Se acabo lo bueno. Como todo buen cuento el final es feliz , entre otras cosas, volvemos a casa sanas y salvas (algo torradas, alguna que otra picadura-pero pocas- rascones debidos a los obstaculos inesperados y algo de pena en el alma) y manyana sobre la hora de la siesta estaremos otra vez de nuevo conectadas con el mundo. No tener siquiera cobertura durante unos dias es una terapia que deberiamos probar todos. Mano de santo!!!!!
Hoy nos hemos sumergido en el caos de la capital. Despues de recuperar horas de suenyo a troche y moche, sin limites de extension (la peque se durmio en plena lectura de capitulo) y pierna suelta, nos hemos ido a desayunar como senyoras al Instituto Frances, centro cultural que recae al lado de nuestro centrico hotel, en pleno cogollo dakariano. Un paseo breve por las calles de la capi me ha hecho de nuevo trasladarme a mi epoca de curranta internacional, en la que a diario me movia entre el caos urbano, colandome en edificios gubernamentales, peleando con la cotidianeidad burocratica y soportando excusas intragables. No he podido evitar esbozar una sonrisa de cierta nostalgia. Me va la mala vida...
Las calles de Dakar son como las de cualquier ciudad africana: un caos total, un inmenso mercado donde todo se vende y todo se negocia. La ausencia de clientes tanto locales como foraneos hace la cosa mas complicada y el acoso puede llegar a ser incluso emocional. Sortear vendedores, pediguenyos, tullidos con los que casi te tropiezas, ninyos con tales caras que optas por no mirarles, ancianos con apenas fuerzas para mendigar, decenas de gente hacinadas sobre cartones en las esquinas, listillos al tanto por si puedes picar... La fauna capitolina te hace estar ojo avizor y no te permite un margen de despiste. Pero tambien tiene su gracia, aunque con todo este panorama no lo parezca. Dakar no es, en cambio, para espiritus debiles y con poco aguante, para los que tienen poco estomago y demasiada piedad. El tiempo o la experiencia me han hecho callo y aun asi hay ciertas cosas que siguen alterando mi estado pero prefiero cargarlas a la espalda y no mirar atras.
Hemos decidido salir del centro, tomando la ruta de la Corniche - un equivalente al paseo maritimo, sin paseo pero con mar- que esta en plena construccion. Algo mas de 3 kms hasta llegar al barrio de Soumboudine, una zona eminentemente pesquera y donde se ubica tambien el barrio de los artesanos. Un buen paseo bajo el potente sol (estupendo para una alergia espontanea en el hueco de mis sandalias) que nos ha abierto el apetito para la comida. Hemos recorrido el mercado de Soumboudine, pero ni rastro de un lugarcito apacible para tomar algo.
Los mercados son la vida de cualquier ciudad. Amasijos informes de puestecitos sin orden y concierto, muestran cualquier tipo de fruta, verdura, carne o pescado a discrecion. En ningun caso superarian un control sanitario de los nuestros pero la vida que rezuman y el color -y olor- que emanan compensa la falta de idioneidad. Y cocinado uno ni lo nota, parece que las moscas que antes paseaban hasta le dan sabor!!!
Finalmente hemos encontrado un rinconcito donde nos hemos zampado una gran hamburguesa y un shawarma de escandalo por apenas 3 euros. Un lujazo. Un chollazo.
Mi promesa del dia era ir a Magic Land, un parque tematico para nanos en la zona de Soumboudine. Veiamos la noria desde el restaurante y cuando hemos visto que empezaba a girar, nos hemos puesto en marcha.
No hace falta que detalle los detalles kitch del parque de marras, puesto que es digno de hacerlo en directo, pero entre el mono con cinturon que bailaba al ritmo del "Boom boom boom, I want to be with you, spend the night together tonight until forever" hasta el semi Zeus que presidia el parque, mezclado con decoracion egipcia y atracciones de Star Wars. Un evento digno de presenciar. Estabamos solas. Las familias senegalesas no salen hasta que el sol no baja y eran cerca de las 16. Areia ha disfrutado a placer de las atracciones con paseos individuales y trato de senyorita. Un privilegio. Ella estaba emocionada, yo feliz.
Justo a tiempo para la llegada de las barcas de pesca en la playa de Soumboudine. Decenas de piraguas llegando a la costa y descargando el pescado, que las senegalesas con su peculiar caracter se ponen a vender. Fresco a mas no poder. La pinta, desde luego, era estupenda. El color, mas que especial. Un ambiente increible donde acudiamos totalmente como espectadoras externas. Un trasiego tremendo y casi frenetico, aunque a ritmo de Senegal.
Para cerrar la tarde hemos rematado en el mercado artesanal, donde la falta de clientes se hace notar. El acoso es mayor con la necesidada pero la practica en evitarlos y salir por pies a la vez que sutilmente les dices que no, esta mas que adquirida.
Nos quedan pocas horas. De hecho debatimos entre cenar o irnos directamente a dormir. A las 4 he quedado ya con un taxista para ir al aeropuerto y a las 6.30 estaremos volando destino a Casablanca. A las 15.30 en casa. No dire que no tengo ganas pero unos dias mas para disfrutar de este pais no nos hubieran ido mal.
Senegal tiene mucho que dar.

Victoria:
ResponderEliminarComo siempre, un placer leer tus relatos, llenos de vida y de detalles para la reflexión y la emoción. Areia está hecha una jabata...con una madre así cualquiera no se pone las pilas. He recordado relatos, fotos y vivencias de mis hermanas en el 2002 y algo del África que yo conocí en 1985. Todo tan intenso, tan desesperadamente humano. Veo que lo tuyo no es el mar, je, je,... Nosotros no hemos podido leerte hasta ayer porque por la noche volvimos de la dulce Toscana. Nada que ver con tu experiencia, pero también ha sido mucho más que una breve escapada turística. Y los niños, geniales...se nota que se hacen mayores y que se han acostumbrado al trasiego, aunque sea de baja intensidad.
Nos vemos en el cole. Welcome!
Honorato