Hemos volado en un megacacharro de Vietnam Airlines, un B-777-200 con capacidad para mas de 300 personas, todos los lujos del mundo y tamanyo de asiento XXL. UN vuelo de casi dos horas (es casi como ir a París) en el que hemos disfrutado de todo entretenimiento. Un lujazo!
La llegada a CHCM, Ho Chi Ming o Saigon ha sido sobre las 8.30, hemos querido tomar un bus local para ir al centro. Nos hemos hecho entender con el conductor, que tras pegarle casi un pellizco a Miguel en la pata para avisarnos, nos anunciaba el fin de nuestro recorrido. Queríamos tomar el bus hacia Camboya, hacia la capital, Phnom Pehn, y sabíamos que había una zona de donde salían la mayoría, así que las indicaciones y la amabilidad vietnamita, nos han llevado a buen puerto. Justo a tiempo, además, para salir a una hora decente. Hemos comprado el billete y aprovechado para proveernos de algo que comer. A mi se me ha antojado un "bahn", un bocata local con harina de arroz y con el interior de carne y huevo. Sabe mucho mejor de lo que suena y luego hemos ido probando algunas variantes (en Camboya también es un clásico) que están igual de ricas.
Hemos salido a las 10 en un trayecto de 6 horas. Ho Chi Ming seguía igual de caótica, inundada de motocicletas, con un caos tremendo de tráfico pero con ese orden establecido en el que nadie se inmuta.
No puedo contar mucho de la primera parte del viaje, más que ha sido algo "monótona", sobre todo porque tanto Miguel como yo hemos sucumbido y abierto los ojos sólo cuando el revisor nos ha avisado de que habíamos llegado a la frontera. Eran pasadas las 12 cuando realizábamos los trámites en Moc Bai, de forma fácil y ágil, ya que nosotros habíamos entregado los pasaportes, el dinero y prácticamente no hemos tenido más que poner los dedos para dejar las huellas. Por cierto, nos han dejado atónitos con el sistema de seguridad en la frontera camboyana. No lo habíamos visto más que en EEUU (eso de tener que poner las huellas de forma electrónica!!!) y más flipados aún cuando el de la zona de "cuarentena"nos ha puesto un aparatillo en forma de pistola a 10 cms de la garganta, le ha dado un clic y nos ha dicho que estábamos estupendos. No sabemos si es genuino o un numerito pero impresionar, impresiona...
Tras la frontera tocaba una paradita a comer, así que el arroz con verduras y pescado (en mi caso me he tirado por las gambas) no se nos ha podido resistir. Apenas 20 minutos para descansar y estirar las patas, pero tanto la carretera como el vehículo lo hacían todo fácil.
Lo que nos ha llamado poderosamente la atención ha sido que, nada más pasar la aduana camboyana, aparece un "Vegas" peculiar, lleno de casinos y hoteles de lujo que se expanden durante un par de kilómetros. No hemos podido averiguar mucho al respecto, pero intuímos que el juego es ilegal en Vietnam y han puesto decenas de garitos cerca de la frontera para que los vecinos pasen a dejarse los cuartos... El vicio tira mucho!!!
Eran cerca de las 16 cuando llegábamos a Phnom Pehn. El sol estaba bajando ya pero seguía haciendo calor. Cargados con las mochilas (por suerte seguimos siendo escuetos en equipaje) hemos paseado por la capital buscando el hotel que habíamos reservado. Orientados medianamente por el mapa que habíamos conseguido y con alguna ayuda local, hemos llegado al Billabong, un oasis de calma en pleno centro de la capital, con jardines, verde, sombras y hasta piscina!!! Un rincón tranquilo y relajado, sin apenas más sonido que algunos pájaros y algún altavoz sedicioso de una escuela cercana. Una maravilla!!
A todo esto, andábamos sin rieles, la moneda local, con lo que acudir a un cajero parecía prioritario. Lo hemos intentado en varios, pero, estupefactos, nos hemos visto que sólo podíamos sacar dólares. Luego hemos averiguado y entendido que aquí el dolar tiene estátus de moneda oficial. Muchos precios se establecen en la moneda americana, y el riel, aunque existe y es usado en ámbitos más locales, está supeditado al cambio del dólar.
Finalmente sacamos dólares y encontramos lugar donde cambiarlos. Las agencias de viajes lo hace felizmente y con una buena comisión. Pero no estábamos nosotros como para exigir mucho en esos momentos, ya cansados de dar vueltas y con ganas de asentarnos un pelín.
Phnom Pehn (pronunciado Penompen), a pesar de ser la capital de Camboya no tiene la sensación de una megalópolis asíatica, sino de una ciudad media. Cuenta con dos millones de habitantes y, aunque es caótica y - como la gran mayoría de núcleos aquí- carece de aceras para peatones (las hay, pero las usan motos, maniquíes y otros seres diversos), se hace bastante agradable y relajada.
Como es también habitual, las calles están divididas en sectores, en gremios. Una de ellas con miles de farmacias y clínicas dentales. La otra con joyerías. Una más allá con tiendas de moda. Y, como no, la más cercana a la zona del río, con un prostíbulo más otro. El eufemismo de "masajes" no llega a esconder tras las luces y otras pequenyas pistas (nombres como Red Fox, Pussy Cats, Hot Pussy o cosas por el estilo) lo que hay detrás de esos locales donde tanto clientes nacionales como una ristra de extranjeros (lo cual resulta tremendamente penoso) van buscando tras los neones. El tema de la prostitución infantil en este país es muy grave, como el de la explotación de ninyos en general. El papel de la mujer todavía tiene mucho que avanzar y la necesidad económica lleva a muchísimos padres a vender a sus hijas con edades de hasta 9 y 10 anyos entre 50 y 200 dólares (mayor cantidad para las vírgenes, ya que están libres de SIDA y, además, según creencia local, proporcionan vigor al hombre que está con ellas).
Por suerte, unos metros más allá el panorama era un poco más animado y divertido. Decenas de senyoras y algunos jóvenes seguían a un cachas local a ritmo de aerobic en una esquina. Poco más allá otro monitor daba clases de hiphop y unos metros más adelante, otro daba también ejercicios aeróbicos algo más complicados. La zona del margen del río es una zona de deporte y relax por la manyana y entrada la tarde. Una serie de aparatos de gimnasia completan el panorama, junto a ninyos patinando, otros jugando al teto (un deporte local con pelota) y otros haciendo jogging arriba y abajo el paseo...
Tras unas cuantas vueltas y después de cogerle el pulso a la ciudad, queríamos cenar en el mercado central (Psar Thmei) , cerca de nuestro hotel pero al llegar hemos visto que estaba cerrado. Al final hemos visto un chiringuito en la calle que nos ha convencido y nos hemos dado un banquete con arroz frito y ancas de rana por un lado y un plato de "mie hor"con marisco, una mezcla de fideos de arroz y verduras que estaba exquisita.
Para beber tanto aquí como en Vietnam, todos los puestecitos de calle tiene unas jarras de té jazmín, algunos helado, otros naturales, que te puedes ir sirviendo mientras comes. Si quieres algo más exótico, también puedes pedirlo. Nosotros hemos acabado la comida con un batido de mangostán y otro de papaya. Todo un lujazo!! De momento no hemos pisado ningún restaurante, sino que seguimos comiendo en mercados y puestos de calle, con lo que nos conformamos con imaginar lo que comemos, ya que no están de ninguna manera "etiquetados". Siempre es una sorpresa pero, sobre todo, siempre es un placer, porque está todo riquísimo!!!!!!!!!!!!
Cansados y derrotados de andar todo el día de arriba a abajo, caímos muertos en esa cama con sábanas de seda y ventilador apartando malos suenyos de nuestro estupendo Billabong.
Felices suenyos, Camboya!!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nos encanta que nos contéis cosas, así que no seáis tímidos...