Después de estar tan sumamente oxigenados, dormimos estupendamente y nos dimos el lujo de no poner el despertador. La fila de hormigas que nos habíamos encontrado al entrar en la habitación se había desvanecido. No les gusto que Miguel las rociara con antimosquitos y habían huido en diversas direcciones. Ellas, que andaban tan ordenadas, que habían llevado a cabo una formacion exquisita con un par de alas abiertas a derecha e izquierda, que habían entrado en los bolsillos de la mochila con verdadera limpieza, sin apenas desparramarse por ningún rincón, habían inundado la bolsa de galletas sin perderse entre las ropas, sin tropezar apenas con los libros y libretas. Y llego un trío de humanos a irrumpir ese maravilloso desfile impoluto... Qué descaro!!!!!
Todavía quedaban grupos de insurgentes tanto en la bolsa del jengibre como en las galletas que todavía paseábamos del avión, pero una vez aislados en la papelera, nuestros equipajes quedaron libres de intrusos (aunque alguno ha ido apareciendo a posteriori por nuestra actual habitación)
El restaurante del resort parecía cerrado y eran casi las 9.30. Teníamos un par de kilómetros hasta el pueblo pero igualmente había que recorrer la distancia para ir a buscar un vehículo que nos llevara de nuevo a KK. Mientras tomábamos nuestros sempiternos "mee goreng", escuchamos unos ruidos que parecían venir de un gong. Al poco, vimos pasar un camión en cuya caja iban sentados media docena de mozos golpeando varios instrumentos de percusión. Tras de ellos, iba un coche con grandes lazos de colores y un todo terreno con la sirena ululando. Nos comentaron que era día de boda. Y, dado el tamaño que tiene Tambunan, posiblemente la mitad del pueblo iba a participar. Como no habíamos recibido la invitación por escrito y dado que nuestras galas distaban de estar listas para la ocasión, pensamos que tampoco valía la pena permanecer mucho más en Tambunan y que, tras llenarnos el panzón, podíamos salir tranquilamente a Kota.
Pactamos con un taxista (el transporte son taxis colectivos de 4 plazas) el precio para regresar. Optamos por pagar las 4 plazas (eran 16 ringgits mas!) pero tener la libertad de poder parar en el centro de rafflesias, un lugar a unos 20 kms donde supuestamente hay información sobre estas increíbles flores (las más grandes del mundo) y tal vez la posibilidad de ver alguna.
Cuando llegamos nos informaron de que había una en flor desde hacia 4 días, aunque era bastante pequeña (solo 35 cms de diámetro!) pero para ir a verla había que pagar 100 ringgits por un guía para que nos la enseñase (25 euros!). Nos pareció un abuso, por lo que le dijimos con nuestra mejor sonrisa que no. Nos lo rebajo a 50 sin pensárselo mucho, pero aun así pensamos que tampoco valía la pena. Pensamos en dar un paseo por la zona, hacer algún pequeño sendero pero nos encontramos con que las vallas estaban cerradas. Esta visto que iba todo sobre pago y con la contratación de un guia acompañante. El centro de información, la exposición y hasta la cantina estaban cerrados. Parecía otra víctima del olvido de esas que redundan por Borneo. Si no estas en la ruta de los agentes de viajes, acabas por no existir...
Llegamos a KK pasadas las 12. Nos pegamos una buena ducha, nos refrescamos un rato y nos pusimos el cerebro de urbanitas en modo "on".
Del mercado filipino quisimos ir al "Night Market". Nos indicaron algo así como "por ahí" y en linea recta desembocamos a una especie de gran patio cubierto con chiringuitos para comer. Todos ellos estaban rodeados de grandes tanques de agua llenos con los peces mas diversos. Era como un gran acuario solo que con un final no tan feliz. Estaba plagado de chinos relamiéndose los bigotes (esos que no tienen!) y apenas algún occidental. Nos llamo la atención un cangrejo ermitaño gigante que jamas habíamos visto, y nos quedamos perplejos al ver que a las gambas las tenían aisladas en botellas de plástico. Empezamos a entender cuando vimos que eran "gambas mantis", por lo que parece algo agresivas, con lo que preferían meterlas en envases de plástico de tamaño medio. A la peque le entro tal angustia de verlas allí dentro, encerradas, que empezó a agobiarse sobremanera. Nos pidió que la sacáramos de allí y le saltaron las lágrimas de ver a todos aquellos bichos esperando su hora con paciencia. Nos dijo que nunca mas en su vida volvería a comer gambas.
Estamos pensando en llevarla a una granja de pollos... o a un criadero de vacas. Creo que al final conseguiremos que se haga vegetariana por convicción.
Resulto que el mercado nocturno estaba justo enfrente. Era un mercadillo como el de Benimaclet, con puestos callejeros de gafas, recuerdos, camisas horteras, ropa interior, piezas de recambio de autos, ... con ambiente malayo, pero nada destacable.
Las emociones urbanas habían sido suficientes. Areia todavía estaban en "shock" y andábamos cansados. Hora de dar el toque de retirada. A prepararse para el domingo.
| Stone fish. Sumamente venenosos. |

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