Los "protas"

Mi foto
De madre aventurera, hija trotamundos. Una aporta la experiencia, otra el sentido común. La suma de las dos: una serie de vivencias inolvidables y unos recuerdos indelebles.

domingo, 15 de marzo de 2009

Chez Sira

Nuestro primer día en Senegal. Amanecer con olor a salitre, la vista de un aguila merodeando en nuestra alcoba y una playa casi desierta en la agetreada Dakar, con unos cuerpos imposibles, un compendio de manual escolar de fibras y musculos (en su justa medida) practicando "a la Copacabana" sobre un pedazo de arena en contorsiones inusitadas.

Un desayuno frente al mar donde Areia descubrio la mermelada (es lo que tiene no ser nada asidua) y prepararnos para nuestra partida. Negociamos un taxi para la Gare Pompier, de donde partian los taxis (ejem) hacia el sur. De lejos la gare, como cualquier estación africana, parece un desguace inmenso lleno de carroñeros tratando de pillar algo. O mas bien de colocarte desde un par de bananas hasta un pinganillo de movil, pasando por unos calzoncillos largos, una muñeca de plástico, unas gafas de vista o una dentadura postiza. Tus sueños hechos realidad.

Una vez allí, desorientadas por miles de manos y manoseos, montamos en un sept place, un Peugeot tremendamente versátil en el que se agolpan 8 cuerpos de la manera mas agradable posible. 2 delante (un lujo conseguir ser copiloto) ,tres en la segunda fila y tres borregos detras. Esa fue nuestra posición. Insistí en comprar dos asientos, porque querían llenar el anterior con las dos, pero con una sola plaza. Para un viaje de más de 4 horas, prefiero comodidad.

Después de estar sentadas un rato, haciendo amistades con la compañía, salimos de nuevo a ocupar otro coche sin mas explicación. Despues de más de media hora, parecía que por fin partíamos.

A mi lado, una monja congolenya afincada en Gambia.
~ Soy religiosa ~ me dice ella tan cuca con su cofia en la cabeza.
~ No se por que, pero me he percatado...

Charlamos un rato pero me sorprendo cuando de repente, los 120 kilos de mujerona de la segunda me dicen
~ Hablas espanyol?
~Si, soy espanyola, de Valencia.
~ Yo vivo en Sevilla, hace 10 anyos que estoy alli.

Manda narices, me tengo que ir a Senegal para que alguien me diga que vive en la Macarena...

Ya podeis imaginar que el resto del viaje transcurrio entre risas, comentarios, frances, espanyol, wolof y lo que se vino a mano.

Sira~ mi senegalesa y olé~ se ofrecio a darnos cobijo y a mostrarnos tanto su forma de vida como su casa y su familia.

Alla que vamos nosotras!!!!

El viaje se alargo durante mas de 5 horas, a pesar de ser apenas 120 kms. 2 horas para salir del trafico de Dakar, una carretera pesima pero al menos nos dio tiempo a disfrutar de un inmenso bosque de decenas, cientos de baobabs, salpicados de ceibas, mangos, acacias y, como no, pintados con cebues, vacas, cabras, burros, borregos, todos ellos parte de la diversion del camino y de los que dan puntos, como los agujeros (mas bien crateres en toda regla) que sorteamos constatemente. Todo un ejercicio de reflejos. Y el jefe no jugaba con la Nintendo de pequeño...

La llegada a Kaolak en plena tarde (caía el sol a plomo en la hora del sesteo) se sumió en una polvareda constante que parece rodear a la ciudad. Nos pusimos en manos de Sira que, como buena anfitriona, negoció un taxi y nos paseó por las grandes avenidas de la ciudad (dibujada a escuadra y cartabón), mostrándonos las escuelas, edificios públicos y hospitales. Un detalle para casos de necesidad.

Las casas de la ciudad normalmente poseen una sola planta y surgen a los lados de callejones polvorientos sin síntoma de asfalto (que se reserva para las principales). Sira vive en el barrio de Some, a unos 20 minutos del centro a pie. La casa, dos edificios principales formando una "ele", se forma entorno a un patio central, donde hay un pajizo que hace de sombra, un amplio espacio donde bajo la ceiba pasean los animales y una pequeña letrina en una esquina para las urgencias. Perdí la cuenta del número de habitaciones. Tal vez 4 ó 5 puertas en una de las alas, dos en la otra. Una pequeña cocina que apenas era un almacén con cacharros y un baño digno de tal nombre en el ala corta de la morada.

Sira nos ofreció una ducha. Apenas había agua, así que nos ceñimos al cubo y los pozalitos, refrescándonos del viaje y del calor de la tarde. Nos presentó a su madre, postrada sobre la cama recién operada de la cadera, su hermana pequeña, su sobrina, su otra sobrina (una niña de 8 años con parálisis cerebral) y los personajes que iban desfilando por aquel lugar. Acabé perdiendo la cuenta (comprensible, puesto que eran 14 hermanos)

Nos condujeron a nuestros aposentos, una hermosa cama (había dos en la habitación) con sábanas azules, paredes descascarilladas y algunas fotos de la Meca, la nevera de la casa, una mesa y un constante trajín para ir a por agua. Compartimos cuarto con Fatu, la hija de 22, que es costurera y hace boubous (unos discretísimos trajes senegaleses con todo el raso del mundo, volantes, puntillas, mangas de farol y la discreción por montera, siempre, como no, a juego con el tocado y los complementos). Había venido a ver a su madre.

Areia enseguida se puso a jugar con Aeta, una de las niñas de Uma, la otra hermana en España (en Murcia), que llegó algo más tarde y a la que me encantó conocer. Todo un personaje con un español impactante (hasta con acento murciano), un desparpajo tremendo y un volumen superior aún al de su hermana. Una pareja muy muy especial. Uma llegó al entrar la noche, después de 3 días en coche atravesando el estrecho, por la costa de Marruecos, Mauritania y hasta Senegal. Todo un logro (por la vía fácil, nada de dunas y sofisticaciones, claro está) pero algo que parece bastante habitual.

Nos acercamos a un internet café con la idea de comunicarnos socialemente pero, a los 5 minutos de intentar abrir las páginas correspondientes, hubo un corte de luz. Esperamos 20 minutos en la acera, viendo la vida pasar y charlando con los paisanos, pero visto el éxito de nuestra empresa, decidimos regresar. Areia estaba ansiosa por jugar con sus amigos.

Nos esperaba una sorpresa. Teníamos evento social: Un cumpleaños.

A nuestra llegada, Aeta le dio a Areia un sobre de los de "Air Mail" con una chuche alargada. Al parecer, ese era el regalo con el que teníamos que obsequiar al peque homenajeado. Areia lo metió en el sobre y lo dejó junto a una montañita de idénticos presentes en un rinconcito. Más de una veintena de niños bailaban desbocados al ritmo de la música. En la habitación, sillas en los costados, un carrito con una tele y una mesa pequeña tocada con un jarrón de flores de plástico y dos botellas, una de cola y otra de refresco de naranja.

Los nanos estaban intrigados con Areia, se acercaban, la tocaban y saludaban, invitándola a bailar. La timidez le surgió de repente, sintiéndose cohibida y con cierta incomodidad. Me pidió que nos fuéramos. Ante mi negativa, salió a la calle y se fue a casa de Sira de regreso, conmigo detrás.

Superado el trago inicial, le otorgué la función de fotógrafa de la fiesta y pareció encontrar su sitio organizando a los peques y haciéndoles sonreir al unísono (lo cual no era difícil, pues tenían los dientes siempre dispuestos para mostrar). El cumpleañero lucía sus flamantes dos años con unos ojos tan abiertos que parecía no parpadear. Era una troupe fantástica y divertida. Las mamás, entre tanto, nos cuidaban con mimos y sonrisas desmesuradas.

Llegó la hora de soplar. Un platito con un pequeñísimo hojaldre en forma de corazón, un par de galletas y algún pan de gamba decorando alrededor. Dos bujías (velones blancos, de toda la vida) mal clavadas y encendidas y una canción al unísono alrededor. En wolof, francés e inglés. Curioso.

Nos hicimos las fotos oficiales y la mamá salió con pequeñas bolsitas de factura casera que incluían panes de gamba, pipas y algo de maíz. Cada niño recibió una y todos salivaron ante la visión de tales exquisiteces tan poco habituales. Con igual pasión recibieron un vasito de refresco y siguieron bailando al son de la música local.

Areia reparó en la parquedad de las viandas. "¿Qué diferencia más grande con cualquier cumpleaños de España, eh, mamá?". Las obviedades de otro mundo...

Dejamos la fiesta en pleno esplendor para volver a los brazos de Sira y su familia. Para esas horas fue cuando Uma apareció. Charlamos sobre la mala situación económica de ambas en España en estos momentos. Llevan un año ambas con un parón fuerte de trabajo y, de seguir así, se plantean volver a su país y cerrar la aventura europea con pestillo. Pasan el mínimo tiempo fuera, ahorran todo lo que pueden y lo llevan para ayudar a sus familias. Ambas están casadas pero, como dicen, sus maridos no sirven para nada y son totalmente independientes y autosuficientes. Sus hijos permanecen en Senegal, bajo la atenta mirada del resto de la familia.

Sira nos instó para que fuéramos al centro a comprar algo de carne para cenar y nos puso a Fatu como guía y cuidadora. Nos acercamos con un colectivo buscando unos pinchos de cordero y dado que se demoraron bastante en prepararlo, optamos por volver a casa con ellos, compartirlos y tomarlos tranquilamente con la familia al completo. Uma nos comentó que ellos cenaban tan sólo algunos cereales con algo de leche (agua con polvitos, puesto que la leche per se es una rareza), un "porridge" senegalés de dudoso gusto. Al final probaron algo de carne pero el atracón nos lo dimos Areia y yo, con mostaza picante incluida.

Nos quedamos conversando un buen rato, alrededor del lecho maternal, donde las féminas de la familia descansaban cubiertas apenas por un pareo, medio desnudas sin ningún pudor, charlando animadamente, riendo y bromeando, al tiempo que tomaban un zumo de polvitos o apartaban un insecto o algo mayor con toda naturalidad.

Algunos colchones empezaron a surgir como setas, escampados por la zona común, llegando a perder la cuenta de cuántas personas pernoctaban allí esa noche. Areia jugaba con Aeta sin cesar, disfrazándose con pareos, enrollándose en sábanas y dejándose caer sobre la gomaespuma enmedio de risas y jaleo.

Yo me rendí. Las dejé jugando y me despedí de la familia al completo para retirarme bajo la mosquitera a descansar. Al poco rato apareció Areia, dispuesta a acompañarme y tras una historia breve de rigor sobre nuestros personajes temáticos, nos dejamos llevar por el sopor.

Un día completo de emociones, personajes y mucho calor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nos encanta que nos contéis cosas, así que no seáis tímidos...

¿Qué toca hoy?

¿Qué toca hoy?
Lo que nos depare el día (por cierto, ¡son de verdad!)