosas, pero su inocencia y sus sonrisas no tienen parangon.
Fuimos a tomar un colectivo, nuestros queridos sept place. Mohamed insistio en acompanyarnos, en un intento final de convencernos para quedarnos un tiempo mas en el cabo. LLegamos a Ziguinchor en un tiempo record, poco trafico animal - aunque un perro se salvo por un pelo- y controles comedidos. No eran ni las 13 cuando llegamos a puerto.
EL control de entrada del ferry a Dakar es exhaustivo. EL precedente esta marcado: en el anyo 2002 un ferry naufrago por sobrepeso con mas de 2000 muertos. Obviamente se habian excedido. No cabia un alfiler y lo llenaron hasta los topes. Desde entonces los controles son tales que hasta pesan las maletas particulares.
Con la debida antelacion tomamos nuestra cabina: la suite real, la bautizamos. Una cabina de dos que a ambas nos parecio un autentico lujo. Dos camas individuales; un armario de 4 cuerpos, un bano con ducha para bailar dentro, television, A/C, una ventana con vistas a la puesta de sol y terraza casi exclusiva. Y lo mejor: una salida rapida y un gran acceso al resto del barco. Un chollo visto lo visto.
Antes de partir nos dopamos con anti-mareo (la ultima experiencia de Areia acabo en vomitera) y pasamos 3 horas por el rio Casamance hasta salir a oceano abierto. Atardecia ya. La puesta de sol sobre el Atlantico fue espectacular. Para rematar, cenamos como senyoras y al poco nos fuimos a dormir, agotadas de todas las emociones y deseosas de probar nuestros lujosos lechos.
Aqui llega mi confesion: despues de tanto viaje, tanto mundo y tanto trecho, este trayecto era un reto. Le tengo pavor al barco y un pequenyo trayecto lo sobrellevo pero tenia que hacerlo: pasar la noche en un camarote, dormir mecida por el mar - o aqui por el oceano. He de decir que me preste a acompanyar a Areia en su cama buscando comfort, pero mio no de ella. Necesitaba su cuerpo, su calor, su respiracion para darme calma. Ella cayo pronto pero yo no podia dejar de pensar en las circunstancias. Consegui relajarme despues de un buen rato y opte por irme a mi cama pero de vez en cuando aquel movimiento de casi ingravidad me inquietaba y me dejaba intranquila. Me asomaba a la ventana para ver el oleaje, asegurarme de que no pasaba nada.
AL fin logre dormir y cuando esta manyana sono el despertador estaba hasta relajada. Las ojeras, eso si, me llegaban hasta la rodilla. Si alguien me quiere dar una sorpresa por favor, que no me regale un crucero. Aparte de que nunca les encontre sentido, definitivamente el mar NO es lo mio.
Y asi hemos llegado a Dakar, tierra de caos, polvo y ruido.

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